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Te Intento en Presente Continuo

6361 palabras

Te Intento en Presente Continuo

Estás parada frente a la ventana de mi depa en la Roma Norte, con el skyline de la Ciudad de México brillando allá abajo como un mar de luces parpadeantes. El aire de la noche entra suave por la rendija, trayendo ese olor a jazmín de los jardines vecinos y un toque de humo de taquerías lejanas. Llevas ese vestido negro ajustado que te marca las curvas como si estuviera pintado sobre tu piel morena, y yo no puedo dejar de mirarte. Chin, qué mujer tan cañón, pienso mientras sirvo dos copas más de mezcal ahumado. La música de Natalia Lafourcade flota bajito, esa rola de Hasta la Raíz que siempre nos pone sentimentales.

Te volteas y me sonríes con esa picardía que me deshace. Eres Ana, la maestra de inglés que conocí en el gym hace tres semanas, con tu acento chilango puro y esas clases privadas donde me corriges la pronunciación como si fuera un juego. "Ven, güey", dices, tomando la copa de mi mano. Nuestros dedos se rozan y sientes esa chispa eléctrica que sube por tu brazo. Te acercas, tu perfume de vainilla y algo más salvaje invade mis sentidos. "¿Sabes qué? Hoy te voy a enseñar algo nuevo", murmuras cerca de mi oído, tu aliento cálido rozando mi piel.

Nos sentamos en el sofá de piel suave, tan cerca que tus muslos rozan los míos. El mezcal quema dulce en la garganta, y charlamos de todo: del pinche tráfico de Insurgentes, de cómo te encanta el pozolito de los domingos en Xochimilco. Pero hay una tensión en el aire, como antes de una tormenta. Tus ojos bajan a mis labios, y yo siento mi pulso acelerarse.

¿Por qué carajos me pones así? Solo con mirarte ya estoy al borde.
Te inclinas un poco, tu escote deja ver el encaje negro de tu brasier, y el calor de tu cuerpo me envuelve como una manta ardiente.

De repente, sueltas una risa juguetona. "Oye, en tus clases de inglés, ¿ya dominas el presente continuo?" Me miras fijo, mordiéndote el labio inferior. "Es para acciones que están pasando ahora mismo. Como... I am looking at you. Estoy mirándote." Tu voz se pone ronca, y extiendes la mano para trazar un dedo por mi brazo. La piel se me eriza al instante. "Try en presente continuo", dices desafiante, con ese guiño que me vuelve loco. "Inténtalo tú. Di algo que estés haciendo ahorita."

Trago saliva, el corazón me late fuerte en el pecho. "I am touching your leg", respondo, y mi mano sube despacio por tu muslo desnudo bajo el vestido. Sientes mis dedos firmes pero tiernos, explorando la suavidad de tu piel, subiendo hasta donde empieza el calor húmedo entre tus piernas. Gimes bajito, un sonido que vibra en mi alma. "Good boy", susurras, y me jalas hacia ti para besarme. Nuestros labios chocan suaves al principio, saboreando el mezcal en la lengua del otro, luego más hambrientos, dientes rozando, lenguas enredándose en un baile salvaje.

La cosa escala rápido. Te subo el vestido por las caderas, tus manos me quitan la camisa con urgencia, uñas arañando mi espalda de forma deliciosa. Huelo tu aroma, ese mix de sudor fresco y excitación que me enloquece. Te recargo contra el sofá, besando tu cuello, lamiendo la sal de tu piel mientras bajas la mano a mi pantalón. "Estás duro como piedra, pendejo", ríes entre jadeos, y me aprietas justo ahí, haciendo que un gemido se me escape. No mames, esto es demasiado bueno.

Te cargo en brazos hasta la cama king size, las sábanas de algodón egipcio crujen bajo nosotros. Te quito el vestido de un tirón, revelando tu cuerpo perfecto: pechos firmes con pezones oscuros ya tiesos, caderas anchas que invitan a perderme en ellas. Tú me desabrochas el cinturón, liberas mi verga palpitante, y la acaricias con mano experta, arriba y abajo, lento para torturarme. Sientes su calor, las venas hinchadas, la gota de precum que brilla en la punta. "Try en presente continuo otra vez", pides con voz entrecortada. "I am stroking you. Estoy mamándote la verga."

Bajas la cabeza y la tomas en tu boca caliente, lengua girando alrededor del glande, succionando con fuerza que me hace arquear la espalda. El sonido húmedo de tu boca, tus labios estirados, el slap slap contra mi piel... todo es puro fuego. Huelo tu cabello, sabor a shampoo de coco mezclado con mi esencia. Mis manos enredadas en tus mechones negros, guiándote suave mientras gimes vibrando sobre mí.

Qué chingón se siente esto, Ana. No pares, carnala.
Te volteo para comerte yo también, en un 69 perfecto. Mi lengua encuentra tu clítoris hinchado, lo lame en círculos, chupa tus labios vaginales jugosos. Saboreas a miel salada, tu flujo empapa mi barbilla. Tus caderas se mueven contra mi cara, gemidos ahogados contra mi polla.

La intensidad sube como la marea en Acapulco. Nos giramos, te pongo de rodillas en la cama, tu culo redondo alzado como ofrenda. Rozas mi verga contra tu entrada mojada, resbalosa, invitándome. "Entra ya, no me hagas rogar", suplicas, y empujo despacio, centímetro a centímetro, sintiendo cómo me aprietas, tus paredes calientes envolviéndome. Estás tan apretada, tan perfecta. Empiezo a moverme, lento primero, el slap de piel contra piel, tus pechos balanceándose, sudor goteando por tu espalda.

Aceleramos, el colchón cruje rítmico, tus gemidos se vuelven gritos: "¡Más duro, cabrón! ¡Dame todo!". Te agarro las caderas, embisto profundo, golpeando ese punto que te hace temblar. Huelo el sexo puro, ese musk animal mezclado con nuestro sudor. Tus uñas en las sábanas, mi boca en tu oreja susurrando "Te estoy cogiendo en presente continuo, Ana. I am fucking you hard". El clímax nos azota como rayo: tú primero, convulsionando, chorros calientes empapando mis bolas, gritando mi nombre. Yo exploto segundos después, llenándote con chorros calientes, pulsando dentro de ti hasta vaciarme.

Colapsamos jadeantes, enredados en sábanas revueltas. Tu cabeza en mi pecho, escuchas mi corazón galopando calmándose. El aire huele a nosotros, a placer consumado. Te acaricio el cabello húmedo, besas mi piel salada. "Eso fue... try en presente continuo perfecto", murmuras riendo suave. Nos quedamos así, en afterglow, con la ciudad zumbando afuera. Mañana será otro día, pero esta noche, este momento, es nuestro eterno presente continuo de deseo cumplido.

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