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Fiebre Sexual de El Tri Alex Lora Seleccion Mexicana

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Fiebre Sexual de El Tri Alex Lora Seleccion Mexicana

El rugido de la multitud en la tele del bar te eriza la piel. Es noche de partido de la Seleccion Mexicana, El Tri contra el enemigo eterno, y el antro en Polanco está a reventar de aficionados con jerseys verdes gritando goles. Tú, con tu camiseta ajustada del Tri que marca tus curvas perfectas, sientes el pulso acelerado no solo por el juego. El aire huele a chelas frías, sudor fresco y ese toque picante de tacos al pastor que alguien pidió en la barra. La música de fondo retumba con Triste Canción de Amor de Alex Lora y El Tri, esa voz ronca que siempre te pone la piel chinita.

Te recargas en la barra, pidiendo otra michelada, cuando lo ves. Alto, moreno, con barba de tres días y una sonrisa pícara que grita wey chingón. Lleva una playera de la Selección Mexicana, pero con el logo de El Tri rockero bordado en el pecho. Sus ojos te barren de arriba abajo, deteniéndose en tus chichis que asoman jugosas bajo la tela.

¿Será fan como yo? Mierda, qué rico se ve, con esos brazos fuertes que seguro abrazan cañón.
Él se acerca, su olor a colonia masculina y cerveza te envuelve como una promesa sucia.

—Órale, nena, ¿también andas con la fiebre del Tri? —te dice con voz grave, como Alex Lora cantando Abuso de Autoridad. Se llama Marco, carnal de un cuate que toca en un tributo a El Tri. Hablan del partido, de cómo Chicharito la va a meter, de los shows legendarios de Alex Lora donde el público se prende como diablos. Cada risa compartida hace que tus muslos se aprieten. Su mano roza tu cintura al pasar un shot de tequila, y sientes el calor de sus dedos a través de tu blusa. El estadio en la pantalla explota en un gol, la gente salta, y él te jala contra su pecho en el push. Su verga semi-dura presiona tu nalga, y un jadeo se te escapa.

Pinche wey, ya me tiene mojadita. La Seleccion Mexicana nunca me había puesto así de caliente.
El medio tiempo llega, la rola de El Tri cambia a Piedras Rodantes, y Marco te invita a bailar pegadito en la pista improvisada. Tus caderas se mueven al ritmo ronco de Alex Lora, su aliento caliente en tu oreja mientras sus manos bajan a tu culo. —Estás cañona, güey. Me traes loco con esa vibra de fan del Tri —murmura, mordisqueando tu lóbulo. El sabor salado de su piel cuando lo besas sabe a victoria, a deseo puro mexicano. La tensión crece con cada roce: sus dedos se cuelan bajo tu falda, rozando el encaje de tu tanga húmeda. Tú le aprietas la paquete por encima del pantalón, sintiendo cómo palpita, dura como el orgullo de la Selección.

El partido reanuda, pero ya nadie les importa. Salen del bar tomados de la mano, el aire fresco de la noche en Reforma les pega como un shot de mezcal. Caminan rápido a su depa en la Roma, riendo de anécdotas de conciertos de El Tri donde Alex Lora hace escupir al público su alma rockera. En el elevador, no aguantan: sus labios devoran los tuyos, lengua juguetona probando el limón y sal de tu boca. ¡Chin! La puerta se abre, entran al penthouse minimalista con vistas al skyline, luces tenues y un poster gigante de la Selección Mexicana en la pared. Él pone play a Las Piedras Rodantes del Amor de Alex Lora, volumen bajo para que sus gemidos lo tapen después.

Esto es mejor que cualquier gol de El Tri. Quiero que me rompa como hurricane en el escenario.
Marco te empuja suave contra la cama king size, sus ojos brillando de lujuria. Se quita la playera, revelando torso tatuado con el águila del Tri y letras de rolas de El Tri. Tú te desabrochas la blusa despacio, dejando que vea tus tetas firmes, pezones duros como piedras rodantes. Él gime, —¡Qué chingaderas, nena! Eres mi trofeo de la Seleccion Mexicana.— Sus manos grandes amasan tus pechos, pulgares girando los botones rosados mientras baja la boca a chuparlos. El sonido húmedo de su lengua lamiendo te hace arquear la espalda, olor a su sudor varonil mezclándose con tu aroma dulce de excitación.

Le bajas el zipper, liberando su verga gruesa, venosa, goteando pre-semen que pruebas con la lengua: salado, adictivo como el grito de gol en el Azteca. —Chúpamela, carnala —te pide, y tú lo haces con ganas, garganta profunda al ritmo de la música de Alex Lora. Él agarra tu pelo, follando tu boca suave, gemidos roncos como el frontman en vivo. Pero quieres más. Te volteas a cuatro patas, nalga en pompa, panocha chorreando. —Métemela ya, pendejo, como si fueras el Tri goleando —le exiges juguetona.

Él se posiciona, la cabeza de su pija rozando tus labios hinchados, untándote jugos. Entra despacio primero, centímetro a centímetro, estirándote delicioso. Sientes cada vena pulsando dentro, llenándote hasta el fondo.

¡Madre santa, qué rico! Más grande que mi orgullo por la Seleccion Mexicana.
Empieza a bombear, lento al principio, el slap-slap de carne contra carne ahogando la rola de fondo. Sus bolas golpean tu clítoris, manos en tus caderas tirando fuerte. Cambian: tú encima, cabalgándolo como jinete en el desierto, tetas rebotando, uñas clavadas en su pecho. Sudor perla sus músculos, gotea a tu piel, mezclándose en charcos calientes. Él te chatea el culo, —¡Así, güera, rómpeme!— mientras pellizca tus pezones.

La intensidad sube como el score del Tri. Te pone contra la pared, una pierna arriba, embistiéndote profundo, su boca en tu cuello mordiendo suave. Hueles su esencia pura, sientes su corazón latiendo contra el tuyo, pulsos sincronizados en frenesí. Tus paredes lo aprietan, orgasmo construyéndose como multitud en el estadio. —¡Me vengo, wey! ¡No pares!—gritas, y explotas: chorros calientes empapando sus huevos, cuerpo temblando en espasmos. Él ruge como Alex Lora en Chavo de Ocho, llenándote de leche espesa, caliente, hasta rebalsar por tus muslos.

Caen enredados en las sábanas revueltas, respiraciones jadeantes calmándose al ritmo de la última rola de El Tri. Su brazo te envuelve protector, dedo trazando tu espina. —Eres la mejor aficionada que he tenido, más chida que cualquier victoria de la Seleccion Mexicana —te susurra, besando tu frente sudada. Tú sonríes, saboreando el afterglow, el olor a sexo y pasión mexicana impregnando el aire.

Esta fiebre de El Tri, Alex Lora y la Seleccion Mexicana no se quita ni con penicillina. Quiero más noches así, puro fuego.
Afuera, la ciudad duerme, pero en su cama, el partido apenas empieza de nuevo.

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