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El Chico Estúpido de Alkaline Trio

6290 palabras

El Chico Estúpido de Alkaline Trio

La noche en el bar de Polanco estaba cargada de ese humo dulce de cigarros electrónicos y risas que se mezclaban con el bajo pesado de la música punk. Yo, Valeria, acababa de pedir un michelada bien fría, el limón chorreando por el vaso helado, cuando de repente sonó esa rola que me transportó directo a mis veintes locos: "Stupid Kid" de Alkaline Trio. El riff de guitarra me erizó la piel, trayéndome recuerdos de fiestas clandestinas en la Condesa, donde bailábamos hasta el amanecer sin pensar en mañana.

Ahí estaba él, recargado en la barra, con una playera negra desteñida de la banda, el pelo revuelto y una sonrisa pendeja que gritaba trouble. Lo miré de reojo mientras Matt Skiba cantaba sobre errores juveniles, y neta, el wey parecía sacado de ese mundo. Nuestras miradas se cruzaron, y sentí un cosquilleo en el estómago, como si el destino me estuviera guiñando el ojo. Me acerqué, fingiendo casualidad.

Órale, wey, Alkaline Trio chingón, ¿no? Esa rola me pone bien loca —le dije, con la voz ronca por el tequila que ya me calentaba las venas.

Él se giró, ojos verdes brillando bajo las luces neón. —Sí, carnala, "Stupid Kid" es la neta. Soy Alex, el chico estúpido que todavía la canta a todo pulmón en la regadera.

Reí, sintiendo el calor de su cuerpo cerca del mío. Olía a colonia fresca mezclada con sudor limpio, ese aroma que te hace querer oler más. Hablamos de shows en el Vive Latino, de cómo la banda nos había marcado en la secundaria, pero sin caer en dramas de morros. Éramos adultos, con jobs chidos y ganas de comernos el mundo... o al menos el uno al otro. La tensión crecía con cada sorbo, cada roce accidental de su brazo contra mi piel desnuda bajo el vestido corto.

¿Qué chingados estoy haciendo? Este pendejo me va a volver loca con esa mirada. Quiero sentir sus manos ya.

Salimos del bar caminando por las calles iluminadas de Polanco, el aire fresco de la noche mexicana besando nuestra piel. Su mano rozó la mía, y la tomé sin pensarlo. Llegamos a mi depa en una torre con vista al skyline, el elevador subiendo lento como una promesa. Apenas cerré la puerta, me empujó suave contra la pared, sus labios encontrando los míos en un beso que sabía a cerveza y deseo puro.

Sus manos bajaron por mi espalda, desabrochando el vestido con dedos temblorosos de anticipación. Lo dejé caer al piso, quedando en lencería negra que contrastaba con mi piel morena. Él se quitó la playera, revelando un torso marcado por horas en el gym, tatuajes punk serpenteando por sus brazos. Lo jalé al sofá, sentándome a horcajadas sobre él, sintiendo su verga dura presionando contra mi panocha a través de la tela.

Eres una chingona, Valeria —murmuró, mordisqueando mi cuello, el aliento caliente enviando chispas por mi espina.

Le respondí besándolo más hondo, mi lengua explorando la suya, saboreando el salado de su boca. Mis tetas rozaban su pecho, pezones endurecidos pidiendo atención. Bajé la mano, desabrochando su jeans, liberando esa verga gruesa y venosa que palpitaba en mi palma. La apreté suave, sintiendo el pulso acelerado, el calor que emanaba como lava.

Nos movimos al cuarto, la cama king size esperándonos con sábanas de algodón egipcio suaves como caricia. Puse Alkaline Trio de fondo en el Spotify, "Stupid Kid" repitiéndose en loop bajo, como banda sonora de nuestra estupidez deliciosa. Me tendí, abriendo las piernas, invitándolo. Él se arrodilló entre ellas, besando mi interior de muslos, el vello púbico rozando su nariz. Su lengua encontró mi clítoris, lamiendo lento al principio, círculos húmedos que me hicieron arquear la espalda.

¡Puta madre, qué rico! Cada lamida es fuego puro, mi concha chorreando jugos que él bebe como sediento.

El sonido de su succionar, chapoteante y obsceno, se mezclaba con mis gemidos ahogados. Introdujo dos dedos, curvándolos justo ahí, en el punto G que me hacía ver estrellas. Mi cuerpo temblaba, caderas moviéndose solas contra su boca. Olía a sexo, a mi excitación almizclada llenando el aire, su sudor goteando en mis piernas.

No aguanté más. Lo jalé arriba, guiando su verga a mi entrada. Entró despacio, centímetro a centímetro, estirándome deliciosamente. Sentí cada vena, cada pulso, llenándome hasta el fondo. Empezamos a follar lento, mirándonos a los ojos, respiraciones entrecortadas sincronizándose.

Más duro, pendejo —le exigí, clavando uñas en su espalda.

Aceleró, embistiéndome con fuerza, la cama crujiendo bajo nosotros. Mis tetas rebotaban con cada choque, sus manos amasándolas, pellizcando pezones hasta doler placer. El slap-slap de piel contra piel, mis jugos lubricando todo, su verga golpeando mi cervix en éxtasis. Volteamos, yo encima ahora, cabalgándolo como reina, mis caderas girando, apretando su polla con mi concha.

Es mío esta noche, este chico estúpido de Alkaline Trio. Lo voy a ordeñar hasta la última gota.

Su mano bajó a mi clítoris, frotando en círculos mientras yo subía y bajaba. La tensión crecía, un nudo en mi vientre apretándose. Grité primero, orgasmo explotando en oleadas, mi concha contrayéndose alrededor de él, jugos salpicando sus bolas. Él gruñó, embistiendo una última vez, llenándome de semen caliente, chorros que sentía palpitar dentro.

Colapsamos, jadeantes, cuerpos pegajosos de sudor y fluidos. Su cabeza en mi pecho, escuchando mi corazón galopante calmarse. Afuera, la ciudad zumbaba indiferente, pero adentro, el mundo era perfecto. Besé su frente, oliendo su pelo mojado.

Qué chido fue eso, wey. Como si "Stupid Kid" nos hubiera predicho —dijo riendo bajito.

Sí, pero no tan estúpido la próxima vez. Quédate —le respondí, acariciando su espalda.

Nos quedamos así, enredados, la música fading out. Mañana sería otro día, con trabajos y rutinas, pero esa noche, el chico estúpido de Alkaline Trio había despertado algo salvaje en mí. Algo que no quería apagar nunca. El afterglow nos envolvía como sábana tibia, promesas susurradas en la penumbra, sabiendo que esto apenas empezaba.

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