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El 572 Tri de Placer

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El 572 Tri de Placer

Tú vas manejando por la carretera costera de Puerto Vallarta, con el viento salado del Pacífico revolviéndote el pelo y el corazón latiéndote como tambor de banda sinaloense. El sol del atardecer pinta el cielo de naranjas y rosas, y en tu celular vibra ese mensaje que te ha tenido mojadita todo el día: "572 tri". Neta, sabes perfecto qué significa. Es la clave de él, tu amante, el wey que te hace perder la cabeza con solo una mirada. Motel Triángulo, cuarto 572. Un lugarcito chido, de esos hoteleros de paso bien perrón, con jacuzzi y luces tenues, nada de tugurios cutres. Aceleras un poquito, sintiendo el calor entre las piernas crecer con cada kilómetro.

Estacionas el vochito en el aparcadero privado, el olor a mar y coco de las palmeras te envuelve mientras caminas hacia la recepción. Das la clave al chavo del mostrador, que te guiña un ojo cómplice sin decir pio. Subes las escaleras de caracol, el sonido de tus tacones resonando como promesas de lo que viene. Tu piel erizada por la brisa, el shortcito ajustado marcándote el culazo que tanto le gusta.

¡Ay, pinche Marco, vas a pagar por hacerme esperar tanto! Pero qué rico se siente esta adrenalina, como si fuera la primera vez.
Llegas a la puerta 572, el "tri" grabado en una plaquita dorada, como un triángulo de deseo. Golpeas suave, tres veces, y la puerta se abre.

Allí está él, Marco, semidesnudo en bata de felpa blanca, su pecho moreno y musculoso brillando bajo la luz ámbar. Huele a su colonia favorita, esa que mezcla sándalo y macho puro, y te jala adentro con un brazo fuerte. "Ven, mi reina", murmura con esa voz ronca que te derrite. Cierras la puerta, el clic del seguro como el inicio de una sinfonía. La habitación es puro lujo: cama king size con sábanas de satén negro, jacuzzi burbujeando en la esquina, velas parpadeando y música de Maná de fondo, suave, sensual. Sus labios chocan con los tuyos al instante, un beso hambriento, lenguas danzando, sabor a menta y tequila en su boca.

Tus manos recorren su espalda, sintiendo los músculos tensos bajo la piel caliente. Él te aprieta contra la pared, su verga ya dura presionando tu vientre a través de la bata. "Te extrañé, chula", dice entre besos, mordisqueándote el lóbulo de la oreja. Tú gimes bajito, el sonido ahogado por su boca. 572 tri, piensas, este código nuestro que significa puro fuego. Le quitas la bata de un jalón, admirando su cuerpo esculpido por horas en el gym, el vello oscuro bajando hasta esa verga gruesa, venosa, lista para ti. Él te levanta en brazos como si no pesaras nada, llevándote a la cama. El colchón se hunde suave, envolviéndote como nubes.

Se tumba encima, besando tu cuello, bajando lento por el escote de tu blusita. Sientes su aliento caliente en los pezones, que se endurecen al instante bajo el encaje del bra. "Quítate todo, déjame verte", ordena juguetón, y tú obedeces, arqueando la espalda para que te ayude. La blusa vuela, el bra sigue, tus tetas liberadas, redondas y firmes, con pezones chocolate que él chupa con hambre.

¡Qué chingón se siente su lengua! Me está volviendo loca, neta, este wey sabe cómo hacerme suya.
Sus manos expertas desabrochan tu short, deslizándolo con el tanga, exponiendo tu panocha depilada, ya brillando de jugos. El olor a excitación nuestra llena el aire, almizclado y dulce.

Marco se arrodilla entre tus piernas, separándolas con ternura. "Mírate, tan rica y mojada por mí", dice, pasando un dedo por tus labios mayores, abriéndolos para lamer despacio. Su lengua plana recorre tu clítoris, círculos lentos que te hacen jadear. El sonido húmedo de su boca chupándote, succionando, meando con tu néctar. Tus caderas se alzan solas, agarrando sus greñas. "¡Sí, así, cabrón! No pares", gritas, la voz entrecortada. Él mete dos dedos gruesos, curvándolos justo en ese punto G que conoce de memoria, bombeando rítmico mientras su lengua no descansa. El placer sube como ola del Pacífico, tensándote los muslos, el vientre contrayéndose.

Pero no te deja correrte aún. Se levanta, sonriente pendejo, y te voltea boca abajo. "Ahora tu culazo, mi amor". Sus manos amasan tus nalgas, separándolas para besar la piel sensible. Un dedo lubricado por tus jugos roza tu ano, masajeando suave, pero hoy quieres más. "Métemela ya, Marco. Te necesito adentro". Él se posiciona, la cabeza de su verga presionando tu entrada, resbalosa. Entra de un empujón lento, centímetro a centímetro, llenándote hasta el fondo.

¡Madre santa, qué grande está! Me estira perfecta, tocando cada rincón.
Empieza a moverse, embestidas profundas, el slap-slap de piel contra piel mezclándose con nuestros gemidos.

Cambian de posición, tú encima ahora, cabalgándolo como reina. Tus tetas rebotan con cada bajada, sus manos guiándote las caderas. Sientes su verga palpitar dentro, rozando tu pared frontal. El sudor nos une, salado en la piel, su olor a hombre sudado volviéndote feral. "¡Córrete para mí, chula! Apriétame", gruñe él, pellizcándote los pezones. Aceleras, el jacuzzi burbujea de fondo como testigo, la música subiendo el ritmo. Tu orgasmo explota primero, un grito ahogado, paredes contrayéndose alrededor de él, jugos chorreando por sus bolas.

Él te voltea de nuevo, misionero intenso, piernas en sus hombros para penetrar más hondo. Sus ojos clavados en los tuyos, conexión pura. "Te amo, weyita", jadea, y eso te prende más. Sus embestidas se vuelven salvajes, el catre crujiendo, tu clítoris frotándose contra su pubis. Siente cómo se hincha, listo para estallar. "¡Dame todo, lléname!", suplicas, y él ruge, clavándose profundo, chorros calientes inundándote, mezclándose con tus jugos. Colapsa sobre ti, pesados, jadeantes, el corazón de él martillando contra tu pecho.

Se deslizan al jacuzzi, el agua caliente burbujeando alrededor de nuestros cuerpos exhaustos. Champaña helada en la orilla, brindamos con risas cansadas. Su mano acaricia tu muslo bajo el agua, suave ahora, tierno. "Ese 572 tri siempre funciona, ¿verdad?", dice guiñando. Tú ríes, besándolo lento.

Esto no es solo sexo, es nuestra conexión, nuestro escape del mundo. Mañana volveré a ser la ejecutiva seria, pero esta noche soy suya, plena.
Salen envueltos en toallas, se visten despacio, robándose besos. Al salir, el aire nocturno fresco, estrellas brillando sobre el mar. Él te acompaña al vocho, un último abrazo largo, promesas susurradas de la próxima clave.

Conduces de regreso, el cuerpo zumbando de satisfacción, sabor a él en la boca, su semen aún goteando lento. El 572 tri queda grabado, no solo en el celular, sino en tu piel, en tu alma. Neta, qué chido es tener esto, puro placer consensual, empoderador, entre adultos que se desean de verdad. Mañana, otro día, pero el recuerdo te mantendrá sonriendo.

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