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Videos XXX Trios Gay que Encienden el Deseo

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Videos XXX Trios Gay que Encienden el Deseo

Estaba solo en mi depa en la Condesa, con el calor de la noche mexicana pegándome en la piel como una promesa de algo chido. La tele grande del salón parpadeaba con el brillo del laptop abierto en la cama king size que compartía con nadie esa noche. Videos XXX trios gay, tecleé en el buscador, sintiendo cómo mi verga ya se ponía dura solo de imaginarlo. Neta, siempre me ha prendido esa vaina: tres weyes bien macizos dándose con todo, sudando, gimiendo, explorando cada rincón del otro. El primer video que saltó fue uno de unos morros gringos, pero yo quería algo más nuestro, con ese sabor latino que te hace sentir el calor en las bolas.

Ahí fue cuando me acordé de Marco y Luis, mis cuates de la uni que ahora andaban en la misma onda. Marco, el alto con tatuajes en los brazos y una sonrisa de pendejo que te derrite; Luis, más chaparrito pero con un culazo que pedía a gritos ser mordido. Les mandé un mensajito por Whats: "Weyes vengan pa cá neta los extraño y tengo algo pa mostrarles". No pasaron ni veinte minutos y ya tocaban la puerta, con chelas en la mano y esa mirada de "qué pedo carnal".

—Órale Alex qué onda —dijo Marco entrando primero, dándome un abrazo que duró un poquito más de lo normal, su pecho duro contra el mío, oliendo a colonia barata y sudor fresco del gym.

Luis se acercó por detrás, palmada en la nalga: —¿Qué traes wey? ¿Fiesta privada?

Los llevé al salón, prendí la tele con el Chromecast y les serví unas chelas frías.

"Miren esto carnales, videos XXX trios gay que encontré, pa inspirarnos"
, les dije con voz ronca, sintiendo el pulso acelerado en la garganta. Me senté en medio del sofá, ellos a mis lados, tan cerca que sus muslos rozaban los míos. El primer video empezó: tres vatos en una playa, besándose con lengua profunda, manos por todos lados. El sonido de las olas mezclado con gemidos bajos me erizó la piel. Marco se removió, su mano casual en mi pierna. Luis tragó saliva, ojos fijos en la pantalla donde uno chupaba verga mientras el otro lamía el culo.

El aire se cargó de ese olor a macho, a hormonas disparadas. Mi verga palpitaba contra el bóxer, y noté que Marco ya tenía bulto. ¿Y si lo hacemos nosotros?, pensé, el corazón latiéndome como tambor en una fiesta de pueblo.

Acto seguido, el video subió de tono: los tres enredados, uno cogiendo al otro mientras el tercero se la meneaba en la cara. Luis soltó un "puta madre qué chido", su mano subiendo por mi muslo sin disimulo. Marco giró la cabeza, me miró con ojos oscuros: —¿Quieres que lo intentemos Alex? Como en los videos XXX trios gay esos.

Sentí un escalofrío delicioso, el vello de los brazos parándose. Asentí, voz entrecortada: —Simón wey, neta muero por ustedes.

La transición fue natural, como si el video nos hubiera dado permiso. Marco se inclinó primero, sus labios carnosos en mi cuello, mordisqueando suave, lengua caliente trazando venas. Olía a menta de su chicle y a piel tostada por el sol. Luis desde el otro lado, mano dentro de mi playera, pellizcando pezones duros como piedras. Sus dedos ásperos, callosos del fut, me volvían loco. Gemí bajito, el sonido ahogado por la boca de Marco que ya buscaba la mía.

Nos besamos con hambre, lenguas enredándose, saliva dulce mezclada con cerveza. Luis no se quedó atrás: desabrochó mi jeans, sacó mi verga tiesa, palpitante, con una gota de pré en la punta. "Qué vergón tan rico carnal", murmuró antes de lamerla de abajo arriba, lento, saboreando cada vena. El calor de su boca me hizo arquear la espalda, el sofá crujiendo bajo nosotros. Marco se quitó la camisa, mostrando pectorales marcados, y yo le chupé un pezón, salado por el sudor, mientras él se menaba la verga enorme contra mi cadera.

Nos paramos, ropa volando por todos lados. Desnudos, piel contra piel en el centro del salón. El video seguía de fondo, gemidos como banda sonora. Marco me empujó suave al sofá, de rodillas, y metió su verga en mi boca. Gorda, venosa, sabor a hombre puro. La chupé ansioso, garganta relajada, mientras Luis se ponía atrás, lengua en mi culo, lamiendo el hoyo con vueltas expertas. El placer era eléctrico, descargas desde la próstata hasta las bolas. Olía a sexo crudo, a lubricante natural de nuestros cuerpos.

—Te voy a abrir wey —gruñó Luis, dedos untados en saliva entrando uno, dos, tres. Me retorcí, placer punzante, interno monólogo gritando

"Más papi, cógeme ya"
. Marco salía y entraba de mi boca, bolas peludas golpeándome la barbilla, jadeos roncos: "Cabrón qué buena chupada das".

Cambiaron posiciones fluidas, como en esos videos XXX trios gay perfectos. Yo en el centro ahora, Marco cogiéndome el culo despacio al principio, centímetro a centímetro, estirándome delicioso. Dolor dulce que se volvía éxtasis cuando tocaba la próstata. Luis en mi boca, verga más delgada pero larga, follándome la garganta. Sudábamos a chorros, cuerpos resbalosos chocando con palmadas húmedas. El salón olía a semen inminente, a testosterona y amor fraternal.

Escalamos: Marco aceleró, embestidas profundas, plaf plaf contra mis nalgas. Luis se meneaba furioso, mano en mis huevos apretando suave. Mi verga goteaba sin tocarla, pulso en las sienes, visión borrosa de placer.

"No aguanto weyes, me vengo"
, balbuceé alrededor de la polla de Luis.

—Juntos carnal —ordenó Marco, voz quebrada.

El clímax nos golpeó como ola en Acapulco. Marco se hundió hasta el fondo, caliente chorro llenándome el culo, gruñendo como animal. Luis explotó en mi boca, leche espesa, salada, tragué todo gimiendo. Mi propia corrida salpicó el sofá, espasmos interminables, piernas temblando. Colapsamos en un enredo sudoroso, respiraciones agitadas, besos suaves post-orgasmo.

El video terminó solo, pantalla negra. Nos quedamos ahí, acariciándonos perezosos. Marco me besó la frente: —¿Grabamos la próxima wey? Pa un video XXX trios gay nuestro.

Luis rio bajito, dedo trazando mi pecho: "Neta sería la neta".

Me sentía completo, deseado, en casa con mis carnales. El deseo inicial se había transformado en algo más profundo, lazos que el sexo afianzaba. Afuera, la ciudad bullía, pero adentro reinaba la paz del afterglow, pieles pegajosas, sonrisas tontas. Quién iba a decir que unos videos XXX trios gay nos unirían así. Cerré los ojos, saboreando el remanente de ellos en mi lengua, listo para lo que viniera.

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