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Bedoyecta Tri Para Que Sirve En La Cama

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Bedoyecta Tri Para Que Sirve En La Cama

Estaba hasta la madre de sentirme como un trapo viejo todo el día. El pinche trabajo en la oficina me chingaba la energía, y cuando llegaba a la casa, lo único que quería era caer muerta en la cama. Mi carnala Lupe, que siempre anda en esas de remedios caseros y suplementos, me vio con cara de zombi una tarde y me dijo: "Órale, prima, ¿ya probaste Bedoyecta Tri? Para que sirve eso, te preguntas? Neta, es como un turbo para el cuerpo, vitaminas B que te levantan el ánimo y te dan pila pa'l desmadre". Le hice caso porque andaba desesperada. Me fui a la farmacia, compré el tri pack, y esa misma noche me apliqué la inyección en el glúteo. Sentí un ardor chingón al principio, como si me hubieran picado unas avispas cabronas, pero después... ay, wey, después vino la magia.

Mi morro, Alex, llegó más tarde con su sonrisa pícara, oliendo a colonia barata y a sudor fresco del gym. Siempre ha sido un vato bien puesto, con esos brazos tatuados que me hacen babear y un culo que no le pide perdón a nadie. Lo saludé con un beso rápido en la boca, pero ya sentía diferente. El corazón me latía como tamborazo en fiesta, y un calorcillo subía desde el estómago hasta las ingles. ¿Qué pedo con esto? pensé, mientras lo veía quitarse la playera, revelando ese pecho moreno y peludo justo como me gusta. La Bedoyecta Tri para que sirve, me repetía en la cabeza, mientras mis ojos se clavaban en sus jeans ajustados. Neta, empezaba a entender.

Nos sentamos en el sofá de la sala, con la tele prendida en una novela bien pendeja que ninguno veía. Él me jaló pa' su lado, su mano grande y callosa rozando mi muslo por encima del shortcito de pijama. Normalmente, me hubiera acurrucado y dormido, pero esa noche... no, wey. Mi piel ardía bajo sus dedos, como si cada roce fuera electricidad pura. Olía su aliento a chicle de menta mezclado con cerveza light de la que traía en la mano. "¿Qué traes hoy tan prendida, mi reina?" me preguntó con esa voz ronca que me derrite. Le contesté con una risita juguetona: "Nada, amor, nomás que tu carnala te recomendó algo chido". No le conté lo de la Bedoyecta todavía; quería ver hasta dónde llegaba esta pinche energía.

La tensión crecía como tormenta en el DF. Sus besos empezaron suaves, labios carnosos presionando los míos, lengua juguetona explorando mi boca con sabor a sal y deseo. Yo respondía con hambre, mordisqueando su labio inferior, mis uñas arañando su espalda desnuda. El sonido de nuestras respiraciones agitadas llenaba la sala, entrecortadas, húmedas. Sentía mi chucha mojándose, un calor líquido que empapaba mis panties de algodón. Él gemía bajito, "Mmm, qué rica estás", mientras su mano subía por mi blusa, pellizcando mis pezones ya duros como piedras. Yo arqueaba la espalda, presionando mis tetas contra su pecho, oliendo el sudor salado que empezaba a perlar su piel.

¿Esto es lo que hace la Bedoyecta Tri? ¿Para que sirve de verdad? No pa' correr maratones, sino pa' follar como diosa toda la noche.

Lo empujé suave hacia atrás, montándome a horcajadas sobre él. Sus ojos brillaban con lujuria, pupilas dilatadas como platos. Desabroché su cinturón con dedos temblorosos de pura adrenalina, liberando su verga dura, gruesa, venosa, que saltó como resorte contra mi vientre. La tomé en la mano, sintiendo su calor pulsante, la piel suave sobre el acero debajo. Él gruñó, "Sí, así, mami", mientras yo la masturbaba lento, subiendo y bajando, untando el pre-semen que brotaba de la punta con mi pulgar. El olor almizclado de su excitación me volvía loca, mezclado con mi propio aroma dulce y pegajoso.

Me quité la blusa de un tirón, dejando mis tetas al aire, oscuras y pesadas, pezones marrones erectos pidiendo atención. Alex se lanzó a mamarlas, chupando fuerte, lamiendo círculos con la lengua áspera. Yo echaba la cabeza pa'trás, gimiendo alto, "¡Ay, cabrón, no pares!". El placer subía en oleadas, desde los pechos hasta el clítoris hinchado que rogaba por roce. Bajé una mano a mi entrepierna, frotándome por encima del short, sintiendo la humedad filtrarse. Él notó y metió la mano también, dedos gruesos separando mis labios, hundiéndose en mi calor resbaladizo. "Estás chorreando, mi amor", murmuró contra mi cuello, mordiendo suave la piel sensible.

La cosa escalaba rápido, pero quería saborear cada segundo. Lo hice pararse, lo llevé de la mano al cuarto, tropezando con la alfombra en el camino, riendo como pendejos. La cama king size nos esperaba con sábanas frescas de algodón egipcio que olían a suavizante de lavanda. Lo tumbé boca arriba, me quité el short y las panties de un jalón, quedando desnuda, mi cuerpo curvilíneo expuesto bajo la luz tenue de la lámpara. Pelo negro largo cayendo sobre hombros, caderas anchas, culo redondo que él adora palmear. Me subí encima, rozando mi chucha mojada contra su verga, lubricándola con mis jugos, torturándolo con slides lentos. Él jadeaba, manos apretando mis nalgas, "Métetela ya, porfa".

Pero no, wey. Primero lo oral. Me deslicé pa'bajo, besando su pecho, lamiendo el ombligo salado, hasta llegar a su paquete. Tomé sus huevos en la boca, chupándolos suave, lengua girando. Luego, la verga: la engullí hasta la garganta, sintiendo cómo palpitaba contra mi paladar. Él se retorcía, "¡Joder, qué chingona eres!", dedos enredados en mi pelo. El sabor salado-musgoso me enloquecía, saliva goteando por los lados. Lo mamé con ritmo, profundo, aspirando, hasta que suplicó misericordia.

Entonces sí, me posicioné, guiando su pija a mi entrada. Bajé despacio, centímetro a centímetro, sintiendo cómo me abría, me llenaba hasta el fondo. "¡Ahhh!" grité los dos al unísono. Empecé a cabalgar, lento al principio, sintiendo cada vena rozando mis paredes internas, mi clítoris frotándose contra su pubis peludo. El sonido era obsceno: carne contra carne, chapoteos húmedos, gemidos roncos. Sudor nos cubría, brillando bajo la luz, olor a sexo puro invadiendo el cuarto. Aceleré, tetas rebotando, uñas clavadas en su pecho. Él empujaba desde abajo, "¡Más fuerte, mi reina!".

El clímax se acercaba como tren desbocado. Cambiamos posiciones: él encima, misionero intenso, piernas mías en sus hombros, penetrando profundo, golpeando mi punto G sin piedad. Sentía el orgasmo construyéndose, útero contrayéndose, placer eléctrico desde los pies hasta la coronilla. "Me vengo, cabrón", chillé, y exploté: chorros de placer, cuerpo convulsionando, visión borrosa. Él siguió bombeando, gruñendo, hasta que se corrió dentro, semen caliente inundándome, pulsos interminables.

Colapsamos, jadeantes, enredados en sábanas empapadas. Su peso sobre mí era delicioso, corazón latiendo contra el mío. Besos suaves, lenguas perezosas. "¿Qué te pasó hoy? Estabas como endemoniada", murmuró riendo. Le conté lo de la Bedoyecta Tri, cómo para que sirve de verdad: no solo energía pa'l día, sino pa' noches como esta, donde el cuerpo despierta y el alma se entrega. Él se carcajeó, "Mañana me aplico una yo, pa' la revancha". Nos quedamos así, piel pegada a piel, olores mezclados, hasta que el sueño nos venció en afterglow perfecto.

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