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Video Trío con Mi Novia

7597 palabras

Video Trío con Mi Novia

Todo empezó una noche cualquiera en mi depa de la Condesa, con Karla recostada en el sillón, su cuerpo curvilíneo envuelto en un shortcito ajustado y una blusita que apenas contenía sus chichis perfectos. Yo, sentado a su lado con una chela fría en la mano, la veía de reojo mientras el aire olía a su perfume dulzón de vainilla mezclado con el humo leve de un porro que acabábamos de fumar. Neta, esta morra me trae loco, pensé, sintiendo cómo mi verga ya empezaba a despertar solo con verla mover las caderas al ritmo de la música ranchera que sonaba bajito en el estéreo.

"Wey, ¿y si probamos algo nuevo?", me dijo de repente, con esa voz ronca que me pone la piel chinita. Sus ojos cafés brillaban con picardía, y se acercó gateando sobre el sillón, rozando su mano por mi muslo. "He estado pensando en un video trío con mi novia, o sea, contigo, yo y alguien más. Imagínate grabándolo pa' verlo después, chingón, ¿no?". Mi corazón dio un brinco, el pulso se me aceleró como si estuviera corriendo una carrera. ¿Un trío? ¿Grabado? La idea me excitaba tanto que sentí el calor subiendo por mi pecho, pero también un nudo de celos en el estómago.

¿Y si se emociona demasiado con el otro? ¿O si sale mal?
, me dije, pero su mano ya estaba sobre mi paquete, masajeando suave, y el olor de su arousal empezaba a filtrarse, ese musk femenino que me volvía loco.

Al final, accedimos. Karla llamó a su cuate Sofía, una chava de Guadalajara que acababa de llegar a la ciudad, alta, con nalgas redondas como melones y labios carnosos que prometían pecados. "Es bien abierta, wey, neta que sí", me aseguró Karla mientras preparábamos la recámara: luces tenues, el celular en un trípode improvisado con libros, sábanas limpias oliendo a suavizante de lavanda. Yo sudaba nervios, el corazón latiéndome en los oídos, pero la anticipación me tenía la verga dura como piedra dentro del bóxer.

Sofía llegó puntual, con un vestidito negro que se pegaba a sus curvas como segunda piel, tacones altos que resonaban en el piso de madera. "¡Hola, carnales!", saludó con acento tapatío, abrazando a Karla con un beso en la boca que duró un segundo de más, y luego a mí, presionando sus tetas suaves contra mi pecho. El aroma de su colonia cítrica invadió el aire, mezclándose con el de Karla. Nos sentamos en la cama, chelas en mano, platicando pendejadas pa' romper el hielo. "Órale, cuéntenme de su fantasía del video trío con mi novia", dijo Sofía riendo, y Karla le explicó todo, detallito a detallito, mientras yo sentía el calor de sus cuerpos a ambos lados, sus muslos rozando los míos.

La tensión creció despacio, como una fogata que se aviva con ramas secas. Karla fue la primera en moverse, inclinándose para besar a Sofía en el cuello, un beso húmedo que hizo que Sofía soltara un gemidito suave, como un suspiro ahogado. Yo las veía, hipnotizado, el sonido de sus lenguas chocando, el chasquido húmedo de saliva. Pinche vista del año, pensé, mi verga palpitando. Karla me jaló hacia ellas, sus labios capturando los míos en un beso salvaje, sabor a chela y menta, mientras Sofía me desabrochaba la camisa, sus uñas raspando mi piel, enviando chispas de placer por mi espina.

Encendí la cámara. "Ya está grabando el video trío con mi novia", anuncié con voz ronca, y ellas sonrieron pícaras. Las luces suaves bañaban sus cuerpos, sombras danzando sobre la piel morena de Karla y el tono canela de Sofía. Se quitaron la ropa lento, como en una película erótica: Karla deslizando su blusa, dejando libres sus chichis firmes con pezones oscuros ya erectos; Sofía bajando su vestido, revelando un tanguita rojo que apenas cubría su panocha depilada. Yo me quité todo de un jalón, mi verga saltando libre, venosa y gruesa, apuntando al techo.

Empezaron entre ellas. Karla se arrodilló frente a Sofía, besando su vientre plano, bajando hasta lamer el encaje del tanga. Sofía arqueó la espalda, gimiendo "¡Ay, wey, qué rico!", el sonido vibrando en la habitación como música prohibida. El olor a excitación femenina llenó el aire, dulce y salado, haciendo que mi boca se hiciera agua. Yo me acerqué, besando a Sofía en la boca mientras Karla le quitaba el tanga, exponiendo sus labios hinchados y húmedos.

Esto es real, pinche paraíso
, rugió mi mente, mientras Sofía me mamaba la verga por primera vez, su lengua girando alrededor de la cabeza, succionando con fuerza, saliva chorreando por mi tronco.

La intensidad subió como el volumen de un estéreo. Karla se unió, lamiendo mis bolas mientras Sofía me chupaba, sus cabezas moviéndose en tándem, labios rozándose. Sentía sus alientos calientes, el roce de sus mejillas, el sabor salado de mi pre-semen en sus lenguas. Luego, las puse a cuatro patas lado a lado, nalgas en alto, panochas relucientes bajo la luz. Metí primero en Karla, mi novia, embistiéndola lento, sintiendo su calor apretado envolviéndome, sus paredes pulsando. "¡Sí, cabrón, así!", gritó ella, mientras Sofía se tocaba, dedos hundiéndose en su humedad con sonidos chapoteantes.

Cambié a Sofía, su coño más flojo pero igual de caliente, oliendo a deseo puro. Karla grababa de cerca ahora, el celular capturando cada embestida, cada gemido. El sudor nos cubría, pieles resbalosas chocando con palmadas rítmicas, el aroma almizclado de sexo impregnando todo. Las hice besarse mientras yo las cogía alternando, mi verga pasando de una a otra, brillando con sus jugos. Karla se corrió primero, temblando, gritando "¡Me vengo, wey!", su panocha contrayéndose como un puño alrededor de mí.

Las puse una sobre la otra, Karla abajo, Sofía arriba, tetas aplastadas, panochas alineadas. Lamí ambas, lengua alternando entre clítoris hinchados, saboreando sus diferencias: Karla salada y espesa, Sofía más dulce, como miel. Ellas se frotaban mutuamente, gemidos fundiéndose en un coro erótico, manos enredadas en mi pelo, jalándome más profundo. Mi verga dolía de necesidad, palpitando al ritmo de sus placeres.

El clímax llegó como una tormenta. Me puse de pie, ellas arrodilladas frente a mí, mamándome a dos lenguas, succionando, lamiendo, ojos clavados en los míos con lujuria pura. Sentí el orgasmo subir desde las bolas, un fuego líquido. "¡Me vengo, putas!", rugí, y exploté, chorros calientes salpicando sus caras, tetas, lenguas extendidas cazando cada gota. Ellas se lamieron mutuamente, limpiándose el semen, besándose con mi esencia en la boca, mientras yo jadeaba, piernas temblando, el mundo girando.

Apagué la cámara, el video trío con mi novia completo, un tesoro digital. Nos derrumbamos en la cama, cuerpos enredados, pieles pegajosas de sudor y fluidos, respiraciones agitadas calmándose poco a poco. Karla se acurrucó en mi pecho, su mano trazando círculos en mi abdomen, oliendo a sexo y satisfacción. "Fue chingón, amor, neta lo mejor", murmuró, besándome suave. Sofía, al otro lado, acariciaba mi muslo. "Vuelvo cuando quieran, carnal".

Al día siguiente, lo vimos juntos, recostados desnudos, riendo y excitándonos de nuevo. El video capturaba todo: los gemidos, los brillos de sudor, las miradas de puro fuego. No hubo celos, solo orgullo y conexión más profunda con Karla.

Esto nos unió más, pinche magia
, pensé, mientras la penetraba otra vez, lento y profundo, sabiendo que nuestra aventura apenas empezaba. El aroma persistía en las sábanas, un recordatorio olfativo de la noche inolvidable.

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