Probando en Gerundio
Tú estás recostada en el sofá de tu departamento en la Condesa, con la lluvia golpeando las ventanas como un ritmo sensual que acelera tu pulso. El aroma a café recién hecho se mezcla con el perfume de Alex, ese gringo alto y musculoso que llevas meses volviéndote loca. Él está sentado a tu lado, con un libro de gramática española abierto en la página del gerundio, frunciendo el ceño mientras murmura ejemplos. Neta, qué pendejo tan sexy, piensas, mordiéndote el labio inferior al ver cómo su camisa se tensa sobre sus pectorales.
¿Por qué no practicamos esto de otra forma, wey? Algo más... corporal.
Alex levanta la vista, sus ojos azules brillando con curiosidad. "How? ¿Cómo?" pregunta con ese acento que te eriza la piel. Tú te acercas, rozando tu muslo contra el suyo, sintiendo el calor que emana de su cuerpo. "Vamos a try en gerundio", le dices juguetona, combinando su inglés con la lección. "Tú describes lo que estamos haciendo, pero en gerundio. Ongoing actions, carnal. Como si el placer no parara nunca."
Él ríe, nervioso pero excitado, y deja el libro a un lado. Sus manos grandes encuentran tus caderas, atrayéndote más cerca. El sonido de la lluvia se intensifica, como un fondo perfecto para lo que viene. Tú sientes su aliento cálido en tu cuello, oliendo a menta y deseo. "Está bien", murmura, "estoy besándote el cuello ahora mismo". Sus labios rozan tu piel, suaves al principio, luego más hambrientos, chupando suavemente hasta que un gemido escapa de tu garganta. El sabor salado de su sudor te invade cuando lames su oreja, y tus dedos se enredan en su cabello rubio, tirando con fuerza juguetona.
La tensión crece despacio, como el calor que sube por tu vientre. Tú lo empujas contra el sofá, montándote a horcajadas sobre él, sintiendo su verga endureciéndose bajo tus nalgas a través de los jeans. "Sigue, Alex, dime qué sientes en gerundio", susurras, mientras tus manos desabotonan su camisa, revelando ese pecho bronceado que tanto te gusta morder. Él jadea: "Estoy endureciéndome por ti, sintiendo tu calor presionándome". Chingado, este wey aprende rápido, piensas, mientras frotas tu panocha contra él, el roce de la tela enviando chispas de placer por tu espina.
Lo besas con furia, lenguas danzando, probando el dulzor de su boca mezclado con el café que tomó hace rato. Tus tetas se aprietan contra su torso desnudo, los pezones endurecidos rozando su piel áspera por el vello rubio. Él gime bajito, un sonido gutural que vibra en tu pecho. "Estoy quitándote la blusa", dice con voz ronca, sus dedos temblorosos desabrochando los botones, exponiendo tu brasier de encaje negro. El aire fresco de la habitación roza tus pechos, erizándolos más, y él no pierde tiempo: "Estoy lamiendo tus tetas, chupando estos pezones duros". Su lengua caliente rodea uno, succionando con fuerza, mientras su mano masajea el otro, pellizcando justo lo suficiente para hacerte arquear la espalda.
Tú estás empapada ya, el olor almizclado de tu excitación llenando el aire junto al suyo, más terroso y masculino. Desabrochas su cinturón, bajando el zipper con urgencia, liberando su verga gruesa y venosa que salta libre, palpitando. La tocas, sintiendo la suavidad de la piel sobre la dureza de acero, el calor que quema tu palma. "Estoy acariciándote la verga, sintiéndola crecer en mi mano", dices tú, imitando su juego, bombeándola despacio mientras él gime más fuerte, sus caderas empujando hacia arriba.
Pero no quieres apresurar el clímax. Lo bajas del sofá al piso alfombrado, donde la luz tenue de la lámpara baña sus cuerpos en tonos ámbar. Tú te arrodillas entre sus piernas, el corazón latiéndote como tambor. "Estoy oliendo tu aroma, probando la punta con mi lengua", anuncias, lamiendo el pre-semen salado que perla en su glande. Él gruñe: "Estoy jadeando, viéndote mamármela tan chido". Tomas más de él en tu boca, chupando con ritmo, la saliva resbalando por tu barbilla, el sonido húmedo de succión mezclándose con la lluvia torrencial afuera. Tus manos masajean sus bolas pesadas, sintiendo cómo se tensan.
Alex no aguanta más y te jala hacia arriba, volteándote con gentileza pero firmeza. "Ahora yo", dice, quitándote los shorts y la tanga de un tirón. Tus nalgas quedan expuestas, redondas y firmes, y él las amasa, separándolas para besar tu coxis. "Estoy lamiéndote la panocha desde atrás, saboreando tu jugo dulce". Su lengua se hunde en ti, lamiendo tu clítoris hinchado, chupando con avidez mientras dos dedos se deslizan dentro, curvándose para tocar ese punto que te hace ver estrellas. Tú gritas, "¡Sí, cabrón, no pares!", el placer construyéndose en olas, tu cuerpo temblando, el olor de sexo impregnando todo.
Esto es lo que necesitaba, esta conexión profunda, él aprendiendo mi idioma con mi cuerpo.
La intensidad sube, tus paredes contrayéndose alrededor de sus dedos, pero él se detiene, queriendo prolongar. Te voltea boca arriba, colocándose entre tus piernas. Sus ojos buscan los tuyos, pidiendo permiso. "Sí, métemela ya", suplicas, y él obedece: "Estoy entrando en ti, sintiendo tu calor apretándome". Su verga te llena centímetro a centímetro, estirándote deliciosamente, el roce de venas contra tus paredes enviando descargas eléctricas. Empieza a moverse despacio, saliendo casi todo y embistiendo profundo, el slap-slap de piel contra piel resonando como música erótica.
Tú envuelves tus piernas alrededor de su cintura, uñas clavándose en su espalda, dejando marcas rojas. "Más fuerte, estoy corriéndome cerca", gimes, y él acelera, sudando, gotas cayendo sobre tus tetas. El ritmo se vuelve frenético, su verga golpeando tu fondo una y otra vez, tu clítoris frotándose contra su pubis. Sientes el orgasmo acercándose, un nudo apretado en tu vientre listo para explotar. "Estoy follando tu panocha mojada, sintiéndote temblar", gruñe él, su voz quebrada.
Explota primero tú, el placer irrumpiendo como un tsunami, paredes pulsando alrededor de él, gritando su nombre mientras ondas de éxtasis recorren cada nervio. Él te sigue segundos después, "Estoy viniéndome dentro de ti", rugiendo, su semen caliente llenándote en chorros potentes. Se derrumban juntos, cuerpos pegajosos de sudor, respiraciones entrecortadas sincronizándose con la lluvia que amaina.
En el afterglow, él te abraza, besando tu frente. "That was amazing, probando en gerundio", murmura riendo. Tú sonríes, trazando círculos en su pecho. Este wey no solo aprende español, aprende a hacerme volar. La noche se extiende perezosa, con promesas de más lecciones, el calor de sus cuerpos un refugio perfecto contra el mundo exterior. El deseo no ha terminado; solo está en gerundio, continuando...