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Bedoyecta Tri Vademecum el Elixir de Nuestra Pasión Salvaje

7538 palabras

Bedoyecta Tri Vademecum el Elixir de Nuestra Pasión Salvaje

Marco se recostó en la cama king size de su departamento en Polanco, el aire acondicionado zumbando suave como un susurro mientras el sol del atardecer se colaba por las cortinas semitransparentes, tiñendo todo de un naranja cálido. Tenía treinta y cinco años, cuerpo atlético de tanto gym y rutinas de CrossFit, pero últimamente el estrés del trabajo en la agencia de publicidad lo tenía hecho un trapo. Sofia, su morra de dos años, preciosa con su piel morena y curvas que lo volvían loco, acababa de llegar de su clase de yoga, oliendo a lavanda y sudor fresco.

Órale, carnal, ¿qué traes ahí? preguntó ella, quitándose el top deportivo y dejando ver sus tetas firmes, pezones ya endurecidos por el roce de la tela. Marco sonrió pícaro, sosteniendo el estuche de Bedoyecta Tri que había comprado en la farmacia esa mañana. En el vademecum que checó en su cel, decía que era un complejo de vitaminas B inyectable, perfecto para combatir la fatiga crónica y recargar energías al instante. Neta, pensó, esto va a ser el pedo para nuestra noche de aniversario. Quería darle a Sofia la follada de su vida, sin cansarse a la mitad como la última vez.

—Mira, mi reina, leí en el Bedoyecta Tri vademecum que esto me va a poner como toro en celo. ¿Me aplicas la chingadera? —le dijo, guiñándole el ojo mientras se bajaba los bóxers, su verga semi erecta ya palpitando ante la vista de ella.

Sofia se rio con esa carcajada ronca que lo ponía a mil. —¡Ay, pendejo! ¿De veras? Bueno, órale, pero si te duele, no llores. —Se acercó, sus caderas meneándose sensual, tomó la jeringa con manos expertas —su carnala era enfermera— y le clavó la aguja en el glúteo. El pinchazo fue rápido, un ardor fugaz seguido de un calor que se extendió por sus venas como fuego líquido. Marco jadeó, sintiendo cómo su pulso se aceleraba, el corazón latiéndole fuerte en el pecho.

Minutos después, la energía lo invadió. Sus músculos se tensaron, la piel le hormigueaba, y una ola de calor subió desde su entrepierna. Sofia lo notó al instante, sus ojos brillando con curiosidad lujuriosa mientras se quitaba el legging, revelando su coño depilado y ya húmedo. —¿Ya sientes el power? murmuró, trepándose a horcajadas sobre él.

El beso empezó suave, labios rozándose como plumas, el sabor salado de su sudor mezclándose con el dulce de su gloss de cereza. Marco la abrazó por la cintura, sus manos grandes explorando la curva de su espalda baja, sintiendo el calor de su piel suave bajo las yemas.

¡Chingado, esto es otro nivel!
pensó, mientras su verga se ponía dura como piedra, presionando contra el monte de Venus de ella. Sofia gimió bajito, un sonido gutural que vibró en su boca, y empezó a frotarse contra él, el olor almizclado de su excitación llenando el cuarto.

La tensión crecía como una tormenta. Marco la volteó con facilidad, gracias a esa fuerza nueva que bullía en él, y le besó el cuello, lamiendo la sal de su piel, mordisqueando el lóbulo de la oreja. —Te voy a comer viva, mi amor —susurró ronco, bajando por su clavícula, deteniéndose en sus tetas. Chupó un pezón, succionando fuerte, el sabor lácteo y salado explotando en su lengua mientras ella arqueaba la espalda, clavándole las uñas en los hombros. ¡Ay, cabrón, sí! gritó Sofia, su voz entrecortada por jadeos.

Pero no quería correrse ya. La Bedoyecta Tri lo tenía en control total, su stamina infinita. La bajó despacio, besando su vientre plano, inhalando el aroma embriagador de su sexo. Separó sus muslos con manos firmes, la lengua hundiéndose en sus pliegues húmedos. Sofia se retorció, el colchón crujiendo bajo ellos, sus gemidos subiendo de tono como una sinfonía erótica. El sabor era adictivo, miel salada y un toque ácido, su clítoris hinchado palpitando contra su lengua experta. La lamió en círculos lentos, luego rápidos, metiendo dos dedos gruesos que curvó justo en su punto G. Ella explotó en segundos, chorros de jugo empapando su barbilla, el cuerpo convulsionando en un orgasmo que la dejó temblando.

Pero esto apenas empieza, se dijo Marco, limpiándose la boca con el dorso de la mano, su verga goteando precum, venas marcadas y lista para más.

Sofia, aún jadeante, lo miró con ojos vidriosos de placer. —¡Eres una bestia hoy, güey! ¿Qué traes en esa sangre? Rio, pero su risa se cortó cuando él la penetró de un solo empujón, su coño apretado envolviéndolo como terciopelo caliente. El sonido de carne contra carne empezó, chapoteos húmedos mezclados con sus gruñidos animales. Marco la embestía profundo, lento al principio, sintiendo cada centímetro de ella contrayéndose alrededor de su polla. El sudor les chorreaba, gotas resbalando por su pecho, el olor a sexo crudo impregnando el aire —sudor, fluidos, feromonas puras.

La volteó a cuatro patas, agarrándola por las caderas, nalgueándola suave para ver cómo la carne morena ondulaba.

¡Qué chingón se siente esto! La Bedoyecta Tri vademecum no mentía, pura energía sexual
, pensó mientras aceleraba, sus bolas golpeando contra su clítoris. Sofia empujaba hacia atrás, pidiendo más, ¡Dame duro, pinche semental! Sus tetas se mecían salvajes, pezones rozando las sábanas frescas. Él metió un dedo en su ano, lubricado por sus jugos, y ella chilló de placer, otro orgasmo building up.

La tensión psicológica también ardía. Marco recordaba sus dudas previas, el miedo a no satisfacerla como antes, pero ahora se sentía invencible, empoderado. Sofia giró la cabeza, sus ojos conectando con los de él en el espejo del clóset —ella a gatas, él dominándola con thrusts potentes—. Ese contacto visual los unió más, un lazo de deseo mutuo, confianza absoluta. —Te amo, mi rey —jadeó ella, y eso lo llevó al borde.

Cambiaron posiciones mil veces: ella encima cabalgándolo como amazona, sus muslos fuertes apretándolo; misionero con piernas en hombros, penetrando tan hondo que tocaba su cervix; de lado, cucharita, besos lentos mientras follaban suave para alargar el éxtasis. Horas parecieron minutos, el reloj marcando la medianoche sin que él flaqueara. El cuarto olía a ellos, a pasión desbordada, el aire pesado y caliente pese al AC.

Finalmente, el clímax se avecinaba. Sofia estaba de rodillas, mamándoselo con furia, garganta profunda, saliva chorreando por su verga mientras él le jalaba el pelo suave. —Córrete en mi boca, amor —rogó ella, ojos suplicantes. Marco no pudo más; la Bedoyecta Tri amplificó todo, y explotó en chorros calientes y espesos, ella tragando ávida, lamiendo cada gota, el sabor salado-amargo de su semen llenándole la boca.

Se derrumbaron exhaustos pero satisfechos, cuerpos entrelazados, piel pegajosa de sudor enfriándose al fin. Sofia apoyó la cabeza en su pecho, escuchando su corazón aún acelerado. —Pinche Bedoyecta Tri vademecum, eso fue épico, murmuró con una sonrisa perezosa, trazando círculos en su abdomen con la uña.

Marco la besó en la frente, oliendo su cabello a shampoo de coco mezclado con sexo. Se sentía completo, no solo físicamente recargado, sino emocionalmente. Habían cruzado un umbral, su conexión más profunda, el deseo mutuo reavivado como nunca. Mientras el sueño los vencía, envueltos en sábanas revueltas, supo que esto era solo el principio. Mañana, quizás otra dosis para repetir la magia.

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