Relatos Salvajes
Inicio Sexo en Grupo Esposa Joven en Trio Ardiente Esposa Joven en Trio Ardiente

Esposa Joven en Trio Ardiente

6922 palabras

Esposa Joven en Trio Ardiente

La noche en nuestro departamento de Polanco estaba cargada de ese calor pegajoso de mayo en la Ciudad de México. El aire olía a jazmín del balcón y a tequila reposado que Marco acababa de abrir. Yo, Ana, la esposa joven de veinticinco pirulos, me sentía como una bomba de relojería lista para explotar. Llevábamos casados dos años y nuestra vida sexual era chida, pero últimamente soñaba con algo más salvaje, algo que nos sacara de la rutina. Marco, mi carnal de veintiocho, con su sonrisa pícara y esos brazos tatuados que me volvían loca, lo sabía todo.

"Neta, Ana, ¿estás segura de invitar a Luis?" me preguntó mientras me ceñía por la cintura, su aliento cálido rozándome el cuello. Su mano grande bajaba despacio por mi espalda, hasta el borde de mi shortcito ajustado. Yo asentí, mordiéndome el labio, sintiendo ya el cosquilleo entre las piernas.

"Órale, güey, si no lo hacemos ahora, ¿cuándo? Es tu mejor amigo, confío en él. Quiero sentirme como en esas novelas eróticas que leo a escondidas."

El timbre sonó como un latido acelerado. Luis entró con su flow de morro regio: alto, moreno, con barba de tres días y una camiseta que marcaba sus pectorales. Traía una botella de mezcal y esa mirada de ya valió que me ponía la piel de gallina.

¿Y si de plano nos lanzamos? ¿Qué se sentirá tener dos vergas duras solo para mí? Soy la esposa joven lista para mi primer trío.

Nos sentamos en el sofá de piel suave, con luces tenues que pintaban sombras juguetonas en las paredes. El mezcal bajaba ardiente por mi garganta, saboreando a humo y tierra oaxaqueña. Hablamos pendejadas al principio: del tráfico en Insurgentes, del pinche América que no levantaba. Pero las miradas se cruzaban, cargadas de promesas. Marco me besó primero, lento, su lengua saboreando mis labios como si fuera la última vez. Sentí sus dedos en mi muslo, subiendo, rozando el encaje de mis panties.

Luis nos veía, su respiración pesada. "¿Puedo unirme, carnal?" preguntó con voz ronca. Marco sonrió y me jaló a su regazo. "Es mi esposa joven en trío, wey. Ven y hazla volar."

Acto uno: la chispa. Mis pechos subían y bajaban con cada roce. El olor a hombre, a sudor fresco y colonia cara, me embriagaba. Luis se acercó, su mano grande en mi mejilla, y me besó con hambre. Dos bocas ahora, dos lenguas danzando. Marco lamía mi cuello mientras Luis chupaba mi oreja, susurrando: "Qué rica estás, Ana, neta una diosa."

Me quitaron la blusa despacio, como desenvolviendo un regalo. Mis tetas saltaron libres, pezones duros como piedras bajo su mirada. Marco los lamió primero, succionando con ese ruido húmedo que me hacía gemir bajito. Luis no se quedó atrás; sus dedos pellizcaban suave, enviando chispas directo a mi clítoris palpitante.

Esto es lo que necesitaba, ser el centro de su mundo.

La tensión crecía como tormenta en el Popo. Me recostaron en el sofá, mis shorts volaron por los aires. El aire fresco besó mi panocha mojada, expuesta, reluciente. Marco se arrodilló entre mis piernas, su aliento caliente anunciando el festín. "Mírate, mi amor, chorreando por nosotros." Su lengua entró en acción, lamiendo lento desde el ano hasta el clítoris, saboreando mis jugos salados y dulces a la vez. Gemí fuerte, arqueando la espalda, el sonido de mi voz rebotando en las paredes.

Luis se desabrochó el pantalón, sacando su verga gruesa, venosa, apuntando al techo. La tomé en mi mano, piel suave sobre acero duro, latiendo contra mi palma. La masturbé despacio, oliendo su almizcle masculino. Marco aceleró, metiendo dos dedos en mi coño apretado, curvándolos justo ahí, en el punto G que me hacía ver estrellas. "¡Ay, cabrón, no pares!" grité, mis caderas bailando solas.

Cambiaron puestos. Luis ahora lamía mi clítoris como un experto, su barba raspando delicioso mis labios mayores. Marco metió su verga en mi boca, saboreando a pre-semen salado. La chupé con ganas, garganta profunda, babeando por las comisuras. El sonido era obsceno: slurps, gemidos, piel contra piel. Mis manos en sus culos firmes, clavando uñas.

"¿Te gusta ser la esposa joven en trío, Ana?" jadeó Marco.
"Neta, sí, fóllenme ya, pendejos, no aguanto."

El clímax del medio acto se armó en la cama king size, sábanas de algodón egipcio arrugándose bajo nosotros. Me puse a cuatro patas, culo en pompa, invitándolos. Marco entró primero por atrás, su verga llenándome hasta el fondo, estirándome con ese dolor-placer que adoro. Golpes rítmicos, plaf plaf, su pelvis chocando mis nalgas, eco en la habitación. Sudor perlando su pecho, goteando en mi espalda.

Luis enfrente, verga en mi boca, follando mi cara suave. Olor a sexo puro: fluidos, sudor, lujuria. Rotamos. Ahora Luis en mi coño, más grueso, abriéndome como nunca. Marco en mi culo –habíamos practicado anal antes, lubricante frío chorreando, entrando centímetro a centímetro. Llenos los dos, me sentía reina, follada por ambos extremos. Gemía ahogada, vibraciones en la verga de Luis.

"¡Qué rico, wey, tu esposa joven en trío es una pinche máquina!" dijo Luis a Marco, quien reía entre jadeos. Intensidad subiendo: más rápido, más hondo. Mis paredes contraídas ordeñándolos, jugos bajando por muslos. Toques en clítoris, pellizcos en pezones. El mundo se reducía a sensaciones: calor abrasador adentro, pulsos acelerados sincronizados, olores embriagadores.

El orgasmo me golpeó como camión en Periférico. Grité, cuerpo temblando, coño y culo apretando vergas como vicios. Ellos no tardaron: Luis se corrió primero, chorros calientes pintando mi útero, gritando mi nombre. Marco sacó, eyaculando en mi espalda, semen tibio resbalando como lava.

Caímos en madeja sudorosa, respiraciones entrecortadas. El afterglow era puro éxtasis: pieles pegajosas, besos suaves, risas roncas. Marco me acurrucó, Luis acariciando mi pelo revuelto. "¿Y entonces, mi amor?" murmuró Marco, besando mi frente húmeda.

"Fue chido, neta inolvidable. Pero esto queda entre nosotros, ¿eh?" respondí, sintiendo su semen secándose en mi piel, recordatorio delicioso.

Luis se vistió con calma, prometiendo repetir. "Eres la esposa más caliente, Ana." La puerta cerró con clic suave. Marco y yo nos enredamos solos ahora, su mano bajando de nuevo.

La esposa joven en trío había despertado una bestia en mí. Mañana, ¿quién sabe? Pero esta noche, soy suya, completamente satisfecha.

El amanecer tiñó las cortinas de rosa, oliendo a sexo y promesas. Nos dormimos pegados, corazones latiendo al unísono, listos para lo que venga.

Contenido Adulto

Este sitio web contiene material explícito y relatos eróticos destinados exclusivamente a adultos. Debes tener al menos 18 años para acceder a relatossalvajes.cc.

Al ingresar, aceptas nuestros términos de servicio y confirmas que resides en una jurisdicción donde el consumo de este material es legal.