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Deseos en las Peliculas de Lars von Trier

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Deseos en las Peliculas de Lars von Trier

Estaba sola en mi depa de la Condesa, con el calor de la noche de México City pegándome en la piel como una promesa sucia. Marco, mi carnal del alma, llegó con una botella de mezcal y esa mirada que me dice esta noche la armamos. "Wey, ¿has visto las películas de Lars von Trier?", me soltó mientras sacaba el laptop. Neta, no las conocía bien, pero algo en su voz ronca me erizó la nuca. "Son cabronas, intensas, con un erotismo que te revuelve las tripas", agregó, y yo sentí un cosquilleo entre las piernas solo de imaginarlo.

Nos echamos en el sillón de terciopelo rojo, el aire cargado del olor a incienso de jazmín que siempre prendo pa' ambientar. Él puso la primera, Anticristo, y desde los primeros frames, el bosque oscuro en la pantalla me envolvió. La piel pálida de los actores brillaba con sudor, los gemidos bajos como un trueno lejano retumbaban en los speakers. Marco se acercó, su aliento caliente en mi oreja. "Mira cómo se tocan, Ana, sin pudor". Su mano rozó mi muslo desnudo bajo la falda corta, y yo apreté las piernas, sintiendo ya la humedad traicionera.

En la película, el dolor y el placer se mezclaban como tequila con limón, y yo no podía dejar de pensar en cómo Marco me había follado la semana pasada, sus dedos hundiéndose en mí hasta hacerme gritar.

¿Por qué estas películas de Lars von Trier me prenden tanto? Es como si el director supiera de mis fantasías más oscuras, las que no le cuento ni a mi mejor amiga.
Su dedo trazó círculos lentos en mi piel, subiendo despacio, y el roce era eléctrico, como chispas en la piel arrepiada. Olía a su colonia mezclado con el sudor fresco, y yo lamí mis labios, saboreando el salado de la anticipación.

Apagamos la luz, solo el brillo azulado de la pantalla iluminando nuestros cuerpos. Pasamos a Ninfómana, y ahí sí, la cosa se puso heavy. Charlotte Gainsbourg gimiendo, cuerpos retorcidos en éxtasis crudo. Marco jadeaba bajito, su verga ya dura presionando contra mi cadera. "Neta, estas películas de Lars von Trier son puro fuego", murmuró, y su boca capturó la mía. El beso fue hambriento, lenguas enredadas con sabor a mezcal ahumado, sus dientes mordisqueando mi labio inferior hasta que gimí contra él.

Mi mano bajó a su pantalón, sintiendo el bulto palpitante bajo la tela. Lo saqué, pesada y caliente en mi palma, la piel suave como terciopelo sobre acero. Él gruñó, un sonido gutural que vibró en mi pecho, y sus dedos se colaron en mis panties, encontrándome empapada. "Estás chorreando, mi reina", dijo con esa voz juguetona, y yo reí nerviosa, el corazón latiéndome como tambor en fiesta. El sonido de la película seguía: carne chocando, susurros sucios en danés subtitulado, pero ya no veíamos nada. Solo sentíamos.

Me quitó la blusa con urgencia, exponiendo mis tetas al aire fresco. Sus labios bajaron, chupando un pezón endurecido, la lengua girando en círculos que me arquearon la espalda. Olía a mi propia excitación, ese aroma almizclado que llena la habitación, y el calor de su boca era un incendio. Quiero que me rompa, pensé, mientras mis uñas se clavaban en su espalda musculosa, sintiendo los tendones tensos bajo la piel morena. Él deslizó mis panties, y yo abrí las piernas, invitándolo con un gemido que salió ronco, como de perra en celo.

Pero no entró aún. No, Marco sabe jugar. Sus dedos exploraron primero, dos adentro, curvándose justo en ese punto que me hace ver estrellas. El sonido era obsceno: chapoteo húmedo mezclándose con nuestros jadeos y los de la pantalla. "Dime qué quieres, Ana", exigió, y yo balbuceé: "Tu verga, pendejo, métemela ya". Él rio, ese sonido grave que me derrite, y lamió mi cuello, saboreando el sudor salado mientras sus dedos aceleraban, el pulgar frotando mi clítoris hinchado.

La tensión crecía como tormenta en el Popo, mi cuerpo temblando, los músculos apretándose alrededor de él. En la película, la ninfómana narraba sus aventuras, y yo me veía en ella, liberada, sin cadenas. Marco se arrodilló entre mis piernas, su aliento caliente en mi coño antes de hundir la lengua. Sabor a miel y sal, pensó él después, pero yo solo sentía explosiones: la aspereza de su barba raspando mis muslos internos, el calor húmedo succionando, lamiendo sin piedad. Grité, el orgasmo rompiéndome como ola en Acapulco, el cuerpo convulsionando, el olor a sexo impregnando todo.

Aún temblando, lo jalé hacia mí. "Ahora tú, cabrón". Lo monté, su verga deslizándose adentro como llave en cerradura perfecta, llenándome hasta el fondo. El estiramiento ardía delicioso, y empecé a moverme, caderas girando en círculos lentos al principio. Su piel contra la mía era fuego, sudor resbalando entre nosotros, el slap-slap de carne contra carne ahogando la película. Él agarró mis nalgas, guiándome más rápido, sus ojos clavados en los míos, oscuros de deseo puro.

"Eres mi puta favorita", gruñó, y yo reí, empoderada, rebotando más fuerte. Sentía cada vena de su verga pulsando dentro, rozando paredes sensibles, el placer acumulándose otra vez. El cuarto olía a nosotros: sexo crudo, mezcal derramado, piel caliente. Sus manos subieron a mis tetas, pellizcando pezones, y yo aceleré, perdida en el ritmo, el corazón tronando en oídos, gemidos saliendo sin control. "Me vengo, Ana, carajo", jadeó él, y su calor explotó adentro, empujándome al borde. Grité su nombre, el segundo orgasmo partiéndome en dos, piernas temblando alrededor de su cintura.

Colapsamos, enredados, la película pausada en un frame de éxtasis congelado. Su semen goteaba entre mis piernas, cálido y pegajoso, y yo lo besé lento, saboreando el afterglow. El pecho de Marco subía y bajaba contra el mío, corazones sincronizados. "Esas películas de Lars von Trier nos armaron buena, ¿verdad?", susurró, y yo asentí, riendo bajito.

Quién iba a decir que unas películas tan raras me harían sentir tan viva, tan deseada.

Nos quedamos así, pieles pegadas, el aire enfriándose poco a poco. Afuera, el bullicio de la ciudad seguía, pero adentro solo paz y satisfacción. Marco me acarició el cabello, y yo supe que esto era más que sexo: era conexión, fuego avivado por esas imágenes provocadoras. Mañana veríamos otra, prometí en silencio, pero por ahora, solo éramos nosotros, exhaustos y felices en nuestro nido de pasión.

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