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Birman y el Trio Galaxia en Fuego Estelar

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Birman y el Trio Galaxia en Fuego Estelar

La noche en el antro de la Condesa estaba que ardía. Las luces neón parpadeaban como estrellas locas, y el bajo retumbaba en mi pecho como si quisiera salírseme el corazón. Yo, Birman, había llegado solo, con una chela en la mano, buscando distraerme del pinche estrés del trabajo. Pero neta, no esperaba que esa noche cambiara todo. Sobre el escenario, el Trío Galaxia se movía como diosas del espacio, tres morras que hipnotizaban a todo el mundo con sus curvas y sus voces roncas.

Luna, la líder, con su pelo negro largo hasta la cintura y un vestido plateado que se pegaba a sus chichis perfectas como segunda piel. Estrella, la rubia explosiva, meneando el culo en shorts de cuero que apenas cubrían nada, y Nova, la morena de ojos verdes, con labios carnosos que prometían pecados. Cantaban su hit "Fuego Estelar", y cada nota era un roce eléctrico. Olía a sudor mezclado con perfume dulce, y el aire estaba cargado de deseo. Me quedé clavado, sintiendo cómo mi verga se ponía tiesa solo de verlas girar, sus pieles brillando bajo las luces.

Estas chavas no son de este mundo, wey. Parecen salidas de una galaxia lejana, listas para follarte el alma.

Al final del show, el público enloqueció. Yo aplaudí como pendejo, y de repente, una morra del staff me pasa un pase para backstage. ¡Órale! Corazón latiendo a mil, subí las escaleras. Ahí estaban ellas, sudadas, riendo, con botellas de tequila en la mano. Luna me vio primero, sus ojos oscuros clavándose en mí como láseres.

Oye, guapo, ¿vienes a felicitarnos o qué? —dijo con esa voz grave que me erizó la piel.

Neta, chicas, Birman y el Trío Galaxia acaban de partirme la madre. Son lo máximo —respondí, tratando de sonar cool, pero mi voz salió ronca.

Estrella se acercó, su aliento a tequila rozándome la oreja. —Entonces quédate, Birman. Vamos a celebrar. Nova me guiñó un ojo, y sentí su mano rozar mi brazo, suave como seda caliente. El cuarto olía a sus cuerpos: un mix de sudor salado, perfume floral y algo más primitivo, como almizcle de hembras en celo.

Nos sentamos en un sofá viejo, pero cómodo. Charla va, charla viene, shots de tequila que quemaban la garganta y aflojaban todo. Luna se recargó en mi hombro, su chichi presionando mi brazo. —Cuéntanos de ti, Birman. ¿Qué te prende? —preguntó Nova, lamiéndose los labios.

Yo, con el pulso acelerado, confesé: —Verlas a ustedes allá arriba, meneándose así. Me dieron ganas de comérmelas vivas. Rieron, pero no de burla, sino de complicidad. Estrella se paró y bailó lento frente a mí, sus caderas ondulando al ritmo de la música que aún se oía de fondo. Extendí la mano, la jalé hacia mí. Sus labios encontraron los míos, su lengua dulce invadiendo mi boca, saboreando a tequila y fresas.

La tensión crecía como una tormenta. Luna se unió, besándome el cuello, sus uñas arañando suave mi pecho por debajo de la camisa. Nova desabrochó mi jeans, sus dedos fríos rozando mi verga ya dura como piedra. Qué chingón, pensé, el corazón martilleando, la piel ardiendo donde me tocaban.

Esto no puede ser real. Tres diosas tocándome, oliendo su calor, sintiendo sus alientos jadeantes. Voy a explotar.

Las llevé al colchón en la esquina del cuarto, improvisado pero perfecto. Ropa volando: mi camisa rasgada, sus vestidos cayendo como piel de serpiente. Luna encima de mí, sus tetas firmes rebotando mientras me montaba la cara, su panocha mojada goteando en mi lengua. Sabía a sal y miel, qué rico, lamí despacio, sintiendo sus muslos temblar, su clítoris hinchado pulsando. Estrella chupaba mi verga, su boca caliente envolviéndome, lengua girando en la cabeza, succionando como si quisiera sacarme el alma. Nova besaba mi pecho, mordisqueando pezones, sus uñas en mi culo apretando.

¡Ay, wey, qué buena lengua tienes! —gimió Luna, moliéndose contra mi boca, su jugo empapándome la barba. El cuarto se llenó de sonidos: chupadas húmedas, gemidos roncos, piel chocando. Olía a sexo puro, ese aroma espeso de arrepentimiento cero.

Cambiaron posiciones, escalando el fuego. Estrella se sentó en mi verga, despacio, su concha apretada tragándomela entera. ¡Madre mía! Caliente, resbalosa, contrayéndose alrededor. Nova se recargó en la pared, yo la penetré de pie, fuerte, sintiendo sus paredes palpitar, sus gritos ahogados. Luna se masturbaba viéndonos, dedos hundidos, ojos vidriosos de lujuria.

Más duro, Birman, cógenos como en la galaxia —suplicó Estrella, sus uñas en mi espalda dejando marcas rojas. Sudor chorreaba, pegajoso, salado en mi lengua cuando lamí su cuello. El ritmo aceleró, cuerpos chocando con palmadas húmedas, respiraciones entrecortadas. Mi verga hinchada, bolas tensas, el orgasmo construyéndose como supernova.

No aguanto más. Estas morras me van a matar de placer, y qué chido morir así.

Nova se corrió primero, su concha convulsionando, gritando ¡Sí, cabrón!, jugos chorreando por mis muslos. Luna la siguió, frotándose contra mi muslo hasta explotar, temblando como hoja. Estrella cabalgó más rápido, sus chichis saltando, y yo no pude más: eyaculé dentro de ella, chorros calientes llenándola, mi cuerpo convulsionando en éxtasis puro. Ella se vino conmigo, apretándome hasta dejarme seco.

Caímos enredados, jadeando, pieles pegajosas de sudor y fluidos. El aire olía a clímax, espeso y satisfactorio. Luna me besó suave, Estrella acurrucada en mi pecho, Nova acariciando mi pelo.

Qué noche, Birman. El Trío Galaxia te debe una —dijo Luna, riendo bajito.

Yo, exhausto pero flotando, respondí: —Chicas, esto fue de otro planeta. Vuelvo cuando quieran.

Nos quedamos así un rato, charlando pendejadas, riendo del antro abajo aún prendido. Al amanecer, nos vestimos con besos lentos, promesas de más Birman y el Trío Galaxia en privado. Salí al sol de la Condesa, piernas flojas, sonrisa pendeja, sabiendo que esa galaxia de placer me había marcado para siempre. Neta, la vida puede ser chida cuando menos te lo esperas.

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