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Trío Ardiente 2 Mujeres 1 Hombre

6821 palabras

Trío Ardiente 2 Mujeres 1 Hombre

La noche en Puerto Vallarta estaba caliente como el infierno, con el mar susurrando olas perezosas contra la arena y el aire cargado de sal y ron. Yo, Marco, un wey de treinta tacos que trabaja en una agencia de viajes, había llegado a esa fiesta en la casa de playa de unos cuates para desconectar del pinche estrés de la CDMX. La música reggaetón retumbaba, cuerpos sudados se movían al ritmo, y el olor a coco y protector solar me tenía ya con la verga medio parada.

Ahí las vi: Sofía y Camila, dos morras que quitaban el hipo. Sofía, con su piel morena brillando bajo las luces de neón, curvas de infarto en ese vestido rojo ceñido que apenas contenía sus chichis grandes y firmes. Camila, su prima, más delgada pero con un culo que parecía esculpido por los dioses, pelo negro largo y ojos verdes que te taladraban el alma. Estaban bailando pegaditas, riendo, con shots de tequila en la mano. Neta, desde que las eché el ojo, sentí un cosquilleo en el estómago, como si el destino me estuviera guiando hacia un trío 2 mujeres 1 hombre de esos que solo pasan en las pornoventas.

¿Qué chingados estoy pensando? Dos mamacitas así no se fijan en un pendejo como yo. Pero órale, si no intento, me quedo con las ganas toda la vida.

Me acerqué con una cerveza en la mano, fingiendo casualidad. "Qué tal, chulas, ¿me invitan a unirme al baile o qué?" Sofía me miró de arriba abajo, lamiéndose los labios pintados de rojo. "¡Claro, guapo! Soy Sofía, ella es Camila. ¿Y tú?" Le conté mi rollo mientras bailábamos, sus cuerpos rozándome, el sudor de sus pieles mezclándose con el mío. Camila me susurró al oído: "Estás bien rico, Marco. ¿Has pensado en un trío 2 mujeres 1 hombre?" Su aliento caliente me erizó la piel, y su mano rozó mi paquete disimuladamente. Sentí la verga endurecerse al instante, latiendo contra mis shorts.

La tensión crecía con cada shot. Hablamos de todo: de la playa, de la vida loca en Vallarta, de fantasías. Sofía confesó que siempre había querido probar algo así, con su prima, un wey que las volviera locas a las dos. "Neta, Marco, tú nos gustas. ¿Te late?" Mi corazón tronaba como tambor. Esto no puede ser real, pensé, pero el olor de sus perfumes mezclados con feromonas me nublaba la razón.

Nos escabullimos a una de las recámaras de la casa, lejos del ruido. La puerta se cerró con un clic que sonó como promesa. La habitación olía a sábanas frescas y mar, con una cama king size iluminada por la luna filtrándose por las cortinas. Sofía me empujó contra la pared, besándome con hambre, su lengua dulce de tequila invadiendo mi boca. Camila se pegó por detrás, mordisqueándome el cuello, sus uñas arañando mi espalda. "Desnúdate, cabrón", murmuró Sofía, quitándose el vestido. Sus chichis saltaron libres, pezones oscuros y duros como piedras.

Mierda, esto es mejor que cualquier sueño. Sus pieles tan suaves, calientes, listas para mí.

Me quité la ropa rápido, mi verga saltando erecta, venosa y palpitante. Camila se arrodilló primero, lamiendo la punta con su lengua juguetona, saboreando el precum salado. "Mmm, qué rica verga tienes, wey", dijo, mientras Sofía me chupaba los huevos, succionando con fuerza. El sonido de sus bocas húmedas, los gemidos ahogados, el slap de sus labios contra mi piel... todo me volvía loco. Las subí a la cama, besando sus cuerpos. Sofía tenía un sabor a sal y miel en sus chichis, mordí sus pezones hasta que arqueó la espalda gimiendo "¡Ay, sí, pendejo, así!". Camila olía a vainilla y excitación, su panocha depilada chorreando jugos cuando metí dos dedos, curvándolos para tocar su punto G. "¡Marco, no pares, cabrón!", jadeó, sus caderas moviéndose contra mi mano.

La cosa escaló. Las puse de rodillas, una al lado de la otra, culos en pompa. Lamí sus panochas alternando: Sofía más jugosa, con labios carnosos que se abrían como flor; Camila más apretada, clítoris hinchado palpitando bajo mi lengua. Sus gemidos se mezclaban, "¡Chúpame más!", "¡Qué chido, wey!", el cuarto lleno de sus jugos y mi saliva. Mi verga dolía de ganas. Sofía se giró: "Cógeme primero". La penetré de una, su coño caliente envolviéndome como guante de terciopelo húmedo. Empujé lento al principio, sintiendo cada centímetro, sus paredes contrayéndose. Camila se masturbaba viéndonos, metiéndose los dedos, gimiendo.

Esto es el paraíso, dos mujeres entregadas, sus cuerpos temblando por mí. Cambié a Camila, su entrada más estrecha me apretó tanto que casi me corro. "¡Duro, Marco, rómpeme!", gritó. Las cogí en misionero, luego de lado, turnándome. Sofía montó mi cara mientras cogía a Camila, su culo rebotando contra mi pelvis, slap-slap-slap resonando. El olor a sexo era espeso, sudor perlando sus pieles, pechos bamboleándose. Internalmente luchaba:

¡No te corras ya, aguanta, haz que duren!

Ellas tomaron control. Sofía se sentó en mi verga, cabalgándome despacio, sus chichis en mi cara para que las mamara. Camila se frotaba contra mi muslo, clítoris resbaloso. "Somos tuyas, pero tú eres nuestro juguete", rió Sofía. Aceleró, su coño ordeñándome, jugos chorreando por mis huevos. Camila besó a Sofía, lenguas enredadas, un espectáculo que me puso al borde. "¡Me vengo!", gritó Camila primero, convulsionando, squirt salpicando mi pecho. Sofía la siguió, su orgasmo apretándome como prensa, uñas clavadas en mi piel.

No aguanté más. "¡Chicas, me corro!", avisé. Sofía se bajó, las dos arrodilladas, bocas abiertas. Eyaculé chorros calientes en sus lenguas, caras, chichis. Ellas se lamieron mutuamente, tragando, riendo. "Qué rico, wey", dijo Camila, lamiendo el resto de mi verga flácida.

Nos tumbamos exhaustos, pieles pegajosas de sudor y fluidos, respiraciones entrecortadas. El mar seguía susurrando afuera, como aplaudiendo. Sofía acurrucada en mi pecho derecho, Camila en el izquierdo, sus manos entrelazadas sobre mi abdomen. "Eso fue épico, Marco. Un trío 2 mujeres 1 hombre perfecto", murmuró Sofía, besándome la mejilla.

Neta, ¿esto pasó de verdad? Mi cuerpo aún vibra, su calor me envuelve. No quiero que acabe.

Hablamos bajito, riendo de lo loco de la noche. No hubo promesas, solo esa conexión cruda, empoderadora. Ellas se sentían sexys, dueñas de su placer; yo, el rey por un rato. Al amanecer, nos despedimos con besos salados, sabiendo que Vallarta guarda secretos como este. Caminé por la playa, arena tibia bajo los pies, el sol naciente pintando el cielo. Ese trío me cambió, me dejó con un hambre buena, listo para más aventuras. Pero esa noche... esa noche fue mía, nuestra.

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