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La Esposa del Trío

6927 palabras

La Esposa del Trío

Ana se miró en el espejo del baño, ajustándose el escote de su vestido negro ceñido que abrazaba sus curvas como una promesa pecaminosa. La tela suave rozaba su piel morena, y el aroma de su perfume de jazmín flotaba en el aire cálido de su departamento en Polanco. Hacía calor esa noche de verano en la Ciudad de México, pero el verdadero fuego ardía dentro de ella. Marco, su esposo, la había mirado con esa sonrisa pícara toda la tarde, hablando de fantasías que habían compartido en la cama durante meses.

¿De verdad voy a hacer esto? Ser la esposa del trío que tanto hemos platicado. Dios, mi corazón late como tambor en fiesta.

Marco salió de la cocina con una botella de tequila reposado y tres vasos. "Órale, mi amor, ya viene Luis. Relájate, va a estar chido." Su voz grave enviaba cosquillas por la espalda de Ana. Luis era su amigo de la uni, alto, con ojos cafés intensos y un cuerpo atlético de tanto gym. Habían coqueteado inocentemente en una carne asada semanas atrás, y ahora... esto.

El timbre sonó. Ana sintió un nudo en el estómago, mezcla de nervios y excitación. Marco abrió la puerta, y Luis entró con una caja de cervezas artesanales. "¡Qué onda, cabrones! Ana, estás pinche hermosa, como siempre." Su mirada se deslizó por sus piernas, y ella sintió el calor subirle a las mejillas. Se sentaron en el sofá de piel blanca, el aire acondicionado zumbando suavemente, mientras el tequila fluía y las risas llenaban el espacio.

Hablaron de todo: el tráfico infernal de Reforma, los memes del día, hasta que Marco soltó la bomba. "Oye, Luis, te platicamos lo del trío wife, ¿verdad? Ana quiere intentarlo de una vez." Luis arqueó las cejas, sonriendo. "¡No mames! ¿En serio? Ana, si no quieres, ni pedo." Ella negó con la cabeza, su voz ronca por el deseo. "Quiero. Los dos me vuelven loca."

El ambiente se cargó de electricidad. Las manos de Marco rozaron el muslo de Ana, y Luis se acercó, su aliento con olor a menta fresca. "Eres una diosa, Ana." Sus labios se encontraron primero con los de Marco en un beso juguetón, para luego volverse hacia ella. El beso de Luis era hambriento, su lengua explorando la de Ana con sabor a tequila dulce. Ella gimió bajito, sintiendo las palmas cálidas de ambos en su piel.

La tensión creció como tormenta en el desierto. Se levantaron, tambaleantes de deseo, hacia el cuarto. La cama king size los esperaba con sábanas de algodón egipcio frescas. Ana se quitó el vestido despacio, revelando su lencería roja de encaje que Marco le había regalado. "Mírenme", susurró, posando con las caderas arqueadas. Los ojos de los hombres brillaban de lujuria. Marco se desabrochó la camisa, mostrando su pecho velludo y marcado; Luis se quitó la playera, sus abdominales reluciendo bajo la luz tenue de las lámparas.

Esto es real. Dos vergas duras por mí. Soy la trio wife que siempre soñé. Mi concha palpita ya.

Marco la besó en el cuello, mordisqueando suave mientras Luis lamía sus pezones endurecidos. El sonido de sus respiraciones jadeantes llenaba la habitación, mezclado con el tráfico lejano de la avenida. Ana arqueó la espalda, sintiendo las lenguas calientes y húmedas en su piel, el roce áspero de las barbas incipientes. "¡Ay, cabrones, qué rico!", jadeó ella, sus manos bajando a las cremalleras. Sacó primero la verga de Marco, gruesa y venosa, con ese olor almizclado que la volvía loca. La lamió de abajo arriba, saboreando la sal de su pre-semen.

Luis gimió cuando ella lo tomó con la otra mano, masturbándolo lento. "Pinche rica, Ana. Chúpamela." Ella alternó, succionando una mientras acariciaba la otra, el sabor terroso y salado inundando su boca. Marco gruñó: "Mira cómo te come la esposa del trío, carnal." La empujaron gentil a la cama. Luis se hincó entre sus piernas, besando el interior de sus muslos. El aroma de su excitación flotaba, dulce y almizclado. "Estás empapada, preciosa", murmuró antes de hundir la lengua en su panocha.

Ana gritó de placer, sus caderas moviéndose contra la boca experta de Luis. Él lamía su clítoris hinchado, chupando con succiones rítmicas que enviaban chispas por su espina. Marco se arrodilló a su lado, ofreciéndole su verga. Ella la devoró ansiosa, gimiendo alrededor de ella mientras las olas de placer la invadían. El sudor perlaba sus cuerpos, el slap-slap de la lengua de Luis contra su carne húmeda resonando obsceno.

La intensidad subió. "Quiero que me cojan los dos", suplicó Ana, su voz quebrada. Marco se acostó primero, guiándola sobre su polla dura. Ella se sentó despacio, sintiendo cómo la estiraba, llenándola hasta el fondo. "¡Qué vergonzosa tan chida tienes!", jadeó él, agarrando sus nalgas. Ana cabalgó lento al principio, sus tetas rebotando, el roce interno delicioso.

Luis se posicionó detrás, untando lubricante frío en su ano. "Relájate, mi reina. Vamos despacio." Un dedo primero, luego dos, abriéndola con ternura. Ana tembló, el placer doble la volvía loca. Cuando la verga de Luis entró, gruesa y caliente, gritó: "¡Sí, cabrón! Fóllame así." Los tres se movieron en sincronía, Marco embistiendo desde abajo, Luis desde atrás. El sonido de piel contra piel era ensordecedor, slap-slap-slap, mezclado con gemidos guturales.

Siento sus huevos golpeándome, sus vergas rozando dentro de mí. Soy una puta empoderada, la reina del trío. El orgasmo viene, enorme.

El olor a sexo impregnaba el aire: sudor, lubricante, fluidos. Ana clavó las uñas en los hombros de Marco, su cuerpo convulsionando. "¡Me vengo! ¡Ay, Dios!" El clímax la sacudió como terremoto, su panocha contrayéndose alrededor de Marco, apretando a Luis. Ellos no tardaron: Marco gruñó profundo, llenándola de semen caliente que chorreaba; Luis se retiró y eyaculó en su espalda, chorros pegajosos y abundantes.

Colapsaron en un enredo de miembros sudorosos, respiraciones agitadas calmándose poco a poco. Ana yacía entre ellos, sintiendo los latidos acelerados de sus corazones contra su piel. Marco la besó en la frente. "Eres increíble, mi trio wife." Luis acarició su pelo. "Nunca había sentido algo así. Gracias por esto."

Se ducharon juntos después, risas y caricias bajo el agua caliente que lavaba los restos de pasión. De vuelta en la cama, con sábanas frescas, Ana se acurrucó contra Marco, la mano de Luis en su cadera. El cansancio dulce la invadía, pero también una paz profunda.

Esto no fue solo sexo. Fue conexión, confianza. Mañana platicaremos, pero por ahora, soy feliz. La esposa del trío que despertó algo nuevo en nosotros.

La noche se cerró con el zumbido del ventilador y sus suspiros satisfechos, el aroma residual de jazmín y sexo lingering en el aire.

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