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Mix El Tri

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Mix El Tri

Entraste al antro en la Zona Rosa, el aire cargado de ese olor a tequila reposado y perfume caro que siempre te pone en mood. La noche estaba en su mero mole, con las luces neón parpadeando al ritmo de un mix el tri brutal que el DJ armaba desde la cabina. Remixes pesados de El Tri, con bajos que te vibraban hasta los huesos, retumbando en el pecho como un corazón desbocado. Órale, pensaste, esta va a ser de las buenas.

Te acomodaste en la barra, pediste un caballito de José Cuervo y echaste un ojo al gentío. Ahí las viste: Karla y Mónica, dos morras que quitaban el hipo. Karla, con su pelo negro azabache cayéndole en ondas por la espalda, vestida con un vestido rojo ceñido que marcaba sus curvas como si fueran esculpidas. Mónica, rubia teñida con ojos verdes que brillaban como luces de estadio, en shorts de mezclilla que dejaban ver unas piernas interminables. Se reían entre ellas, moviéndose al son de Abuso de Autoridad en versión extendida, sus caderas ondulando con una sincronía que te dejó con la boca seca.

¿Y si me acerco? Neta, parecen de esas que no se andan con juegos
, te dijiste, sintiendo un cosquilleo en el estómago que bajaba directo al sur. Te armaste de valor, tomaste tu shot y caminaste hacia ellas con esa sonrisa pícara que siempre te saca de apuros.

Qué chido el mix este de El Tri, ¿no? —les soltaste, señalando la bocina más cercana.

Karla te miró de arriba abajo, lamiéndose los labios con una lentitud que te erizó la piel. —Sí, wey, nos prende cañón. ¿Bailas?

No lo pensaste dos veces. Las tomaste de la mano, una a cada lado, y se lanzaron a la pista. El sudor empezaba a perlar sus cuellos, mezclándose con el aroma dulce de sus fragancias: vainilla en Karla, cítricos frescos en Mónica. Sus cuerpos rozaban el tuyo al compás, pechos suaves presionando contra tu torso, traseros firmes restregándose contra tus muslos. El tacto era eléctrico, piel cálida y húmeda bajo la tela delgada. Sentías sus alientos calientes en tu oreja, risas ahogadas que se convertían en suspiros cuando la canción subía de intensidad.

Eres un pendejo coqueto, pero nos caes bien —te murmuró Mónica, su mano deslizándose por tu espalda baja, deteniéndose justo en el borde de tu playera.

La tensión crecía como la marea. Cada roce era una promesa, cada mirada un fuego lento. Cuando sonó el mix el tri de Piedras Rodantes, Karla te jaló más cerca, su boca rozando la tuya en un beso tentativo que explotó en pasión. Lenguas danzando, sabor a margarita y deseo puro. Mónica no se quedó atrás; besó tu cuello, mordisqueando suave, enviando chispas por tu espina dorsal.

¡Carajo, esto es demasiado bueno para ser real! ¿Dos diosas queriéndome a mí?

El antro se desvanecía; solo existían ellas, el ritmo palpitante y el calor que subía entre los tres. —Vámonos de aquí —propuso Karla, con la voz ronca, ojos brillantes de anticipación—. A mi depa, está cerca y tiene jacuzzi.

Salieron tomados de la mano, el aire fresco de la noche golpeándolos como un bálsamo contra el bochorno del interior. En el Uber, las manos no paraban quietas: Karla en tu entrepierna, masajeando con maestría a través del pantalón; Mónica besándote el pecho, desabotonando tu camisa para lamer tus pezones endurecidos. El conductor disimulaba, pero el ambiente era puro voltaje sexual. Olías su excitación, ese musk almizclado mezclado con el cuero de los asientos.

Llegaron al depa de Karla en Polanco, un lugar chulo con vistas al skyline y luces tenues que pintaban todo de rojo pasión. Apenas cerraron la puerta, se desataron. Te quitaron la ropa con urgencia, risas nerviosas convirtiéndose en gemidos. Karla te empujó al sofá de terciopelo, arrodillándose para bajarte el bóxer. Su boca caliente envolvió tu verga erecta, succionando con una lentitud tortuosa, lengua girando alrededor del glande. Sabía salado, con un toque de pre-semen que la hacía gemir de placer.

¡Qué rica verga, wey! Tan dura pa' nosotras —dijo, mientras Mónica se quitaba el top, dejando libres unos senos perfectos, pezones rosados tiesos como balas.

Te incorporaste, besando a Mónica con hambre, manos amasando sus nalgas redondas. El tacto era seda caliente, suave pero firme. La acostaste en el sofá, bajando por su cuerpo: besos en el cuello que olía a jazmín, lamidas en los senos que la hacían arquearse, hasta llegar a su entrepierna. Shorts fuera, tanga empapada. La probaste, sabor dulce y salado de su flujo, clítoris hinchado palpitando bajo tu lengua. Ella gritaba ¡Sí, cabrón, chúpame así!, uñas clavándose en tus hombros.

Karla se unió, montándote la cara mientras seguías devorando a Mónica. Sus jugos chorreaban por tu barbilla, el olor intenso de sexo llenando la habitación. Te retorcían de placer, sus caderas moliendo contra ti. Cambiaron posiciones: tú de pie, Karla de rodillas mamándote profundo, garganta apretada enviando ondas de éxtasis; Mónica detrás, lamiendo tus huevos, dedos explorando tu ano con ternura juguetona.

Esto es el paraíso, neta. Sus bocas, sus lenguas... no aguanto más

La intensidad subía como el volumen del mix el tri que Karla puso de fondo en los bocinas, recordándoles la noche que los unió. La llevaron al cuarto, cama king size con sábanas de satén negro. Karla se montó en ti, su coño apretado y húmedo tragándote entero. Cabalgaba con furia, senos rebotando, sudor goteando sobre tu pecho. Mónica se sentó en tu cara, frotándose contra tu boca mientras besaba a Karla, lenguas enredadas en un beso lésbico que te volvía loco.

¡Fóllame más duro, amor! —suplicaba Karla, uñas rastrillando tu torso.

Cambiaron: ahora Mónica debajo, piernas abiertas invitándote. Entraste en ella de un empellón, su interior aterciopelado apretándote como un guante. Karla lamía donde se unían, lengua en tu verga y clítoris de Mónica. Los gemidos se fundían en un coro obsceno: ¡Ay, sí! ¡Qué rico! ¡No pares, pendejos! El slap de piel contra piel, el squelch húmedo, el aroma espeso de sexo y sudor. Tus bolas se tensaban, el orgasmo acechando.

Para el gran finale, las pusiste a las dos de rodillas, lado a lado. Alternabas embestidas: Karla primero, su culo perfecto recibiendo cada golpe; luego Mónica, gritando de gozo. Ellas se tocaban mutuamente, dedos en coños empapados. El clímax llegó como avalancha: eyaculaste chorros calientes sobre sus lenguas extendidas, ellas lamiendo y tragando con sonrisas lujuriosas, besándose para compartir.

Colapsaron los tres en la cama, cuerpos enredados, piel pegajosa y jadeos calmándose. El mix el tri seguía sonando bajito, ahora suave como un arrullo post-sexo. Karla te acarició el pelo, Mónica trazó círculos en tu pecho.

Eres un chingón, wey. Repetimos cuando gustes —dijo Mónica, voz satisfecha.

Qué noche, carnal. Mix el tri perfecto: música, deseo y puro placer compartido

Se durmieron así, envueltos en el calor mutuo, con el amanecer tiñendo las cortinas de rosa. Sabías que esto era solo el principio de algo épico.

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