Que Es Triara de Telmex La Tecnica Que Me Desarmo
Estaba en mi depa en la Condesa, con el pinche internet caído por tercera vez esa semana. Neta, ya me tenía hasta la madre. Saqué el celu y marqué al call center de Telmex, puteando bajito mientras esperaba. "Hola, ¿en qué le ayudo?", contestó una voz de mina bien chida. Le expliqué el pedo, y me dijo que mandaban a alguien. "¿Nombre del técnico?", pregunté. "Triara, ella se encarga de los casos Triara de Telmex, nuestros servicios premium de fibra". ¿Qué es Triara de Telmex?, pensé, pero no le di muchas bolas. Solo quería mi net de vuelta para ver el fut en streaming.
Una hora después, timbró la puerta. Abrí y ¡órale! Ahí estaba ella: Triara, morra de unos veintitantos, con el uniforme de Telmex ajustadito que le marcaba las chichis generosas y el culo redondo como fruta madura. Pelo negro largo recogido en cola de caballo, piel morena canela que olía a vainilla y algo floral desde un metro. Sus ojos cafés me clavaron como imanes, y una sonrisa pícara que decía "Yo sé lo que quieres, carnal". "Buenas tardes, soy Triara de Telmex. ¿Dónde está el módem?", dijo con voz ronquita, mexicana de pura cepa, con ese acento chilango que me eriza la piel.
La dejé pasar, oliendo su perfume mezclado con el aroma de la ciudad: tacos de la esquina y smog ligero. Me quedé viendo cómo se agachaba para revisar cables, el pantalón estirándose sobre sus nalgas firmes.
Pinche suerte, wey. Esta morra es un rifazo. ¿Y si le tiro los perros?Me acerqué, ofreciéndole un agua fresca. "Gracias, hace un chorro de calor hoy", dijo, bebiendo despacio, la gota resbalando por su cuello hasta perderse en el escote. Nuestras manos se rozaron, y sentí un chispazo eléctrico, como si la fibra óptica ya estuviera conectada entre nosotros.
Empezamos a platicar mientras ella checaba el router. "¿Qué es Triara de Telmex exactamente?", le pregunté, sentándome en el sofá a un ladito suyo. Se rio bajito, un sonido como cascabeles calientes. "Ay, güey, Triara es el servicio top de Telmex para conexiones ultra rápidas, fibra pura. Pero yo soy la que lo instala, la que hace que todo fluya". Me guiñó el ojo, y su rodilla rozó la mía. El aire se cargó de tensión, como antes de una tormenta en el DF. Olía a su sudor ligero, salado y dulce, mezclado con mi propia adrenalina.
El módem revivió con un bip triunfal. "¡Listo, carnal! Todo conectado al 100", dijo, levantándose y estirándose, haciendo que su blusa se subiera un cachito, dejando ver un pedacito de panza suave. No pude más. "Oye, Triara, neta eres lo máximo. ¿Quieres una chela para celebrar?". Asintió, ojos brillando. Sacamos unas coronas del refri, brindamos chocando botellas frías. La espuma se derramó un poco en su mano, y ella la lamió despacio, mirándome fijo.
Esto va pa'l otro lado, pendejo. No la cagues. Hablamos de la vida, de lo chido que es la Condesa de noche, de cómo el trabajo la pone caliente con tanto cable y sudor.
La tensión creció como el calor del trópico. Su mano en mi muslo, la mía en su cintura. "Sabes, a veces los técnicos como yo nos ponemos calientes con tanto enredo", murmuró, su aliento cálido en mi oreja, oliendo a cerveza y menta. La besé, suave al principio, labios carnosos que sabían a sal y deseo. Ella respondió con hambre, lengua explorando mi boca, manos enredándose en mi pelo. La cargué al sofá, su cuerpo pesado y blando contra el mío, curvas presionando donde dolía de ganas.
Le quité la blusa despacio, besando cada centímetro de piel expuesta. Sus chichis saltaron libres, pezones oscuros duros como piedras preciosas. Los chupé, succionando fuerte, oyendo sus gemidos roncos "¡Ay, wey, sí así!". Olía a su excitación ahora, almizcle femenino subiendo desde entre sus piernas. Le bajé el pantalón, encontrando un tanga negro empapado. "Estás chorreando, Triara", le dije, y ella rio: "Es lo que provoca la fibra óptica en mí". Sus dedos desabrocharon mi jeans, liberando mi verga tiesa, palpitante. La tocó con manos expertas, como si instalara el cable perfecto, masturbándome lento, uñas rozando la piel sensible.
Nos movimos al cuarto, cuerpos enredados, piel sudada resbalando. La tiré en la cama, besando su cuello, lamiendo el sudor salado, bajando por su vientre tembloroso hasta su concha hinchada. La abrí con los dedos, oliendo su jugo dulce y ácido, probándolo con la lengua plana y ancha. Ella arqueó la espalda, gritando "¡Pinche lengua chida, no pares!", caderas moviéndose al ritmo de mi boca. Sentí su pulso acelerado en mis labios, venas latiendo, mientras la llevaba al borde una y otra vez, deteniéndome para alargar el juego.
Me subí encima, ella guiándome adentro con las piernas abiertas. Entré despacio, sintiendo su calor apretado envolviéndome centímetro a centímetro, paredes pulsantes ordeñándome. "¡Qué rico, cabrón, lléname!", jadeó, uñas clavándose en mi espalda, dejando surcos ardientes. Empecé a bombear, lento primero, oyendo el slap slap de carne contra carne, su respiración entrecortada mezclada con mis gruñidos. El cuarto olía a sexo puro: sudor, semen pre, su esencia íntima. Aceleré, ella envolviéndome con piernas fuertes, talones presionando mi culo para ir más hondo.
La volteé, poniéndola a cuatro patas, admirando su culo perfecto, nalgas temblando. Le di nalgadas suaves, rojas marcas, y volví a entrar, agarrando sus caderas. Ella empujaba hacia atrás, puta experta, gritando palabras sucias: "Métemela dura, hazme tu puta de Telmex". El sudor nos chorreaba, gotas cayendo en las sábanas revueltas. Sentí el clímax construyéndose, bolas apretadas, su concha contrayéndose en espasmos. "Voy a venir, Triara", avisé, y ella: "Dentro, lléname de fibra". Exploté, chorros calientes inundándola, mientras ella se deshacía en orgasmos múltiples, cuerpo convulsionando, alaridos ahogando el tráfico de la calle.
Caímos exhaustos, enredados, piel pegajosa enfriándose. Su cabeza en mi pecho, oyendo mi corazón galopante calmarse. "Neta, lo mejor que me ha pasado instalando", susurró, besándome el cuello. Reí, acariciando su pelo húmedo. "¿Volverás por más mantenimiento?", pregunté. "Claro, wey. Triara de Telmex siempre responde". Nos quedamos así, en afterglow, con el olor a nosotros impregnando todo, el internet zumbando perfecto de fondo. Esa noche, descubrí qué es Triara de Telmex: puro fuego, conexión eterna.