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Ver Videos XXX de Trios que Encienden la Pasion

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Estaba tirado en el sofá de mi depa en la Condesa, con el aire acondicionado zumbando bajito y el olor a café recién hecho flotando en el aire. Sofia, mi morra desde hace dos años, se acurrucó a mi lado con su piel suave rozando la mía. Llevaba una playera holgada que dejaba ver el borde de sus chichis perfectas, y unas shortcitos que me volvían loco cada vez que se movía. Era viernes por la noche, y después de una semana de puro pedo en el jale, queríamos algo chido para relajarnos.

¿Y si vemos algo caliente? me dijo con esa voz ronca que me pone la verga dura al instante. Sus ojos cafés brillaban con picardía mientras sacaba su cel. Ver videos XXX de trios, propuso, mordiéndose el labio. Yo me quedé helado un segundo. Siempre habíamos visto porno juntos, pero trios... eso era nuevo. Mi mente se llenó de imágenes: cuerpos enredados, gemidos dobles, pieles sudadas chocando.

¿Estará pensando en hacerlo de verdad? ¿O solo es un juego?
pensé, sintiendo un cosquilleo en el estómago que bajaba directo a mi entrepierna.

Asentí, el corazón latiéndome fuerte. Ella abrió la app, y pronto la pantalla se iluminó con thumbnails de morras y vatos en posiciones imposibles. Elegimos uno: una rubia, un moreno musculoso y otra caderona. El video empezó con besos lentos, lenguas explorando cuellos, manos deslizándose bajo la ropa. Sofia se pegó más a mí, su aliento cálido en mi oreja. ¿Te late? murmuró, mientras su mano bajaba por mi pecho hasta mi short. Sentí su calor a través de la tela, y mi verga se paró como soldado.

En la pantalla, la rubia chupaba la verga del vato mientras la caderona le lamía la panocha. Los gemidos eran altos, reales, como si estuvieran en la habitación. Sofia jadeaba bajito, sincronizada con ellos. El olor de su excitación empezó a llenar el aire, dulce y almizclado, mezclado con su perfume de vainilla. Imagínate si fuéramos nosotros, susurró, y me besó el cuello, mordisqueando suave. Mi piel se erizó, pulsos acelerados en las sienes. La tensión crecía, como una tormenta eléctrica en el pecho.

Apagamos el video a la mitad, ya no podíamos más. Nos devoramos en el sofá, lenguas enredadas, sabor a saliva y deseo. Le quité la playera, exponiendo sus chichis firmes, pezones duros como piedritas. Los chupé con hambre, sintiendo su sabor salado en la lengua, mientras ella gemía ¡Ay, cabrón, sí!. Pero en su mirada había algo más.

Quiere más, lo sé. Y yo... ¿yo también?

Al día siguiente, sábado, Karla llegó. Era la mejor amiga de Sofia desde la uni, una culona de esas que voltean cabezas en la calle, con pelo negro largo y tatuajes en los brazos. Vivía en Roma Norte, soltera y siempre lista para la aventura. Sofia la había invitado a desayunar, pero yo sabía que era pretexto. ¿Recuerdas esos videos que vimos anoche? dijo Sofia mientras servía chilaquiles en la terraza, con vista a los árboles verdes. Karla se rio, picarona. Ver videos XXX de trios es mi vicio, confesó, lamiendo salsa de sus labios carnosos.

La tensión del aire era palpable, como el calor húmedo antes de la lluvia. Charlamos de todo: del jale, de la vida en la CDMX, pero los ojos se cruzaban con promesas. Sofia me miró, y asentí sutil. ¿Y si lo hacemos real? soltó Karla de repente, su voz temblando un poco de nervios y emoción. Nadie dijo que no. Era consensual, puro fuego mutuo, adultos queriendo explorar.

Entramos al cuarto, la luz del sol filtrándose por las cortinas blancas, pintando sus cuerpos en dorado. Sofia me besó primero, profundo, mientras Karla nos veía, mordiéndose el labio. El olor a sus perfumes se mezcló: vainilla de Sofia, jazmín de Karla. Me quitaron la ropa lento, manos suaves en mi piel, uñas rozando mi pecho velludo. Mi verga saltó libre, dura y palpitante. Qué chingona, dijo Karla, arrodillándose. Su boca caliente la envolvió, lengua girando en la cabeza, sabor salado de mi pre-semen en su garganta. Sofia se unió, chupando mis bolas, sus labios suaves contrastando con la succión fuerte de Karla.

Las puse en la cama king size, suave como nubes. Sofia encima de Karla, besándose con hambre, chichis frotándose, pezones endurecidos rozando. Lamí la panocha de Sofia primero, jugosa y dulce como mango maduro, clítoris hinchado bajo mi lengua. Ella gritaba ¡No pares, pendejo!, jugos chorreando por mi barbilla. Karla gemía debajo, dedos en su propia humedad. El sonido de lenguas y succiones llenaba la habitación, mezclado con jadeos roncos.

Cambié a Karla, su panocha más peluda, olor intenso a mujer en celo. La penetré con la lengua, sintiendo sus muslos temblar contra mis mejillas. Sofia se sentó en mi cara, ahogándome en su calor, mientras Karla me mamaba de nuevo. El sudor nos cubría, piel resbalosa, pulsos latiendo al unísono.

Esto es el paraíso, carnal. Dos diosas para mí, y ellas disfrutando cada segundo.

La intensidad subió. Puse a Sofia a cuatro, verga hundiéndose en su calor apretado, paredes vaginales apretándome como guante. Karla debajo, lamiendo donde nos uníamos, lengua en mis bolas y su clítoris. Sofia gritaba ¡Más duro, cabrón!, nalgas rebotando contra mi pelvis, slap-slap resonando. El olor a sexo era espeso, embriagador. Cambié a Karla, su culo grande abriéndose para mí, panocha tragándome entero. Sofia besaba su espalda, dedos en su ano, todo suave y consensuado.

El clímax se acercaba como ola gigante. Las puse frente a mí, rodillas en la cama. Me pajeaban juntas, manos suaves y rápidas, bocas alternando en mi verga. Sentí el orgasmo subir, bolas tensas, venas pulsando. ¡Me vengo! rugí, chorros calientes salpicando sus chichis, caras, lenguas ávidas lamiendo cada gota. Ellas se tocaron mutuamente, dedos en clítoris, gemidos altos hasta explotar: Sofia arqueándose, Karla temblando, jugos empapando las sábanas.

Caímos exhaustos, cuerpos enredados, piel pegajosa de sudor y fluidos. El sol de la tarde entraba tibio, aire quieto roto por respiraciones pesadas. Sofia me besó suave, Te amo, mi rey. Karla sonrió, Esto fue épico, carnales. Nos duchamos juntos después, agua caliente lavando el pecado, risas y caricias inocentes ahora.

Desde esa noche, ver videos XXX de trios se volvió nuestro ritual previo, pero nada como lo real. Fortaleció lo nuestro, abrió puertas sin romper nada. En la CDMX caótica, encontramos nuestro oasis de placer puro, consensual y ardiente. Y quién sabe, quizás invite a Karla de nuevo pronto.

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