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Intentado en la Piel Ardiente

6271 palabras

Intentado en la Piel Ardiente

Estaba en ese bar chido de la Condesa, con las luces tenues y el olor a mezcal flotando en el aire. Yo, Ana, profe de inglés de veintiocho pirulos, con mi vestido negro pegadito que me hacía sentir como una diosa. Ahí estaba Marco, mi morro desde hace unos meses, alto, moreno, con esa sonrisa pícara que me derretía las tripas. Wey, qué rico se veía con su camisa desabotonada, dejando ver un poco de pecho velludo. Nos conocimos en una clase particular que le di; él, empresario de tecnología, queriendo mejorar su inglés pa' cerrar tratos en gringolandia.

Órale, Ana, ¿me enseñas algo nuevo esta noche?
me dijo, con la voz ronca, mientras su mano rozaba mi muslo por debajo de la mesa. Sentí un cosquilleo que me subió hasta el ombligo. Neta, siempre había sido la típica buena onda, probando cosas vainas en la cama pero nada heavy. Pero con él, quería más. Quería try en past participle, como le explicaba en clases: tried, haber intentado algo que me pusiera al borde.

Pedimos otro round de tequilas, y el calor de la noche mexicana nos envolvió. Afuera, el bullicio de la Roma, coches pitando, risas de borrachos felices. Pero adentro, solo existíamos nosotros. Su dedo trazó un camino por mi pierna, y yo apreté las piernas, sintiendo ya la humedad entre ellas. Qué pendejo tan sabroso, pensé, mordiéndome el labio. Le susurré al oído: No mames, Marco, vámonos a tu depa antes de que te coma aquí mismo.

El taxi fue una tortura deliciosa. Nos besábamos como posesos, su lengua invadiendo mi boca con sabor a tequila y menta. Olía a su colonia, esa mezcla de madera y cítricos que me volvía loca. Mi mano bajó a su entrepierna, sintiendo cómo se ponía duro como piedra bajo los jeans. Chécatelo, wey, ya estás listo pa' mí, le dije riendo bajito. Él gruñó, apretándome la nalga con fuerza. Llegamos a su penthouse en Polanco, con vista a la ciudad iluminada. Puertas cerradas, luces bajas, y el aire acondicionado zumbando suave.

Acto uno cerrado: lo empujé contra la pared apenas entramos. Mis labios en su cuello, saboreando la sal de su piel sudada.

Esta noche voy a intentar algo que nunca he tried, le dije, recordando nuestra lección de inglés. Try en past participle es tried, ¿recuerdas? Haber intentado...
Él rio, pero sus ojos brillaban de deseo. Sí, profe, enséñame. Le quité la camisa de un jalón, mis uñas arañando su pecho. Él me levantó el vestido, exponiendo mis tangas negras empapadas. El sonido de la tela rasgándose un poquito me erizó la piel.

En la recámara, la cama king size nos esperaba, sábanas de algodón egipcio suaves como nube. Lo tiré ahí, montándome encima. Mis tetas rebotaban libres cuando me quité el brasier. Él las miró con hambre, lamiéndose los labios. Qué ricas, Ana, dame. Bajé despacio, rozando mi panocha contra su verga aún encerrada. Sentía el calor a través de la tela, palpitando. Le desabroché el cinturón con dientes, el sonido metálico retumbando en la habitación silenciosa. Saqué su verga gruesa, venosa, goteando pre-semen. Olía a macho puro, ese aroma almizclado que me hacía babear.

Mamármela, profe, suplicó. Me arrodillé, lengua plana lamiendo desde las bolas hasta la punta. Sabor salado, un poquito amargo, perfecto. Lo chupé hondo, garganta relajada, oyendo sus gemidos roncos: ¡Órale, qué chido! ¡No pares! Mis manos masajeaban sus huevos, sintiendo cómo se contraían. Pero yo quería más. Lo que había intentado antes eran pendejadas; esta vez, quería controlarlo todo. Saqué de mi bolsa unas esposas de seda que compré en línea, pensando en esta noche.

¿Qué es esto, wey? ¿Te espantas?
Le até las manos a la cabecera, su cuerpo tenso de anticipación. Él negó con la cabeza, verga apuntando al techo. No, Ana, hazme lo que quieras. Quiero que me enseñes tu past participle. Reí, montándome de nuevo. Mi clítoris rozaba su abdomen, enviando chispas por mi espina. Bajé lento, dejando que su verga me abriera poquito a poco. ¡Qué estirón tan rico! Llenándome hasta el fondo, paredes internas apretándolo. Empecé a moverme, caderas girando como en salsa, sudor perlando mi piel.

El ritmo subió. Sus caderas empujaban arriba, pero yo lo frenaba con manos en su pecho. Aguanta, pendejo, yo mando. Sentía mi jugo chorreando por sus bolas, sonido chapoteante con cada embestida. Olía a sexo puro, a panocha mojada y verga sudada. Mis pezones duros rozaban su piel, descargas eléctricas directo al coño. Internal:

Neta, nunca había sentido tanto poder. Lo que try en past participle me trajo esta noche era esto: tried, haber probado el dominio, y qué padre
.

Lo desaté un rato, porque quería sus manos en mí. Me volteó, ahora él encima, pero suave, consensual. ¿Está chido? murmuró. Sí, cabrón, cógeme duro. Sus embestidas se volvieron salvajes, piel contra piel cacheteando. Yo clavaba uñas en su espalda, dejando marcas rojas. Gemía alto, ¡Más, Marco, rómpeme! Él mordía mi cuello, lengua en mi oreja, susurrando Eres mi puta favorita en un inglés torpe que me excitó más. Recordé: Good job, the past participle is perfect.

El clímax se acercaba. Mi vientre se contraía, pulsos acelerados latiendo en mis sienes. Él aceleró, verga hinchándose dentro. Me vengo, Ana... Yo exploté primero, olas de placer rompiéndome, chillando como loca, piernas temblando alrededor de su cintura. Olor a orgasmo, jugos mezclados. Él se corrió segundos después, chorros calientes llenándome, gruñendo mi nombre. Colapsamos, cuerpos pegajosos, respiraciones jadeantes.

Afterglow: yacimos ahí, su cabeza en mis tetas, caricias perezosas. La ciudad brillaba afuera, pero nuestro mundo era esa cama deshecha.

Qué wey tan increíble, pensé. Intentado esto, tried el control y la entrega total, no hay vuelta atrás
. Besó mi frente. Gracias por la clase, profe. Lo mejor que he tried. Reí suave, saboreando el beso lento. Mañana, más lecciones. Pero esta noche, puro paraíso mexicano de piel y deseo.

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