Bedoyecta Tri el Precio Ardiente en Farmacia Benavides
Entré a la Farmacia Benavides con el sol de Monterrey pegándome en la nuca, sudando como pendejo bajo ese calor cabrón del norte. Necesitaba Bedoyecta Tri, esa inyección que te da un chingadazo de energía para no arrastrar los pies todo el día. El precio en Farmacia Benavides siempre era justo, pero hoy no venía solo por vitaminas. Mis ojos se clavaron en ella: la farmacéutica, morena chaparrita con curvas que gritaban ven y tócame.
Se llamaba Karla, según su gafete. Pelo negro recogido en una coleta alta, labios carnosos pintados de rojo fuego, y un uniforme blanco que se le pegaba al cuerpo por el aire acondicionado. "Bedoyecta Tri precio Farmacia Benavides", dije, fingiendo revisar mi cartera, pero mi mirada bajaba a sus chichis generosas que se marcaban bajo la tela. Ella sonrió, esa sonrisa pícara que las regias saben soltar cuando huelen deseo.
"Son cuatrocientos pesos la caja, carnal. ¿Quieres que te la aplique aquí mismo? Te dejo bien puesto pa' que no te duermas en el jale". Su voz era ronca, como miel caliente, y el olor a su perfume, vainilla y algo más salvaje, me invadió las fosas nasales. Sentí un cosquilleo en la verga, ya medio parada solo de verla mover las caderas detrás del mostrador.
¿Qué chingados? ¿Aquí en la farmacia? Pero su mirada me dice que sí, que quiere jugar.
Asentí, pagué el Bedoyecta Tri precio Farmacia Benavides sin regatear, y ella me guió a la sala de aplicaciones al fondo. La puerta se cerró con un clic suave, el aire fresco olía a alcohol y a su piel morena. "Quítate la camisa, guapo", ordenó, y yo obedecí, sintiendo el roce de sus guantes de látex en mi espalda desnuda. Frío al principio, pero luego calor cuando sus dedos rozaron mi cintura.
Acto uno: la escena se armaba sola. Yo, un vago de treinta tacos con el cuerpo marcado por el gym, ella, Karla, experta en jeringas y en miradas que queman. La tensión crecía con cada segundo. Me inyectó en el glúteo, su aliento caliente en mi oreja: "Relájate, no duele... mucho". El pinchazo fue rápido, pero su mano libre se quedó ahí, masajeando, subiendo por mi nalga hasta rozar la entrepierna. Mi verga se endureció como fierro, palpitando contra el pantalón.
"¿Ya sientes la energía, mi amor?", susurró, tirando los guantes al piso. Sus tetas se presionaban contra mi brazo, pezones duros como piedritas. Olía a sudor dulce, a farmacia y a coño húmedo. La volteé, la besé con hambre, lenguas enredadas, sabor a chicle de fresa y saliva caliente. Sus manos bajaron mi zipper, sacando mi pija tiesa, vena hinchada, goteando pre-semen.
La recargué en la camilla, le subí la falda del uniforme. Nada de calzones, solo un coñito depilado, mojado brillando bajo la luz fluorescente. "Eres un pinche caliente", gemí, metiendo dos dedos, sintiendo su calor viscoso apretarme. Ella jadeó, arqueando la espalda, uñas clavadas en mis hombros. Sonidos: su respiración agitada, el slap de mis dedos follando su entrada, el zumbido del refrigerador al fondo.
Acto dos: la escalada. Nos quitamos todo. Su cuerpo desnudo era un sueño regio: caderas anchas para parir, culo redondo que rebotaba al caminar, chichis firmes con areolas oscuras. Me arrodillé, lamí su clítoris hinchado, sabor salado-musgoso, ella gimiendo "¡Ay, cabrón, chúpame más!". Su jugo me corría por la barba, manos en mi pelo tirando fuerte.
Esto es mejor que cualquier Bedoyecta, pura adrenalina pura.
Me levantó, me sentó en la camilla, se montó encima. Su coño se abrió tragándome entero, caliente, apretado como guante de terciopelo mojado. Cabalgaba lento al principio, tetas botando, sudor perlando su piel canela. Yo chupaba un pezón, mordisqueando suave, oyendo sus "¡Sí, así, pendejito!". El ritmo subió, piel contra piel slap-slap-slap, olor a sexo crudo llenando la salita.
La volteé a perrito, admirando su culo perfecto. Entré de nuevo, profundo, bolas golpeando su clítoris. Ella empujaba hacia atrás, gritando bajito para no alertar a los clientes. Mis manos en sus caderas, sintiendo músculos contraerse, pulso acelerado en su cuello cuando la jalé del pelo. Interno: quiero llenarla, marcarla como mía. Tensión al máximo, huevos apretados listos para explotar.
Acto tres: la liberación. "¡Me vengo, Karla!", rugí, y ella apretó más, ordeñándome. Chorros calientes inundándola, su coño convulsionando en oleadas, jugos mezclados chorreando por mis muslos. Colapsamos jadeando, piel pegajosa, corazones tronando como tambores. Besos suaves ahora, lenguas perezosas, olor a semen y sudor nuestro perfume.
Nos vestimos riendo, ella me dio un algodón extra para el piquete. "Vuelve por más Bedoyecta Tri, el precio en Farmacia Benavides siempre te espera... y yo también". Salí al sol, piernas flojas pero alma llena, esa energía no era de vitaminas, era de puro fuego regio.