Relatos Salvajes
Inicio Sexo en Grupo El Trio con Tia Pasión Ardiente El Trio con Tia Pasión Ardiente

El Trio con Tia Pasión Ardiente

6623 palabras

El Trio con Tia Pasión Ardiente

Era un viernes de verano en la casa de mi tía Carmen, en las Lomas de Chapultepec. El sol se había puesto hace rato, pero el calor seguía pegando como chicle en la banqueta. Yo, Juan, de veintiocho pirulos, había llegado con mi novia Ana, una morra de curvas de infarto y ojos que te derriten el alma. Mi tía Carmen, con sus cuarenta y cinco bien llevados, nos recibió con abrazos calurosos y un olor a jazmín que me revolvió las tripas. Siempre había sido la tía buena onda, la que te guiñaba el ojo en las fiestas familiares y te hacía sentir como rey.

La cena fue de esas que te dejan con el estómago lleno y la mente juguetona: tacos de arrachera jugosos, con ese humo ahumado que se te pega en la nariz, guacamole fresco que sabía a limón y chile, y unas chelas frías que bajaban como agua bendita. Estábamos en el patio, con luces tenues colgando del techo, el sonido lejano de los coches en Reforma y una brisa que traía olor a tierra mojada de la lluvia que acababa de pasar. Ana, con su vestido rojo ceñido que marcaba sus chichis perfectas, reía con mi tía, las dos con las mejillas sonrojadas por el tequila.

¿Qué chingados pasa aquí?, pensé. Mi tía se veía más sabrosa que nunca, con esa blusa escotada que dejaba ver el valle de sus senos bronceados, y Ana mirándola como si quisiera comérsela. Mi verga ya empezaba a despertar, dura como fierro bajo los shorts.

Después de la comida, mi tía sacó una botella de mezcal añejo. "Órale, carnales, vamos a echarnos un juego pa' que no se duerma la noche", dijo con esa voz ronca que me erizaba la piel. Verdad o reto, el clásico. Al principio fueron pendejadas: "¿Quién besó primero?", "¡Reto! Cántanos una rola bien culera". Pero el aire se cargó de electricidad cuando Ana le reto a mi tía a quitarse la blusa.

Carmen se paró, con una sonrisa pícara, y se desabrochó despacio los botones. El sonido del roce de la tela contra su piel suave fue como un susurro erótico. Sus tetas, grandes y firmes, quedaron envueltas en un bra negro de encaje, los pezones ya duros como piedritas asomando. Olía a su perfume mezclado con sudor ligero, un aroma que me dio un golpe directo al nabo. "Tu turno, pendejo", me dijo guiñándome, y yo me quité la playera, sintiendo sus miradas quemándome la piel tatuada del pecho.

Ana no se quedó atrás. "Reto doble", soltó ella, y besó a mi tía en la boca. Fue un beso suave al principio, labios rozándose con un chasquido húmedo, pero pronto se abrió en lenguas danzando, gemidos bajitos que vibraban en el aire cálido. Yo las veía, hipnotizado, el pulso latiéndome en las sienes, el corazón tronando como tamborazo zacatecano. Mi verga palpitaba, pidiendo salida.

El juego se fue al carajo. Mi tía me jaló del brazo. "Ven, sobrino, no seas rajón". Sus manos calientes en mi piel, el tacto suave de sus palmas callosas por el gym. Nos besamos los tres, un revoltijo de bocas, lenguas saboreando tequila y deseo. Ana olía a vainilla de su crema, mi tía a jazmín salvaje. Sentí sus tetas apretadas contra mi pecho, pezones rozando como fuego.

Nos movimos adentro, a la recámara de mi tía, con sábanas de algodón egipcio que olían a lavanda fresca. La luz de la luna se colaba por las cortinas, pintando sus cuerpos desnudos en plata. Ana se arrodilló primero, desabrochándome los shorts. Mi verga saltó libre, gruesa y venosa, goteando precum que ella lamió con un gemido. "Qué rica verga, Juan", murmuró, mientras mi tía se acercaba, sus labios carnosos envolviéndome la cabeza. El calor de su boca, la succión húmeda, el roce de su lengua en la uretra... no mames, era el paraíso.

Esto es un trio con tía, el sueño mojado de cualquier cabrón, pensé. Pero no era solo sexo, era conexión, deseo puro entre adultos que se querían devorar.

Las puse a las dos en la cama, de rodillas. Lamí la panocha de Ana primero, depilada y jugosa, saboreando su néctar salado-dulce, mientras ella jadeaba "¡Ay, wey, chúpame más!". Sus jugos me chorreaban por la barba. Luego a mi tía, su concha madura con pelitos recortados, hinchada y húmeda, oliendo a mujer en celo. Metí la lengua profundo, sintiendo sus paredes contraerse, su clítoris endureciéndose bajo mis labios. Ella se arqueaba, gimiendo ronco: "¡Sí, sobrino, así, no pares!". El sonido de mis chupadas, chapoteos obscenos, llenaba la habitación, mezclado con sus alaridos y el crujir de la cama.

No aguanté más. Cogí a Ana de misionero, mi verga abriéndose paso en su calor apretado, piel contra piel sudada, slap-slap de caderas chocando. Mi tía se sentó en su cara, restregando su culo redondo y firme. Ana la lamía con fruición, yo sentía las vibraciones de sus gemidos en mi pija. Cambiamos: metí en mi tía por atrás, doggy style, su culazo rebotando contra mi pubis, el sudor goteando por su espalda arqueada. Olía a sexo puro, almizcle y fluidos. Ana debajo, chupándome las bolas, lamiendo donde nos uníamos.

La tensión subía como volcán. "Trio con tía, esto es lo máximo", gruñí yo, mientras ellas se besaban encima de mí. Las puse a las dos a cabalgarme alternadamente. Ana primero, sus chichis bailando, uñas clavándose en mi pecho, su coño ordeñándome. Luego mi tía, experta, girando las caderas en círculos, apretándome con maestría. Sentía sus paredes pulsando, mi verga hinchándose al límite.

El clímax llegó en avalancha. "¡Me vengo!", aulló Ana primero, convulsionando, chorros calientes empapando mis muslos. Mi tía la siguió, su concha contrayéndose como puño, gritando "¡Dame todo, cabrón!". Yo exploté dentro de ella, chorros espesos llenándola, el placer cegador, venas latiendo, cuerpo temblando. Nos derrumbamos, un enredo sudoroso, respiraciones agitadas, piel pegajosa.

Después, en el afterglow, nos acurrucamos bajo las sábanas frescas. El olor a sexo impregnaba todo, pero era reconfortante, como victoria compartida. Ana besó mi pecho, mi tía acarició mi pelo. "Qué chingón estuvo ese trio con tía", susurró Ana riendo bajito. Yo asentí, el corazón lleno, sabiendo que esto no era solo un polvo, sino un lazo más fuerte.

La noche terminó con promesas de más, besos suaves y el sonido de la ciudad durmiendo afuera. Me quedé pensando en lo jodidamente afortunado que era, con dos mujeres empoderadas que me habían llevado al cielo.

Contenido Adulto

Este sitio web contiene material explícito y relatos eróticos destinados exclusivamente a adultos. Debes tener al menos 18 años para acceder a relatossalvajes.cc.

Al ingresar, aceptas nuestros términos de servicio y confirmas que resides en una jurisdicción donde el consumo de este material es legal.