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Parejas Haciendo Tríos Inolvidables

6169 palabras

Parejas Haciendo Tríos Inolvidables

La noche en Polanco estaba viva, con ese bullicio chido de la Zona Rosa que te hace sentir que todo es posible. Marco y yo, Ana, llevábamos meses platicando de eso, de parejas haciendo tríos. Neta, la idea nos ponía calientes como demonios. Él con su sonrisa pícara, yo con mis curvas que siempre le vuelven loco. Estábamos en un bar fancy, sorbiendo tequilas premium, cuando la vi: Sofia, una morra guapísima con pelo negro largo y ojos que prometían travesuras.

¿Será ella?, pensé, mientras mi corazón latía fuerte contra mis costillas. Marco me guiñó el ojo, como diciendo órale, carnala, ve por ella. Me acerqué con una chela en la mano, casualita.

¡Hola, guapa! ¿Vienes sola o qué? Mi carnal y yo estamos buscando compañía chida para la noche.

Sofia se rio, esa risa ronca que te eriza la piel. No mames, qué directo. Pero me late, neta. Ustedes dos se ven rete ricos. Así de fácil, fluyeron las pláticas. Hablamos de todo: de la vida en la CDMX, de lo aburrido de las parejas monótonas, y poco a poco, el tema se calentó. ¿Han probado parejas haciendo tríos? Es lo máximo, soltó ella, y Marco casi se ahoga con su trago. Yo sentí un cosquilleo entre las piernas, como si ya estuviera mojada solo de imaginarlo.

Salimos del bar caminando pegaditos, el aire fresco de la noche rozándonos la piel. Olía a jazmín de los jardines y a esa humedad que anuncia lluvia. Llegamos a nuestro depa en Reforma, un lugar chulo con vista al skyline. Adentro, las luces tenues pintaban sombras sexys en las paredes. Nos sentamos en el sofá de piel suave, que crujía bajo nuestro peso. Marco puso música de Natalia Lafourcade, suave y sensual, para romper el hielo.

Yo empecé, besando a Sofia despacito. Sus labios eran carnosos, sabían a menta y tequila. Qué chingón, su lengua bailando con la mía, pensé, mientras mis manos bajaban por su espalda, sintiendo el calor de su piel a través del vestido ajustado. Marco nos miraba, su verga ya dura marcándose en el pantalón. ¿Les late? murmuró, y nosotras asentimos, jadeantes.

La tensión crecía como una tormenta. Sofia me quitó la blusa, sus uñas rozando mis pezones erectos. Mamacita, qué tetas tan ricas, dijo, y se lanzó a mamarlos. El sonido de su chupeteo húmedo llenaba la habitación, mezclado con mis gemidos bajos. Yo metí la mano bajo su falda, tocando su concha empapada. Estaba caliente, resbalosa, lista. Marco se acercó por detrás, besándome el cuello, su aliento caliente en mi oreja. Olía a su colonia varonil, a sudor fresco y deseo puro.

Acto dos: la escalada. Nos quitamos todo. Desnudos, piel con piel. Sofia se arrodilló frente a Marco, tomando su verga gruesa en la boca. La vi chuparla con hambre, la saliva brillando en la luz baja, el sonido de succión como música prohibida. Yo me masturbaba viéndolos, mis dedos hundidos en mi panocha, sintiendo el pulso acelerado de mi clítoris. No mames, esto es mejor que cualquier porno.

Marco me jaló hacia él, me puso a horcajadas en su cara. Su lengua experta lamía mi concha, saboreando mis jugos dulces y salados. Estás exquisita, mi amor, gruñó entre lamidas. Sofia se unió, besándome mientras él me comía. Nuestras lenguas se enredaban, tetas frotándose, pezones duros chocando. El olor a sexo impregnaba el aire: almizcle, sudor, excitación cruda.

Nos movimos al piso, alfombra mullida bajo nosotros. Sofia se recostó, abriendo las piernas. Vengan, cabrones, fóllanme. Marco la penetró despacio, su verga entrando y saliendo con un chapoteo húmedo. Yo me senté en su cara, cabalgándolo mientras besaba a Sofia. Sentía su nariz contra mi ano, su lengua en mi clítoris, vibrando con cada embestida que Marco le daba. Qué rico, el roce de sus cuerpos contra el mío, el sudor pegándonos como miel.

Intercambiamos. Ahora yo debajo de Marco, su peso delicioso aplastándome, verga hundiéndose hasta el fondo. Sofia lamía mis tetas, luego bajó a lamer donde nos uníamos. Su lengua en mis labios vaginales, en las bolas de él, era una locura sensorial. Gemidos everywhere: mis ahogamientos, los gruñidos de Marco, los suspiros de Sofia. ¡Más duro, pendejo! le grité juguetona, y él obedeció, el slap-slap de piel contra piel acelerándose.

La intensidad subía. Sudor perlando nuestras frentes, gotas cayendo en bocas abiertas. Probé el salado en su piel, lamí el cuello de Sofia, mordí suave el hombro de Marco. Esto es empoderador, nosotras mandando el ritmo, él siguiéndonos el paso. Sofia se corrió primero, arqueando la espalda, un grito ronco escapando: ¡Me vengo, chingados! Su concha contrayéndose alrededor de la verga de Marco, jugos chorreando.

Yo la seguí, el orgasmo explotando como fuegos artificiales. Olas de placer recorriéndome, piernas temblando, visión borrosa. Marco resistía, pero no por mucho. Ya, mi reina, agárrate, jadeó, y se vino dentro de mí, chorros calientes llenándome, desbordando. El olor a corrida fresca, espeso y masculino, me envolvió.

Nos quedamos tirados, respiraciones agitadas calmándose poco a poco. El afterglow era puro éxtasis: pieles enredadas, dedos trazando perezas en espaldas sudorosas. Sofia suspiró: Neta, lo mejor que he probado. ¿Repetimos?. Marco rio bajito, besándome la frente. Esto nos unió más, rompió barreras, nos hizo libres.

La mañana llegó con sol filtrándose por las cortinas. Desayunamos tamales y atole en la terraza, riéndonos de la noche loca. No hubo culpas, solo sonrisas cómplices. Parejas haciendo tríos no era solo sexo; era confianza, aventura compartida. Sofia se despidió con un beso largo, prometiendo volver. Marco y yo nos miramos, sabiendo que nuestra chispa ardía más fuerte que nunca.

Desde esa noche, exploramos más, siempre con respeto y deseo mutuo. La CDMX nos vio crecer, en tríos inolvidables que nos dejaron el alma satisfecha. Y qué chido se siente ser dueños de nuestro placer.

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