Alkaline Trio Is This Thing Cursed Deseo Embrujado
Estás en tu departamento en la Condesa, con esa vista chida al Parque México que siempre te pone de buenas. Es viernes por la noche, el aire huele a jazmín del jardín de abajo y a las tacos de suadero que comiste con ella, tu morra de ojos café que te vuelve loco. Se llama Ana, pero tú le dices Anaña, como un apodo pendejo que se les ocurrió una vez pedos de mezcal. Hoy volvieron de la tianguis en Coyoacán, cargando bolsas con chucherías y un vinilo viejo que encontraron en un puesto de rarezas.
¿Qué pedo con este disco? piensas mientras lo sacas del sobre amarillento. Alkaline Trio, Is This Thing Cursed? El título te suena a algo cabrón, como si estuviera maldito, pero la portada con sus letras punk rock te intriga. Anaña se ríe, quitándose los tenis y estirándose en el sofá de piel blanca.
¿Neta lo vas a poner, wey? Suena como música de película de terror.
Tú sonríes, sientes ese cosquilleo en el estómago que siempre te da cuando ella te mira así, con las piernas cruzadas y la blusa floja dejando ver el encaje negro de su brasier. Órale, ¿por qué no? Le das play en el tocadiscos vintage que tu carnal te prestó. La aguja raspa el vinilo, y de pronto, la guitarra rasposa llena la sala, esa voz ronca de Matt Skiba cantando sobre maldiciones y corazones rotos. El ritmo es crudo, como un latido acelerado.
Anaña se acerca, su perfume a vainilla y algo más salvaje, como sudor fresco, te envuelve. Sus dedos rozan tu brazo, un toque ligero que te eriza la piel. Esto se siente diferente, piensas. La música parece colarse en tus venas, haciendo que cada nota vibre en tu pecho. Sus labios se curvan en una sonrisa pícara.
—Ven pa'cá, pendejo —te dice, jalándote hacia ella.
Sus bocas se encuentran, un beso suave al principio, saboreando el picor de la salsa de los tacos en su lengua. Tus manos bajan por su espalda, sintiendo la curva de su cintura bajo la tela delgada. El bajo de la canción retumba, y sientes cómo tu pulso se acelera al ritmo, como si el disco estuviera cursed, embrujado para avivar el fuego que ya ardía entre ustedes.
La llevas a la recámara, la luz tenue de las velas que prendieron antes parpadea en las paredes blancas. El colchón king size los recibe, mullido y fresco. Anaña se quita la blusa con lentitud, revelando su piel morena, suave como el chocolate mexicano que comen en Día de Muertos. Tú la miras, hipnotizado, mientras la canción cambia a una más intensa, con baterías que suenan como tambores chamánicos.
¿Es este pinche disco el que nos está poniendo así de calientes? te preguntas en tu cabeza, pero no paras. Tus labios recorren su cuello, probando el salado de su sudor mezclado con su loción. Ella gime bajito, un sonido que se funde con la guitarra distorsionada. Sus uñas arañan tu espalda, no fuerte, sino lo justo para mandarte chispas por todo el cuerpo.
Le desabrochas el brasier, y sus tetas saltan libres, pezones duros como piedras de obsidiana. Los chupas con hambre, sintiendo su sabor dulce, como leche de coco fresca. Anaña arquea la espalda, sus caderas se mueven contra las tuyas, frotando esa humedad que ya empapa sus calzones. El olor a excitación llena el aire, almizclado y embriagador, como el incienso de un temazcal.
—Quítate todo, wey —te ordena, con voz ronca, y tú obedeces, tu verga ya dura como fierro saltando libre. Ella la agarra, suave pero firme, masturbándote mientras la música sigue, Alkaline Trio gritando sobre cosas malditas que ahora parecen benditas.
El beso se profundiza, lenguas enredadas, respiraciones jadeantes. Tus dedos bajan a su panocha, resbaladiza y caliente, el clítoris hinchado pulsando bajo tu pulgar. Ella jadea, ¡ay, cabrón!, y aprieta las nalgas contra tu mano. La penetras con dos dedos, sintiendo cómo sus paredes se contraen, jugosas y ansiosas. El sonido húmedo de sus fluidos se mezcla con el rasgueo de las cuerdas, creando una sinfonía sucia y perfecta.
Pero no apresuran nada. La tensión crece como una tormenta en el Pacífico, lenta y pesada. Anaña te empuja boca arriba, montándote el pecho con sus muslos fuertes. Baja besando tu torso, lamiendo el sudor salado de tu ombligo, hasta llegar a tu pinga. La engulle despacio, su boca caliente y húmeda, lengua girando alrededor del glande. Sientes el vacío en el estómago, el placer subiendo como lava.
Neta, este disco de Alkaline Trio, Is This Thing Cursed?, nos tiene poseídos, piensas, mientras sus labios suben y bajan, succionando con maestría.
Tú gimes, agarrando sus greñas negras, oliendo su shampoo de romero. El ritmo de la chupada sigue el de la batería, rápido ahora, desesperado. Pero paran antes del borde, porque quieren más. Ella se sube encima, guiando tu verga a su entrada. Deslizas adentro, centímetro a centímetro, sintiendo cómo la envuelve, apretada y ardiente. ¡Qué chingón! gritas en tu mente.
Empieza a cabalgar, sus tetas rebotando, sudor goteando entre ellas. Tú agarras sus caderas, embistiendo desde abajo, el choque de pieles suena como palmadas en una fiesta de cumbia. El olor a sexo es espeso, mezclado con el humo de las velas de lavanda. Sus gemidos suben de volumen, ¡más fuerte, wey, así!, y tú obedeces, sintiendo el orgasmo acechando como un lobo.
La volteas, ahora ella de rodillas, culo en pompa perfecto, redondo y firme. La penetras por atrás, profundo, tus bolas golpeando su clítoris. El vinilo sigue girando, la última canción un clímax punk que los empuja al límite. Tus manos amasan sus nalgas, un dedo roza su ano, juguetón, y ella tiembla, pidiendo más.
El ritmo se acelera, jadeos entrecortados, pieles resbalosas de sudor. Sientes sus paredes contraerse, ordeñándote, y ella grita, ¡me vengo, cabrón!, su cuerpo convulsionando, jugos chorreando por tus muslos. Tú no aguantas, explotas dentro, chorros calientes llenándola, el placer cegador como un rayo.
Caen exhaustos, enredados en las sábanas revueltas. La aguja del tocadiscos raspa el final del disco, silencio roto solo por sus respiraciones pesadas. Anaña se acurruca en tu pecho, su piel pegajosa contra la tuya, oliendo a sexo y satisfacción.
—¿Viste qué pedo con ese Alkaline Trio, Is This Thing Cursed? —dice riendo bajito—. Como si estuviera embrujado pa' cogerte así de rico.
Sí, wey, cursed pero en el buen sentido, piensas, besando su frente.
Se quedan así, el corazón latiendo al unísono, el deseo saciado pero con esa chispa que promete más noches locas. Afuera, la ciudad murmura, pero en su mundo, todo es paz caliente y conexión profunda. Mañana quizás busquen más discos malditos, pero esta noche, son invencibles.