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Diez Imágenes con Tra Tre Tri Tro Tru

6917 palabras

Diez Imágenes con Tra Tre Tri Tro Tru

Estabas tirada en el sillón de tu depa en la Roma, con el sol de la tarde colándose por las cortinas entreabiertas, cuando te vibró el celular. Era un mensaje de Marco, tu carnal del gym que últimamente te traía loca con esas miradas que prometían más que pesas y sudor. Abriste el chat y el título te sacó una risa: 10 imagenes con tra tre tri tro tru. ¿Qué chingados? Sonaba a un pinche trabalenguas de esos que te enseñaban en la primaria, pero con ese wey, nada era inocente. Tu pulso se aceleró un poquito, el corazón latiéndote en el pecho como tambor de cumbia.

La primera imagen cargó: Marco de torso desnudo, parado frente al espejo de su baño, con gotas de agua resbalando por sus pectorales duros, brillando como aceite bajo la luz LED. El caption decía Tra, y de volada pensaste en "trágame", en cómo su piel olía a jabón de lavanda mezclado con ese macho sudor fresco que te volvía loca. Lamiste tus labios sin querer, sintiendo el calor subirte por el cuello.

La segunda: Tre. Él de rodillas, camisa desabotonada, la mano en el borde del pantalón, abultado justo ahí donde imaginabas su verga tiesa. El sonido imaginario de su respiración agitada te llegó como un susurro en la oreja.

¿Y si le contesto ya? No mames, me estoy mojando nomás de verlo
, pensaste, mientras tus dedos rozaban tu muslo por encima del short de algodón, suave contra tu piel caliente.

Tercera y cuarta, Tri y otra Tri: close-ups de su abdomen marcado, el vello oscuro bajando en línea recta hacia la promesa, y luego su boca entreabierta, lengua asomando jugosa, como invitándote a chuparla. Olías tu propia excitación, ese aroma almizclado que subía desde tu panocha, dulce y salado a la vez. Tus pezones se endurecieron contra la blusa ligera, rozando la tela con cada respiro hondo.

Las siguientes dos con Tro: él recargado en la pared, pantalón a medio bajar, la cabeza de su verga asomando rosada y venosa, goteando pre-semen que brillaba como perla. Tocaste la pantalla, como si pudieras sentir la textura aterciopelada, caliente, latiendo. Troza, murmuraste en voz baja, riéndote sola, pero tu coño palpitaba pidiendo más.

Ya con Tru, las últimas dos imágenes te dejaron sin aliento: una de su mano empuñando esa riata gruesa, venas marcadas, y la final con los ojos fijos a la cámara, labios húmedos, como diciendo truenan mis bolas por ti. El paquete completo, 10 imagenes con tra tre tri tro tru, te tenía las bragas empapadas, el clítoris hinchado rozando la costura del short.

No aguantaste. Le mandaste un audio jadeante: "Órale, cabrón, ¿qué traes con eso del tra tre tri tro tru? Me tienes que chingar ya". Su respuesta fue inmediata, voz ronca por el altavoz: "Ven pa'cá, mi reina. Es un jueguito pa' que practiques el trabalenguas mientras te como entera". El sonido de su risa grave te erizó la piel, como si ya te estuviera lamiendo el cuello.

Te levantaste de un brinco, el aire fresco del ventilador acariciando tus piernas desnudas mientras te cambiabas. Shortcito ajustado, top sin bra, perfume de vainilla que sabía que lo volvía loco. El tráfico de la Condesa era un desmadre, pero llegaste a su loft en Insurgentes en menos de veinte, el corazón retumbando con cada semáforo. Tocaste el interfón y su voz crujió: "Sube, tra tre tri tro tru, te espero desnudo".

La puerta se abrió y ahí estaba, en bóxer gris ceñido, el bulto enorme palpitando. Te jaló adentro, sus manos grandes en tu cintura, piel contra piel ardiente. Olía a colonia fuerte, a hombre listo pa'l desmadre. "¿Listos pa' las diez imágenes en vivo?", gruñó, besándote el cuello, dientes rozando suave. Su barba incipiente raspaba delicioso, enviando chispas directo a tu entrepierna.

Te llevó al sillón, te sentó a horcajadas sobre él. Sus dedos se colaron bajo tu short, encontrando tu humedad resbalosa. "Tra", susurró, metiendo dos dedos despacio, curvándolos para tocar ese punto que te hacía arquear la espalda. Gemiste, el sonido húmedo de tu panocha chupando sus dedos llenando la habitación. Saboreaste su boca, lengua danzando con la tuya, salada y dulce como tequila con limón.

Escaló el jueguito. "Tre", dijo quitándote la blusa, mamando tus tetas con hambre, succionando los pezones hasta que dolían de placer. Tus uñas se clavaron en sus hombros anchos, sintiendo los músculos tensos bajo la piel sudada.

Neta, este pendejo sabe cómo hacerme temblar
, pensaste, mientras bajabas la mano a su verga, dura como fierro, latiendo en tu palma.

En el piso, alfombra mullida bajo tus rodillas, le bajaste el bóxer. "Tri", ordenó juguetón, y tragaste la cabeza hinchada, lengua girando alrededor del frenillo, probando el sabor salobre de su esencia. Él jadeaba, manos en tu pelo, "Traga, mi amor, tri tri tri". El sonido de su voz ronca, los gemidos guturales, te mojaban más, tu clítoris rogando atención.

Te levantó como pluma, te recargó en la mesa de vidrio fría contra tu espalda caliente. "Tro", gruñó embistiéndote de un jalón, su verga abriéndote centímetro a centímetro, llenándote hasta el fondo. El choque de pelvis era rítmico, piel palmoteando piel, sudor goteando entre vuestros cuerpos. Olías el sexo puro, ese olor animal que enloquece, mientras él te chingaba profundo, sacando y metiendo con fuerza controlada.

La tensión crecía, tus paredes apretándolo, su respiración agitada en tu oído. "Tru", jadeó acelerando, bolas golpeando tu culo, trueno de placer retumbando en tu vientre. Tus piernas temblaban alrededor de su cintura, uñas arañando su espalda.

Ya casi, cabrón, no pares
. El clímax te golpeó como ola en Acapulco, coño contrayéndose en espasmos, gritando su nombre mientras él se vaciaba dentro, chorros calientes inundándote, semen espeso mezclándose con tus jugos.

Colapsaron juntos en la cama king size, sábanas de algodón egipcio absorbiendo el sudor. Su pecho subía y bajaba contra el tuyo, corazón latiendo al unísono. Besos suaves ahora, lenguas perezosas. "¿Qué tal las diez imágenes en carne y hueso?", murmuró riendo bajito, mano acariciando tu nalga. Sonreíste, exhausta y satisfecha, oliendo su piel marcada por tus besos. Tra tre tri tro tru, repetiste en susurro, y los dos se rieron, sabiendo que el jueguito apenas empezaba.

La noche cayó sobre la ciudad, luces de neón parpadeando afuera, pero adentro solo existían vuestros cuerpos entrelazados, el eco de gemidos y el sabor persistente del placer en la boca. Mañana practicarían más trabalenguas, pero por ahora, el afterglow los envolvía como manta tibia, prometiendo rondas infinitas.

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