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El Chavo de Onda y Sus Letras Ardientes

7197 palabras

El Chavo de Onda y Sus Letras Ardientes

La noche en Polanco ardía con ese calor pegajoso de mayo en la Ciudad de México. Tú, vestida con un vestido negro ajustado que rozaba tus curvas como una caricia prohibida, entraste al bar clandestino donde la banda local tocaba covers de rock mexicano. El humo de los cigarros se mezclaba con el aroma dulce del mezcal y el perfume caro de la gente bien. Qué chido lugar, pensaste, mientras el ritmo de la guitarra te hacía mover las caderas sin querer.

De pronto, los primeros acordes de El Tri llenaron el aire. "Chavo de onda", esa rola eterna que te llevaba de vuelta a las fiestas de juventud. Las letras flotaban como un hechizo:

Soy el chavo de onda
siempre en la jugada
no me rajo nunca
ni aunque me agarren
La voz del vocalista era ronca, pero entonces lo viste a él. Apoyado en la barra, con una cerveza en la mano, moreno como el chocolate de Oaxaca, ojos negros que brillaban bajo las luces neón. Jeans desgastados que marcaban sus piernas fuertes, camisa entreabierta dejando ver un pecho tatuado con un águila rockera. Era él, el chavo de onda en carne y hueso, encarnando cada palabra de esas el tri chavo de onda lyrics.

Te miró directo, como si las letras hablaran por él. Tú sentiste un cosquilleo en el estómago, el pulso acelerándose al ritmo de la batería. Órale, wey, este vato es puro fuego, te dijiste, mientras te acercabas fingiendo pedir un trago. "Una chela bien fría", pediste al barman, pero tu voz salió más suave de lo planeado. Él se giró, sonrisa ladeada. "Qué onda, morra. ¿Te late la rola? El Tri siempre prende". Su voz era grave, con ese acento chilango que te erizaba la piel, como terciopelo raspado.

Conversaron entre sorbos y risas. Se llamaba Alex, pero todos lo llamaban Chavo, por obvias razones. Contó anécdotas de conciertos en el Vive Latino, de cómo las letras de El Tri le habían salvado la noche más de una vez. Tú reías, tocando su brazo sin darte cuenta, sintiendo el calor de su piel bajo tus dedos. El bar olía a limón quemado del mezcal y a su colonia masculina, madera y especias. La tensión crecía lenta, como el humo que subía al techo. Él se acercó más, su aliento cálido en tu oreja: "Ven, bailemos esas letras que nos llaman".

La pista estaba llena, cuerpos sudados rozándose al compás. Sus manos en tu cintura, firmes pero gentiles, te guiaron. Sentiste sus músculos contra tu espalda, el roce de su entrepierna endureciéndose sutilmente. Neta, este chavo sabe lo que hace. Cantó bajito las el tri chavo de onda lyrics en tu oído:

Chavo de onda, chavo de onda
el que no se raja pa'l cotorreo
Cada palabra vibraba en tu cuello, enviando chispas directo a tu centro. Tus pezones se endurecieron bajo el vestido, rozando la tela con cada giro. El sudor perlaba su frente, goteando salado que lamiste de su clavícula sin pensarlo. Él gimió bajito, "Pinche morra, me estás volviendo loco".

El deseo escalaba como una ola en Acapulco. Salieron del bar tomados de la mano, el aire nocturno fresco contrastando con el calor entre sus cuerpos. Caminaron hasta su depa en una torre con vista al skyline, risas nerviosas rompiendo el silencio. Adentro, luces tenues, un tocadiscos viejo girando más El Tri. "Siéntate", dijo, sirviendo tequila en shots. Bebieron, ojos clavados, lenguas rozando el borde del vaso. Tú lo jalaste por la camisa, besándolo con hambre. Sus labios eran suaves pero urgentes, lengua explorando tu boca con sabor a cerveza y menta.

Te cargó sin esfuerzo hasta el sofá de cuero negro, que crujió bajo su peso. Sus manos subieron por tus muslos, arrugando el vestido, exponiendo tu piel a su mirada hambrienta. "Eres preciosa, wey", murmuró, besando tu cuello, mordisqueando suave hasta dejarte jadeante. Sentiste su erección presionando contra ti, dura como piedra, prometiendo placer. Tus uñas arañaron su espalda, oliendo su sudor limpio, ese aroma varonil que te mareaba. Quiero sentirlo todo, pensaste, mientras desabotonabas su pantalón.

Él se arrodilló, besando tu vientre, bajando lento. El vestido se subió, y sus labios encontraron tus bragas de encaje, húmedas ya. Las apartó con dientes, lengua lamiendo tu clítoris con maestría. Gemiste fuerte, el sonido rebotando en las paredes. "¡Órale, Chavo!", gritaste, caderas arqueándose. Su boca chupaba, succionaba, lengua danzando como las letras de esa rola: incansable, juguetona. El olor de tu arousal llenaba el aire, almizclado y dulce. Tus manos en su pelo negro, tirando suave, mientras olas de placer subían desde tu sexo.

Pero querías más. Lo jalaste arriba, quitándole la camisa. Sus tetas firmes, pectorales duros bajo tus palmas. Lamiste sus pezones, mordiendo juguetona, oyendo su gruñido ronco. "Pinche diosa", dijo, volteándote boca abajo. Sus dedos exploraron tu entrada, resbalosos de tus jugos, metiéndose uno, luego dos, curvándose para tocar ese punto que te hacía ver estrellas. El sonido húmedo de sus embestidas digitales era obsceno, delicioso. Sudor goteaba de su pecho a tu espalda, pieles pegándose con calor.

Te puso de rodillas, él detrás, condón ya puesto –siempre responsable, el chavo de onda–. La punta de su verga rozó tus labios vaginales, untándose en tu humedad. "Dime si quieres, morra", jadeó, voz temblorosa de contención. "Sí, carajo, métemela ya", suplicaste, empujando hacia atrás. Entró lento, centímetro a centímetro, estirándote deliciosamente. Gemiste al sentirlo lleno, grueso, pulsando dentro. El ritmo empezó suave, caderas chocando con palmadas suaves, su pubis rozando tu clítoris.

Aceleró, manos en tus caderas, jalándote contra él. El sofá crujía, cuerpos sudados resbalando. "¡Más fuerte, wey!", pediste, y él obedeció, embistiendo profundo, huevos golpeando tu piel. Sentías cada vena de su polla, el calor irradiando. El aire olía a sexo puro: semen contenido, tus fluidos, sudor. Sus dedos bajaron a tu clítoris, frotando círculos rápidos. La tensión crecía, coiling en tu vientre como un resorte. Recordaste las letras:

El que no se raja pa'l cotorreo
, y neta, ninguno se rajaba.

El clímax te golpeó primero, violento. Tu coño se contrajo alrededor de él, ordeñándolo, jugos chorreando por tus muslos. Gritaste su nombre, "¡Alex, chavo, ay!", visión nublándose. Él siguió bombeando, gruñendo, hasta que se tensó, corriéndose dentro del condón con un rugido gutural. Colapsaron juntos, respiraciones jadeantes, pieles pegajosas. Te volteó, besándote lento, lenguas perezosas ahora.

Se quedaron así, envueltos en sábanas suaves que olían a lavanda. El tocadiscos seguía con El Tri de fondo, las el tri chavo de onda lyrics ahora un eco suave. "Qué noche, ¿verdad?", murmuró, acariciando tu pelo. Tú sonreíste, dedo trazando su tatuaje. Este chavo no es solo onda, es fuego que quema bonito. El amanecer pintaba el cielo de rosa, y supiste que esto era solo el principio. Deseo satisfecho, pero con promesas de más rondas, más letras ardientes por cantar juntos.

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