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Intento con la Letra de Macy Gray

6507 palabras

Intento con la Letra de Macy Gray

Estaba en mi depa de la Condesa, con las luces tenues y el aire cargado de ese olor a jazmín que entra por la ventana abierta. Era viernes por la noche, y Marco, mi carnal de toda la vida, había llegado con una botella de tequila reposado y esa sonrisa pícara que me deshace las rodillas. Órale, Ana, ¿qué pedo con esa cara de "no me mires así"? me dijo mientras se servía un trago, su voz ronca como el eco de un corrido norteño.

Yo intentaba hacerme la dura, neta. Llevábamos años en esa onda de amigos con derechos no declarados, pero últimamente la cosa se sentía diferente. Cada vez que se acercaba, mi piel se erizaba como si un viento caliente del desierto me rozara. Puse música en el Spotify para romper el hielo, y de repente sonó I Try de Macy Gray. Esa voz rasposa, soul puro, y la letra me pegó directo en el pecho: "I try to say goodbye and I choke... Try to walk away and I stumble". Wey, justo lo que me pasa contigo, pensé, mientras lo veía recargado en la barra de la cocina, su camisa negra ajustada marcando los músculos del pecho.

El tequila bajaba suave, quemando la garganta con ese sabor ahumado a vainilla, y el ritmo de la canción nos invitaba a movernos. "Baila conmigo, pendejo", le dije juguetona, extendiendo la mano. Él se rio, ese sonido grave que vibra en mi ombligo, y me jaló hacia él. Nuestros cuerpos se pegaron al instante, su calor filtrándose a través de la tela delgada de mi blusa. Olía a él: mezcla de jabón fresco, sudor limpio y un toque de tabaco que me volvía loca. Intentaba resistir, no caigas, Ana, no caigas, pero la letra de Macy Gray seguía sonando en loop en mi cabeza, como un mantra traicionero.

La canción avanzaba, y sus manos bajaron por mi espalda, deteniéndose en mis caderas. Sentí sus dedos apretar justo ahí, firme pero tierno, como si supiera exactamente el mapa de mis deseos. Mi corazón latía desbocado, un tamborazo en el pecho que ahogaba la música. "Tú siempre intentando hacerte la loca", murmuró en mi oído, su aliento caliente rozando mi lóbulo, enviando chispas directo a mi entrepierna. Intenté alejarme un poquito, pero tropecé con sus piernas fuertes, igualito que en la letra.

I try to say goodbye and I choke
, repetí mentalmente, riéndome bajito de lo ridículo que era pelear contra esto.

Nos movíamos lentos, un vaivén hipnótico que hacía que mi falda se subiera poquito a poco. El roce de su jean contra mis muslos era eléctrico, áspero y prometedor. Mi olor a perfume de gardenias se mezclaba con el suyo, creando una nube embriagadora que me nublaba la razón. "Marco, neta, no sé si...", empecé a decir, pero él me calló con un beso. Sus labios eran suaves al principio, probando, como catando el tequila en mi boca. Saboreé el dulzor salado de su lengua, explorando la mía con hambre contenida. Chíngame, ya perdí, me dije, rindiéndome al beso que se profundizaba, sus manos ahora en mi culo, amasándolo con devoción.

La música cambió a algo más lento, pero la letra de I Try seguía atormentándome, un eco sensual en mi mente. Lo empujé suave hacia el sofá, queriendo tomar el control, empoderarme en esta danza. Se dejó caer, sus ojos oscuros fijos en mí, brillando con deseo puro. Me subí a horcajadas sobre él, sintiendo su verga dura presionando contra mi panocha a través de la ropa. Qué chingón se siente eso, gemí internamente, mientras frotaba mis caderas en círculos lentos. El calor entre nosotros crecía, mi humedad empapando las bragas, el olor almizclado de mi excitación flotando en el aire.

"Quítate la blusa, preciosa", me pidió con voz ronca, y yo obedecí, dejando que mis tetas rebotaran libres. Él las tomó en sus manos grandes, callosas del gym, pellizcando los pezones hasta ponérmelos duros como piedras. El placer era agudo, un rayo que bajaba directo a mi clítoris hinchado. Bajé la cabeza y lo besé el cuello, lamiendo la sal de su piel, mordisqueando suave hasta oírlo jadear. "Ana, me traes loco, wey", gruñó, sus caderas empujando arriba, buscando más fricción.

Desabroché su pantalón con dedos temblorosos, liberando su verga gruesa, venosa, palpitante. La tomé en la mano, sintiendo el calor vivo, la suavidad de la piel sobre la rigidez de acero. Él siseó cuando la apreté, pre-semen brillando en la punta. Me bajé las bragas a un lado y lo guié dentro de mí, centímetro a centímetro. Ay, cabrón, qué rico te sientes, pensé mientras me hundía, mi coño apretándolo como guante. El estiramiento era delicioso, lleno, y empecé a cabalgarlo despacio, saboreando cada embestida.

El sofá crujía bajo nosotros, sincronizado con nuestros gemidos. Sudor perlando su pecho, yo lo lamí, salado y adictivo. Sus manos en mis caderas me guiaban, más rápido ahora, el slap-slap de piel contra piel ahogando todo. La tensión subía como olla exprés, mi vientre contrayéndose, el orgasmo acechando. "Más fuerte, Marco, chíngame duro", le rogué, y él obedeció, clavándome desde abajo con furia controlada. Recordé la letra otra vez: I don't really want to really want to let go. Neta, no quiero soltarte nunca.

La habitación olía a sexo crudo: almizcle, sudor, tequila derramado. Mis uñas en su espalda, dejando marcas rojas que mañana dolerían rico. Él se incorporó, chupando mis tetas mientras follábamos, su boca caliente succionando, dientes rozando. El clímax me golpeó como ola en Acapulco, mi coño convulsionando alrededor de su verga, chorros de placer escapando. "¡Me vengo, wey!", grité, el mundo explotando en luces blancas. Él me siguió segundos después, gruñendo mi nombre, llenándome con chorros calientes que se desbordaban.

Colapsamos juntos, jadeantes, pegajosos. Su cabeza en mi pecho, escuchando mi corazón galopante calmarse. La música había parado, pero la letra de Macy Gray seguía en mi mente, ahora como victoria. Intenté resistir, pero qué chido que fallé. Lo besé la frente, oliendo su pelo húmedo. "Eres lo máximo, Ana", murmuró, y yo sonreí, sintiéndome poderosa, llena.

Nos quedamos así un rato, envueltos en sábanas revueltas, el amanecer tiñendo el cielo de rosa. No hubo promesas locas, solo esa conexión profunda, mexicana y real: carnales en todo sentido. La letra de I Try se convirtió en nuestro himno secreto, recordatorio de que a veces, lo mejor es no intentar tanto.

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