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Nuestro Trio Amateur Porn Casero

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Nuestro Trio Amateur Porn Casero

Era una noche calurosa en el depa de Marco, mi carnalazo de novio, aquí en la Roma Norte. El aire olía a tacos de la esquina y a esa cerveza fría que nos estábamos echando. Yo, Ana, con mi shortcito ajustado y blusita escotada, me sentía como reina de la fiesta. Llegó Luis, el mejor amigo de Marco desde la prepa, alto, moreno, con esa sonrisa pícara que te hace mojar de solo verlo. Los tres nos conocíamos de años, pero esa noche el ambiente se sentía diferente, cargado de esa electricidad que precede a lo prohibido.

¿Y si grabamos algo chido? Algo nuestro, un trio amateur porn bien casero, pa' vernos después y echarnos unas risas... o lo que salga.
Dijo Marco con esa voz ronca, pasándome la chela mientras me guiñaba el ojo. Luis se rio, pero vi cómo sus ojos se clavaban en mis chichis. Neta, el corazón me latía como tamborazo en una fiesta de pueblo. "¿Están locos o qué? ¿Yo en un trio amateur porn?", contesté juguetona, pero ya sentía el calor subiendo por mis muslos.

Nos fuimos a la recámara, el colchón king size esperándonos como altar. Marco prendió la cámara del celular, la puso en el trípode improvisado con libros. "Pa' que quede chingón", dijo. Luis me miró fijo, y yo sentí su mano rozar mi cintura. El cuarto olía a su colonia mixturada con mi perfume de vainilla, y el zumbido del ventilador era como un susurro invitando al desmadre.

Empecé con Marco, besándolo profundo, su lengua saboreando a tequila y deseo. Sus manos grandes me apretaban las nalgas, y yo gemía bajito, sintiendo mi panocha humedecerse. Luis se acercó por atrás, su aliento caliente en mi cuello. "Estás rica, morra", murmuró, y su verga ya dura se presionaba contra mi culo. El roce era eléctrico, piel contra piel sudada, el sonido de respiraciones agitadas llenando el aire.

Acto uno completo: la introducción al vicio. Me quité la blusa despacio, dejando que vieran mis tetas firmes, pezones duros como piedras. Marco lamió uno, succionando con fuerza, mientras Luis bajaba mi short, exponiendo mi tanguita empapada. Olía a sexo puro, ese aroma almizclado que te pone cachonda al instante. "Mírala, carnal, ya está lista pa'l trio", dijo Marco, y yo reí nerviosa, pero excitada hasta los huesos.

La tensión crecía como olla exprés. Me arrodillé entre ellos, las rodillas hundiéndose en la alfombra áspera. Saqué las vergas: la de Marco gruesa y venosa, la de Luis larga y curvada. Las tomé en mis manos, piel caliente latiendo, venas pulsantes bajo mis dedos. Lamí la punta de Marco, salada y pre-semenosa, mientras pajeaba a Luis. Sus gemidos eran música, "¡Ay, wey, qué chido!", "¡Sigue, Ana, no pares!". El sabor me volvía loca, mezcla de sudor y hombría mexicana.

Me recosté, piernas abiertas como invitación. Marco se hundió en mí primero, su verga abriéndome despacio, centímetro a centímetro. Sentí cada vena rozando mis paredes, el estirón delicioso. "¡Qué apretada estás, pinche diosa!", gruñó. Luis se acercó a mi boca, follándome la garganta suave, su pubis oliendo a hombre puro. El cuarto se llenaba de slap-slap de carne contra carne, mis jugos chorreando por mis muslos.

Neta, esto es mejor que cualquier porno profesional. Este trio amateur porn es nuestro, crudo y real.
Pensé mientras cambiábamos posiciones. Ahora yo cabalgando a Luis, su verga golpeando mi fondo, ondas de placer subiendo por mi espina. Marco detrás, lamiendo mi ano, su lengua juguetona haciendo que me retorciera. El sudor nos pegaba, piel resbalosa, el olor a sexo intenso como niebla espesa. "¡Chíngame más fuerte, pendejos!", grité, y ellos obedecieron, embistiéndome en sincronía perfecta.

La intensidad subía. Luis me volteó a cuatro patas, metiéndomela por el culo con lubricante casero de saliva y jugos. Dolor inicial que se convirtió en éxtasis puro, su grosor llenándome hasta reventar. Marco debajo, follándome la panocha, doble penetración que me hacía ver estrellas. Sentía sus vergas rozándose a través de mi carne delgada, pulsos sincronizados. Mis tetas rebotaban, pezones rozando el pecho velludo de Marco, su aliento jadeante en mi cara.

Los sonidos eran sinfonía: mis alaridos "¡Sí, cabrones, así!", sus gruñidos animales, el chapoteo húmedo. Olía a semen próximo, a mi squirt acumulándose. Tensión máxima, mis músculos contrayéndose, uñas clavándose en sus espaldas. "¡Me vengo, weyes!", exploté, chorros calientes salpicando, cuerpo temblando como en terremoto.

Ellos no pararon. Marco se corrió primero, llenándome la panocha de leche caliente, espesa, goteando por mis piernas. Luis sacó, pintándome la cara y tetas, chorros blancos calientes que lamí ansiosa, sabor salado y amargo. Colapsamos en un enredo de cuerpos sudorosos, respiraciones entrecortadas, risas cansadas.

Después, el afterglow. Apagamos la cámara, ese trio amateur porn grabado pa' siempre en nuestro celular. Nos duchamos juntos, agua tibia lavando el sudor, manos suaves acariciando moretones de pasión. En la cama, envueltos en sábanas frescas, Marco me besó la frente. "Fue lo máximo, mi amor". Luis, abrazándome por el otro lado: "Neta, repetimos cuando quieran".

Este trio no fue solo sexo; fue conexión, confianza, un pedazo de nosotros tres eternizado. ¿Quién dice que el amateur no es el mejor porno?
Me dormí entre ellos, el corazón pleno, el cuerpo satisfecho, soñando con la próxima vez. La noche en la Roma se calmaba afuera, pero dentro de mí ardía un fuego nuevo.

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