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Chicharito Regresa al Tri y Enciende Mi Deseo

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Chicharito Regresa al Tri y Enciende Mi Deseo

El bullicio del aeropuerto de la Ciudad de México era ensordecedor, con gritos de fans y flashes de cámaras iluminando la terminal. Yo, Valeria, estaba ahí entre la multitud, con el corazón latiéndome a mil por hora. Las pantallas de noticias no paraban de repetir Chicharito regresa al Tri, y cada mención me hacía recordar esa noche hace dos años, cuando su cuerpo se fundió con el mío en una suite de hotel en Guadalajara. Su piel morena sudada, el olor a hierba fresca de su uniforme mezclado con esa colonia varonil que me volvía loca. Neta, desde que se fue al extranjero, no había podido sacármelo de la cabeza.

Lo vi salir por la puerta de llegadas, flanqueado por su agente y unos carnales del equipo. Seguía igual de guapo, con esa sonrisa pícara y el pelo revuelto. Nuestras miradas se cruzaron un segundo, y sentí un cosquilleo en el estómago. ¿Me recordaría? Yo era solo una fanática empedernida que había ganado un concurso para cenar con él antes del Mundial. Esa noche terminamos enredados en las sábanas, explorando cada rincón del otro con una pasión que aún me erizaba la piel.

Órale, Valeria, no seas pendeja, pensó mi mente. Él es una estrella, tú solo una morra del barrio que ahora trabaja en relaciones públicas del Tri. Pero ese fuego... ay, ese fuego no se apaga fácil.

Me abrí paso entre la gente, fingiendo ser parte del staff. ¡Javier! ¡Bienvenido de vuelta! grité, y él volteó, sus ojos verdes clavándose en mí como dardos. ¡Valeria! ¡No mames, qué chido verte aquí! Su voz ronca, con ese acento jalisciense, me derritió. Nos dimos un abrazo rápido, pero suficiente para sentir la dureza de sus pectorales contra mis tetas y oler ese aroma familiar que me hacía mojarme al instante.

Acto primero: el reencuentro en el hotel del equipo. Me invitó a la conferencia de prensa como colaboradora especial, y ahí, sentados en la mesa, nuestras rodillas se rozaban bajo el mantel. Cada vez que respondía preguntas sobre su regreso, su mano rozaba la mía disimuladamente. Chicharito regresa al Tri para ganar la Copa, cabrones, dijo al micrófono, y yo sentí su pulgar acariciando mi piel. El aire se cargó de tensión, el sonido de las cámaras como un latido acelerado. Mi coño palpitaba, recordando cómo me había lamido hasta hacerme gritar.

Después, en el lobby, me jaló a un rincón. Netas, Valeria, no he dejado de pensar en ti. Ese culito tuyo me tiene loco, murmuró al oído, su aliento caliente rozando mi oreja. Yo reí bajito, Pos yo en tu verga dura, wey. Bienvenido a casa. Nos besamos rápido, sus labios suaves y urgentes, saboreando a menta y deseo reprimido. Pero el staff rondaba, así que nos separamos, prometiendo vernos después del entrenamiento.

El segundo acto empezó en el Centro de Alto Rendimiento. Yo tenía acceso como parte del equipo de prensa, pero mi mente estaba en otra. Lo vi en el campo, corriendo con esa gracia felina, el sudor perlando su frente, los músculos de sus piernas flexionándose bajo los shorts ajustados. El olor a césped recién cortado y a hombres sudados llenaba el aire. Desde las gradas, lo observaba, imaginando mis uñas arañando esa espalda ancha.

¿Y si no pasa nada? ¿Y si solo fue un recuerdo?, me cuestionaba. Pero no, su mirada cada vez que pasaba cerca de mí decía lo contrario. Quería cogérmela ahí mismo, frente a todos.

Durante el descanso, me colé en los vestidores con una excusa tonta de entrevista exclusiva. El vapor de las regaderas empañaba el espejo, y él estaba ahí, semidesnudo, con una toalla baja en las caderas. Ven, morra, dijo, jalándome al baño privado. Nos besamos con hambre, sus manos grandes amasando mis nalgas, mi lengua danzando con la suya. Sentí su erección presionando contra mi vientre, dura como piedra. Te extrañé tanto, pinche Valeria. Tu chucha apretadita me hace soñar, gruñó, mordisqueando mi cuello. Yo gemí, Yo también, Chicharito. Fóllame como antes. Pero el entrenador gritó que volviera al campo. Esta noche, en mi habitación. No faltes, prometió, dándome una nalgada que resonó como un trueno.

La tarde se hizo eterna. En la sesión de fotos, posaba con él, su brazo alrededor de mi cintura, el calor de su cuerpo traspasando la ropa. Cada roce era electricidad: sus dedos en mi cadera, mi mano rozando su paquete disimuladamente. El deseo crecía como una tormenta, mis bragas empapadas, el olor de mi propia excitación mezclándose con su sudor. Hablamos en susurros de lo que haríamos: yo de rodillas chupándosela hasta que se viniera en mi boca, él lamiéndome el clítoris hasta hacerme temblar.

La tensión explotó al anochecer. Subí a su habitación en el hotel, el pasillo silencioso salvo por el zumbido del aire acondicionado. Tocó la puerta y abrió, fresco de la ducha, en boxers. Entra, mi reina. Me desnudó despacio, besando cada centímetro de piel expuesta. Sus labios en mis pezones, succionando hasta que dolía de placer. El tacto de su lengua áspera en mi ombligo, bajando hasta mi monte de Venus. Olía a jabón y a hombre listo para devorar.

Caímos en la cama king size, las sábanas frescas contrastando con nuestros cuerpos ardientes. Yo lo monté, frotando mi coño húmedo contra su verga tiesa. Métemela ya, cabrón, supliqué. Él sonrió, Con gusto, nena, y empujó despacio, llenándome hasta el fondo. El sonido de piel contra piel, chapoteos húmedos, gemidos roncos. Sentí cada vena de su polla rozando mis paredes, el roce delicioso en mi punto G. Cabalgaba fuerte, mis tetas rebotando, sus manos guiándome por las caderas.

¡Qué chingón se siente! Su grosor me estira perfecta, como si estuviéramos hechos el uno para el otro, pensé mientras el orgasmo se acercaba.

Cambié de posición: él encima, embistiéndome con fuerza animal, el colchón crujiendo bajo nosotros. Sudábamos a chorros, el olor almizclado de sexo impregnando la habitación. Lamí el salado de su pecho, mordí su hombro para no gritar demasiado. Me vengo, Javier... ¡ahhh! Mi cuerpo convulsionó, apretándolo dentro de mí, olas de placer recorriéndome desde el clítoris hasta la nuca. Él gruñó, Yo también, Valeria... toma todo, y se corrió profundo, chorros calientes inundándome.

El tercer acto: el afterglow. Nos quedamos abrazados, respiraciones agitadas calmándose. Su cabeza en mi pecho, mis dedos enredados en su pelo húmedo. Chicharito regresa al Tri y ya me conquistó de nuevo, susurré riendo. Él levantó la vista, Y tú me haces el mejor regreso, mor. Quédate conmigo esta noche. Hablamos de todo: sus viajes, mis sueños, el futuro con el Tri. No era solo sexo; era conexión, esa química que no se explica.

Al amanecer, el sol filtrándose por las cortinas, nos besamos lentos, saboreando el gusto a sexo en nuestras bocas. Me vestí con piernas temblorosas, pero él me abrazó fuerte. Vuelve pronto, wey. El Tri te necesita... y yo también. Salí con una sonrisa, el cuerpo satisfecho, el alma en llamas. Su regreso no era solo para el fútbol; era para encender este fuego que ahora ardía eterno.

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