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Widowmaker Prueba el Póker

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Widowmaker Prueba el Póker

El casino en la Riviera Maya bullía de vida nocturna con luces parpadeantes y el eco de risas ebrias. Tú te recargabas en la barra del bar privado, saboreando el picor ahumado de un mezcal artesanal, cuando la viste entrar como un depredador en cacería. Widowmaker, con su silueta letal envuelta en látex negro brillante que se pegaba a sus curvas como una segunda piel. Su tez azulada relucía bajo los reflectores, y esos ojos ámbar te clavaron en el sitio. Olía a vainilla quemada y misterio, un aroma que te erizó la nuca.

Órale, wey, ¿esa es ella de verdad? Neta que parece salida de un videojuego, pero aquí en carne y hueso, lista para joder con tu cabeza, pensaste mientras ella se acercaba con ese contoneo hipnótico, tacones resonando como disparos en el mármol pulido.

Se paró frente a ti, cruzando los brazos bajo esos senos perfectos que desafiaban la gravedad. "Tú pareces saber de póker", dijo con voz ronca, acento francés mezclado con algo salvaje. "La Widowmaker quiere try poker por primera vez. ¿Me enseñas, chéri?"

¡No mames! Widowmaker try poker. Esto va a estar cabrón, pero si dice que sí a strip poker, me la chingo esta noche.

Tú asentiste, el corazón latiéndote como tambor en las sienes. "Simón, vamos a una mesa privada. Pero hagámoslo interesante: strip poker. ¿Le entras?" Ella sonrió, labios violetas curvándose en promesa pecaminosa. "Acepto. Enséñame a jugar... y a perder."

La llevaron a una suite VIP con vista al mar Caribe, velas flotantes danzando en la penumbra, aire salino filtrándose por las cortinas. La mesa de feltre verde esperaba, baraja nueva crujiendo al abrirse. Te sentaste frente a ella, piernas rozando bajo la mesa, electricidad chispeando en el contacto. Mezclaste las cartas con destreza, el sonido seco y rítmico calmando tus nervios. Ella observaba, uñas largas tamborileando, perfume invadiendo tus sentidos como niebla erótica.

Primera mano: tú ganas con un full house. "Quítate el top, Widowmaker." Sus dedos bajaron la cremallera lenta, látex susurrando al desprenderse, revelando senos firmes coronados de pezones duros como perlas oscuras. El aire se espesó con su aroma almizclado, sudor ligero perlando su piel azul. Su tacto debe ser como terciopelo caliente, imaginaste, polla endureciéndose contra los pantalones.

Ella barajó torpe, riendo suave. "Esto es chido, pero complicado. Otra mano." Perdió de nuevo, botas altas cayendo al piso con un thud sordo. Piernas largas, muslos tonificados brillando, se estiró como gata, rozando tu rodilla adrede. El roce envió fuego líquido por tu espina, pulso acelerado latiendo en tu verga.

¡Puta madre, esta morenaza azul me va a matar antes que su rifle. Cada mirada es un tiro directo a las bolas.

La tensión crecía con cada ronda. Tú perdiste el camisa, ella lamió sus labios al verte torso desnudo, músculos tensos bajo piel morena por el sol mexicano. "Qué rico se ve eso", murmuró, voz como miel caliente. Su mano rozó tu pecho accidental, uñas arañando leve, enviando escalofríos. Olía a deseo crudo ahora, feromonas mezcladas con sal marina.

Medio desnuda, solo en tanga de encaje negro, ella ganó una mano. "Pantalones fuera, cariño." Te levantaste, verga marcada dura contra la tela, y al bajarlos, saltó libre, palpitante, gota precúm brillando en la punta. Sus ojos se agrandaron, lengua humedeciendo labios. "Mmm, qué vergonzota tan chula. Mi turno de probar."

Perdió la última prenda, tanga deslizándose por caderas anchas, revelando coño depilado, labios hinchados relucientes de jugos. Se recargó, piernas abiertas, invitando. ¡No mames, está empapada, huele a panocha en heat! El cuarto vibraba con respiraciones pesadas, cartas olvidadas esparcidas como confeti.

Te levantaste, rodeándola, manos temblando al tocar sus hombros. Piel fría al inicio, calentándose bajo tus palmas ásperas. Bajaste besos por su cuello, saboreando sal y vainilla, dientes rozando oreja. Ella gimió bajo, "Sí, así, tócame toda." Manos tuyas bajaron a senos, amasando carne suave, pellizcando pezones que se endurecieron más, arrancándole jadeos roncos.

La volteaste sobre la mesa, feltre áspero contra su vientre, nalgas redondas alzadas. Dedos exploraron su raja húmeda, deslizándose en calor viscoso, clítoris hinchado pulsando. Carajo, qué mojada estás, Widowmaker!" Ella arqueó espalda, empujando contra tu mano, gluglú de jugos sonando obsceno. "Métemela ya, pendejo caliente. Prueba cómo aprieta."

Esto es el paraíso, wey. Su culo perfecto rebotando, olores mezclados de sexo y mar, cada embestida un tiro al blanco.

Posicionaste verga en su entrada, frotando lento, torturándola. Entraste de golpe, velluda caliente envolviéndote como guante de terciopelo ardiente. Gruñiste al fondo, bolas chocando contra ella, ritmo frenético iniciando. Mesas temblando, cartas volando, sus gemidos subiendo a gritos: "¡Más duro, coño! ¡Fóllame como en póker, todo o nada!"

Cada estocada enviaba ondas de placer, su coño contrayéndose, ordeñándote. Cambiaste a misionero, piernas sobre hombros, penetrando profundo, vista de senos botando hipnótica. Sudor goteaba, mezclándose, sal en labios al besarla feroz, lenguas batallando. Su aroma a sexo puro te volvía loco, nariz enterrada en su cuello.

Intensidad pico: dedos en clítoris frotando círculos, ella convulsionando, "¡Me vengo, chulo! ¡Lléname!" Paredes internas apretaron como vicio, ordeño explosivo. Tú explotaste segundos después, chorros calientes inundándola, gemido gutural rasgando garganta. Cuerpos temblando pegados, pulsos sincronizados latiendo furiosos.

Colapsaron en sábanas de la suite adyacente, aire pesado de sexo y risas ahogadas. Ella trazó círculos en tu pecho, piel pegajosa enfriándose. "Buena lección de póker, amor. Widowmaker aprueba... y repite." Tú sonreíste, besando su frente, sabor a sal y victoria.

Qué noche, wey. De póker a polvos legendarios. Esta viuda me dejó viudo de placer, pero qué chingón.

El mar rugía afuera, testigo mudo, mientras dormían enredados, promesas de más manos en el aire.

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