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Canciones de Trios Famosos en Nuestra Noche Ardiente

7270 palabras

Canciones de Trios Famosos en Nuestra Noche Ardiente

La noche en la playa de Cancún se sentía como un sueño húmedo, con el aire salado pegándose a tu piel morena y el sonido de las olas rompiendo suave contra la arena. Estabas en esa cabaña chida que rentaron tú, Alex y Marco, tus dos carnales de toda la vida. No, no carnales de sangre, pero sí de esas amistades que se forjan en fiestas locas y confidencias a media noche. Alex, tu novio de dos años, con su sonrisa pícara y ese cuerpo atlético de quien surfea cada fin de semana. Marco, el wey alto y tatuado, el que siempre ponía la música perfecta para cualquier mood.

La playlist empezó con canciones de tríos famosos, esas boleros eternos de Los Panchos que te ponían la piel chinita. "Sabor a mí", ronroneaba la voz grave del trío, y tú sentiste un cosquilleo en el estómago mientras te recargabas en el pecho de Alex en el sofá de mimbre. El aroma a coco de tu crema corporal se mezclaba con el tequila reposado que Marco acababa de servir en vasos helados. Qué chido todo esto, pensaste, mientras el ritmo lento te hacía mover las caderas sin querer.

—Órale, güey, ponle "Rayito de luna" —dijo Alex, pasando su mano por tu muslo desnudo bajo el vestido corto de lino blanco. Su palma áspera, curtida por el sol, te erizó los vellos. Marco sonrió, ese gesto juguetón que siempre te hacía reír, y cambió la canción. La melodía envolvió la habitación como una caricia invisible, y tú sentiste cómo el calor subía desde tu entrepierna.

Marco se sentó al otro lado tuyo, tan cerca que su pierna rozaba la tuya.

¿Qué pedo con este ambiente? Neta que las canciones de tríos famosos siempre me prenden
, pensaste, mordiéndote el labio. Habías platicado antes con Alex sobre fantasías, sobre cómo un trío podría ser la neta del planeta si era con alguien de confianza. Y Marco era perfecto: guapo, discreto, y con esa mirada que prometía no juzgar.

La tensión creció despacio, como el crescendo de un bolero. Alex te besó el cuello, su aliento caliente oliendo a tequila y menta, mientras Marco te tomaba la mano y la llevaba a su boca, chupando suave tus dedos. Puta madre, esto va en serio, sentiste el pulso acelerado en tus venas, el corazón latiendo al ritmo de "Bésame mucho". Tus pezones se endurecieron contra la tela fina del vestido, y un jadeo se te escapó cuando Alex deslizó la mano más arriba, rozando tu tanga ya húmeda.

—Estás rica, mi amor —murmuró Alex en tu oído, su voz ronca como la de un cantante de trío—. ¿Quieres que Marco se una?

Asentiste, con la garganta seca de deseo. Marco no esperó más; te volteó el rostro y te besó, profundo, con lengua juguetona que sabía a sal y aventura. Sus labios carnosos contrastaban con los de Alex, más firmes y dominantes. Tus manos exploraron: una en el pecho velludo de Marco, la otra en la erección creciente de Alex bajo los shorts. El sonido de las olas se mezclaba con vuestros gemidos ahogados, y el aroma a mar se fundía con el de tu excitación, ese olor almizclado que volvía locos a los dos.

Te levantaron entre los dos, como si fueras una diosa de esas rancheras apasionadas. El vestido cayó al piso con un susurro, dejando tu cuerpo desnudo expuesto a la brisa nocturna. Tus senos medianos, con pezones oscuros y erectos, captaron la luz de las velas que Marco había encendido. Alex te lamió un pezón, succionando con hambre, mientras Marco se arrodillaba y besaba tu vientre, bajando hasta tu monte de Venus depilado. ¡Ay, wey, qué rico! El roce de su barba incipiente en tus muslos internos te hizo arquear la espalda.

La canción cambió a "Contigo aprendí", y neta que sentiste que estabas aprendiendo algo nuevo con cada caricia. Marco separó tus piernas, su lengua experta encontrando tu clítoris hinchado. Lamió despacio, en círculos, saboreando tu jugo dulce y salado. Tú gemías, agarrando el cabello de Alex mientras él se desnudaba, su verga gruesa y venosa saltando libre, goteando precum. La tocaste, masturbándolo firme, sintiendo las venas palpitar bajo tu palma sudorosa.

El calor era intenso, vuestros cuerpos brillando de sudor bajo la luna que se colaba por las ventanas abiertas. Marco metió dos dedos en ti, curvándolos justo en ese punto que te hacía ver estrellas, mientras chupaba tu clítoris con succión perfecta. Alex te besaba, tragándose tus gritos, su mano apretando tu nalga redonda.

Esto es lo que necesitaba, un trío de placer puro inspirado en esas canciones de tríos famosos que tanto nos gustan
.

La intensidad subió cuando te pusieron de rodillas en la alfombra suave. Alex se paró frente a ti, su verga en tu boca, y tú la chupaste con ganas, saboreando el gusto salado de su piel, la textura aterciopelada contra tu lengua. Marco detrás, lamiendo tu ano mientras sus dedos follaban tu panocha empapada. El slap slap de los dedos mojados, los gemidos guturales de Alex, tu propia garganta vibrando alrededor de su miembro... todo era sinfonía erótica.

—Métemela, Marco —suplicaste, escupiendo la verga de Alex por un segundo. Él obedeció, colocándote en cuatro. Su polla, más larga y delgada que la de Alex, entró de un empujón suave, llenándote hasta el fondo. El estiramiento delicioso te hizo gritar de placer. Alex volvió a tu boca, y así os movisteis en ritmo perfecto, como un trío musical en vivo. Cada embestida de Marco hacía que tus tetas rebotaran, el sudor goteando de su pecho a tu espalda. Olía a sexo crudo, a testosterona y tu esencia femenina floreciendo.

Intercambiaron posiciones sin palabras, pura química. Ahora Alex te follaba duro, sus bolas golpeando tu clítoris con cada thrust, mientras Marco te besaba y pellizcaba los pezones. Tus paredes internas se contraían, el orgasmo construyéndose como una ola gigante. No aguanto más, pensaste, mientras las canciones seguían sonando bajito, "Quizás, quizás, quizás" burlándose de tu inevitable clímax.

—¡Córrete para mí, preciosa! —gruñó Alex, acelerando. Marco masturbaba su verga cerca de tu rostro, y tú lamiste la punta, probando su pre-semen amargo. El mundo explotó: tu coño se apretó en espasmos violentos, chorros de placer mojando las piernas de Alex. Gritaste su nombre, el de Marco, un mantra incoherente. Ellos no tardaron; Alex se corrió dentro de ti, caliente y espeso, llenándote hasta rebosar. Marco eyaculó en tu boca, y tú tragaste lo que pudiste, el resto salpicando tus senos.

Caísteis en un enredo de miembros sudorosos en el sofá, respiraciones agitadas calmándose al ritmo de "Solamente una vez". El afterglow era puro éxtasis: la piel pegajosa, el semen secándose en tu piel, el sabor persistente en tu lengua. Alex te acariciaba el cabello, Marco besaba tu hombro.

Neta que las canciones de tríos famosos saben lo que provocan, nos unieron en esto tan chingón
.

Te sentiste empoderada, deseada, completa. No hubo celos, solo risas suaves y promesas de más noches así. La brisa marina limpió el aire, llevando el eco de los boleros hacia el horizonte. En esa cabaña, habíais compuesto vuestra propia canción de trío, famosa solo para vosotros tres.

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