Relatos Salvajes
Inicio Sexo en Grupo Trajes de Trio que Encienden la Pasion Trajes de Trio que Encienden la Pasion

Trajes de Trio que Encienden la Pasion

6435 palabras

Trajes de Trio que Encienden la Pasion

La fiesta estaba en su apogeo en esa casa enorme de Polanco, con luces neón parpadeando al ritmo de la cumbia rebajada que retumbaba desde los bocinas. El aire olía a mezcal ahumado, a pieles calientes y a ese perfume dulzón que usan las chavas cuando quieren ligar en serio. Yo, Ana, había llegado sola, con un vestido negro ajustado que me hacía sentir como diosa, pero la neta, andaba con ganas de algo más wild. Mis carnales me habían dejado plantada, y ahí estaba, bebiendo un cuba libre mientras escaneaba la multitud.

Entonces los vi. Marco y Luisa, una pareja de amigos de unos amigos, vestidos como piratas sexys: él con camisa abierta dejando ver ese pecho moreno y tatuado, pantalones ajustados que marcaban todo, y ella con un corsé rojo que le subía las chichis hasta el cielo. Órale, qué pinta, pensé, sintiendo un cosquilleo en el estómago. Se acercaron con sonrisas picosas, ofreciéndome un shot de tequila.

—Ey, morra, ¿por qué andas sola? —dijo Marco, su voz grave como ronroneo—. Nosotros traemos un plan chido: trajes de trío. ¿Te late unirte? Somos tres mosqueteros piratas, pero versión XXX.

Me reí, el alcohol ya me soltaba las riendas. Luisa me miró con ojos que decían ven, juega con nosotros, su mano rozando mi brazo, piel suave y cálida. —Neta, Ana, sería épico. Tengo el traje perfecto para ti allá arriba. No lo pensé dos veces. Subimos las escaleras, el corazón latiéndome como tambor en desfile. En su recámara, me ayudaron a cambiarme: un top de encaje que apenas cubría mis pezones endurecidos, falda corta con ligueros, y un sombrero pirata. Olía a su loción, mezcla de vainilla y macho, y a ella, jazmín fresco. Sus dedos rozaron mi espalda al abrocharme, enviando chispas directas a mi entrepierna.

Abajo, la fiesta nos recibió con aplausos. Éramos el hit: los trajes de trío perfectos, bailando pegaditos, sus cuerpos presionando el mío en la pista. Marco atrás de mí, su verga semi-dura contra mi culo, moviéndose al beat. Luisa al frente, sus tetas rozando las mías, labios cerca de mi oreja susurrando —Sientes la química, ¿verdad, reina? Sudábamos juntos, el olor a sexo ya flotando en el aire húmedo. Cada roce era electricidad: su aliento caliente en mi cuello, el sabor salado de su piel cuando le lamí el lóbulo.

La tensión crecía como tormenta. En un rincón oscuro, Marco me besó primero, lengua invasora, manos en mi cintura apretando. Luisa observaba, mordiéndose el labio, luego se unió, besándome suave mientras él bajaba a mi cuello. Esto es lo que necesitaba, pensé, mi concha palpitando, mojada ya. Susurré —Llévenme arriba, pendejos, no aguanto más. Reímos, cómplices, subiendo de nuevo, la música quedando atrás como eco lejano.

En la recámara, la luz tenue de una lámpara de lava pintaba sombras rojas en las paredes. Cerraron la puerta, y el mundo se achicó a nosotros tres. Luisa me quitó el sombrero, besándome lento, sus labios carnosos saboreando a tequila y gloss de fresa. Marco detrás, desatando mi corsé, sus manos grandes amasando mis tetas, pellizcando pezones hasta que gemí bajito. Su piel áspera contra la mía, áspera y suave a la vez, me volvía loca. Olía a su sudor limpio, masculino, mezclado con mi aroma de excitación, ese almizcle dulce que sale cuando estás a punto de explotar.

Me tumbaron en la cama king size, sábanas de satín fresco contra mi espalda ardiente. Luisa se arrodilló entre mis piernas, abriéndolas con delicadeza, su aliento caliente en mi monte de Venus. —Estás chingona, Ana. Déjame probarte. Su lengua llegó primero, lamiendo despacio mi clítoris hinchado, círculos lentos que me arquearon la espalda. Gemí, el sonido ronco saliendo de mi garganta, mientras Marco se ponía de rodillas a mi lado, su verga gruesa en mi mano. La chupé ansiosa, sabor salado y venoso, garganta profunda hasta que él gruñó —Carajo, morra, qué boca.

El ritmo se aceleraba. Luisa metía dos dedos en mi concha empapada, curvándolos justo ahí, ese punto que me hace ver estrellas. Sentía cada vena de sus dedos, el jugo chorreando por mis muslos. Marco follaba mi boca suave, no agresivo, mirándome con ojos de fuego. Cambiamos: yo encima de Luisa, 69 perfecto, mi lengua en su coño rosado y depilado, sabor ácido dulce como tamarindo maduro. Ella gemía en mi clítoris, vibraciones que me volvían loca. Marco nos untaba lubricante fresco, olor a cereza, preparándonos.

La intensidad subía como fiebre. Me puse a cuatro, Luisa debajo lamiéndome las tetas, Marco entrando despacio en mi culo, lubricado y listo. Dios, qué lleno me sentía, su grosor estirándome delicioso, dolor placer mezclado. Empujaba rítmico, palmadas suaves en mis nalgas resonando. Luisa frotaba mi clítoris, sus dedos resbalosos. Sudor goteaba, pieles chocando con slap slap húmedo, gemidos mezclados en coro: —Sí, así, cabrones... más duro... El olor a sexo puro, espeso, nos envolvía como niebla.

Marco se corrió primero, caliente dentro de mí, gruñendo mi nombre. Eso me disparó: orgasmo brutal, olas desde el clítoris hasta la nuca, piernas temblando, gritando sin control. Luisa vino después, yo chupándola fuerte mientras Marco la penetraba a ella, su concha contrayéndose en mi boca. Colapsamos, enredados, pulsos latiendo al unísono, respiraciones jadeantes calmándose poco a poco.

Después, el afterglow fue puro terciopelo. Nos duchamos juntos, agua caliente lavando el sudor, manos suaves en jabón espumoso. Abajo, la fiesta seguía, pero nosotros tres nos quedamos en la cama, desnudos bajo las sábanas. Marco me acariciaba el pelo, Luisa trazaba círculos en mi vientre.

Esto no fue solo sexo, fue conexión, como si nuestros trajes de trío nos unieran para siempre en esta noche mágica, pensé, sonriendo.

Hablamos bajito, de la vida, de deseos locos. —Vuelve cuando quieras, Ana. Somos tu trío favorito. Me fui al amanecer, piernas flojas, cuerpo satisfecho, el sabor de ellos en mi piel. La ciudad despertaba con olor a tortas de la esquina y cláxones lejanos, pero yo llevaba mi trofeo: la promesa de más noches con esos trajes de trío que encienden la pasión como nadie.

Contenido Adulto

Este sitio web contiene material explícito y relatos eróticos destinados exclusivamente a adultos. Debes tener al menos 18 años para acceder a relatossalvajes.cc.

Al ingresar, aceptas nuestros términos de servicio y confirmas que resides en una jurisdicción donde el consumo de este material es legal.