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Trio de Disfraces Ardiente

6457 palabras

Trio de Disfraces Ardiente

La música retumbaba en la casa de la Condesa, con luces neón parpadeando como estrellas locas en el cielo de la Ciudad de México. Tú llegas disfrazada de calavera catrina sexy, con un vestido negro ajustado que deja ver tus curvas al por mayor, maquillaje fluorescente en la cara y un sombrero floreado que te da ese toque mexicano chido. El aire huele a mezcal ahumado, tacos de carnitas y el perfume dulce de las chavas que bailan pegaditas. Órale, piensas, esta fiesta de disfraces va a estar de locos.

Estás en la pista, moviendo las caderas al ritmo del reggaetón, cuando los ves. Un vato disfrazado de charro bandido, con sombrero ancho, chaleco abierto mostrando pectorales duros como piedra y pantalón de cuero que marca todo. Al lado, su carnal, un diablo rojo con cuernos curvados, máscara que cubre media cara y una cola que se menea juguetona. Se llaman Javier y Marco, te dicen mientras te invitan un trago de tequila reposado. Sus ojos te recorren como fuego, y tú sientes ese cosquilleo en el estómago, el calor subiendo por tus muslos.

¿Qué pedo? Nunca he hecho algo así, pero estos weyes me prenden como mecha. ¿Y si...?

Bailan contigo, Javier pegado por detrás, su aliento caliente en tu cuello oliendo a tabaco y deseo. Marco por delante, sus manos en tu cintura, rozando apenas la piel expuesta de tu espalda. El roce de sus disfraces contra el tuyo es eléctrico: el cuero áspero del charro contra tu vestido sedoso, la cola del diablo serpenteando por tus piernas. Ríen, coquetean. "Eres la catrina más rica de la noche, nena", te susurra Javier, su voz ronca como un mariachi borracho. Marco asiente, lamiéndose los labios pintados de rojo. La tensión crece con cada vuelta, cada mirada que promete más.

De pronto, Javier te jala de la mano. "Ven, vamos a un lado, hace un chingo de calor aquí". Marco los sigue, y terminan en un cuarto oscuro al fondo, con velas parpadeando y un colchón king size cubierto de cojines morados. La puerta se cierra con un clic suave, y el mundo exterior se apaga. Solo quedan sus respiraciones agitadas, el olor a piel sudada mezclándose con tu perfume de jazmín. Te sientas en la cama, el corazón latiéndote como tamborazo zacatecano.

Empiezan lento, juguetones. Javier se quita el sombrero, revuelve tu cabello con dedos callosos. "¿Quieres formar nuestro trio de disfraces más cabrón?" pregunta, y tú asientes, la boca seca de anticipación. Marco se acerca, su máscara aún puesta, y te besa primero: labios carnosos, sabor a ron y menta, lengua explorando con hambre contenida. Sus manos suben por tus muslos, abriendo el vestido como pétalos. Sientes su erección presionando contra ti a través del traje rojo, dura y palpitante.

¡Puta madre, esto es real! Sus toques me derriten, mi panocha ya está empapada.

Javier se une, besando tu cuello mientras Marco lame tus pezones endurecidos por el roce del vestido bajado. El sonido de sus besos húmedos llena el cuarto, gemidos bajos como ronroneos. Te recuestas, ellos arrodillados a tus lados. Javier desabrocha su chaleco, dejando ver su pecho moreno y tatuado con un águila devorando serpiente. Marco se baja la máscara un poco, revelando ojos negros ardientes. Sus manos everywhere: una en tu clítoris frotando círculos lentos, la otra amasando tus tetas, pellizcando suaves.

El calor sube, sudas bajo el maquillaje que se corre un poco. "Qué chingona estás, wey", murmura Marco, bajando la cabeza para chupar tu entrepierna. Su lengua es fuego líquido, lamiendo despacio, saboreando tu humedad salada. Javier te besa profundo, su verga liberada ya, gruesa y venosa, rozando tu mano que la acaricia instintivo. La piel suave sobre acero, el olor almizclado de su excitación te marea. Tú gimes, arqueando la espalda, el colchón crujiendo bajo el peso de los tres.

La intensidad crece. Cambian posiciones como en un baile prohibido. Tú encima de Marco, su cola diabólica enredada en tu pierna mientras lo montas, sintiendo cómo te llena centímetro a centímetro, estirándote delicioso. Javier detrás, untando lubricante fresco que huele a vainilla en tu trasero. "Relájate, reina, te vamos a hacer volar". Entras despacio, el ardor inicial se vuelve placer puro, doble penetración que te hace gritar de gusto. Sus caderas chocan rítmicas, piel contra piel slap-slap, sudada y brillante bajo las velas.

¡No mames! Llenos los dos, sus vergas pulsando dentro, me van a partir en dos... pero qué rico, órale, más fuerte.

El cuarto huele a sexo crudo: semen, sudor, tu esencia dulce. Sonidos everywhere: tus jadeos altos, sus gruñidos animales, el squish húmedo de cuerpos uniéndose. Javier agarra tus caderas, embistiendo profundo, su aliento en tu oreja. "Córrete para nosotros, catrina". Marco desde abajo, pellizcando tu clítoris, chupando tus tetas. La tensión se acumula como tormenta, tus músculos apretando, el orgasmo explotando en olas que te dejan temblando, gritando su nombre.

Ellos siguen, turnándose, prolongando el éxtasis. Javier se corre primero, caliente dentro de ti, el pulso de su liberación haciendo eco en tu cuerpo. Marco después, sacándose para rociar tu vientre, semen espeso y blanco contrastando con tu piel maquillada. Colapsan los tres, enredados en disfraces a medio quitar: tu vestido arrugado, el chaleco de Javier abierto, la máscara de Marco torcida. Respiran pesado, riendo bajito, caricias suaves ahora.

Te quedas ahí, flotando en el afterglow, el cuerpo pesado de placer, piel pegajosa y satisfecha. Javier te besa la frente. "El mejor trio de disfraces de mi vida, nena". Marco asiente, limpiándote con una toalla tibia que sabe a hotel fancy. Hablan pendejadas, de volver a juntarse, números de cel guardados con promesas. Sales del cuarto flotando, el maquillaje corrido como trofeos, la fiesta rugiendo afuera ajena a tu secreto.

En la calle, el aire fresco de la noche te revive, olor a jacarandas y tacos al pastor de un puesto cercano. Caminas con piernas flojas, sonriendo sola. Qué noche, cabrones, piensas. Ese trio de disfraces te cambió el juego, un recuerdo que te calentará en frías madrugadas. Y sabes que no será la última.

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