Las Letras de Macy Gray I Try Que Me Rinden
La noche en la Condesa estaba viva, con ese rumble de la ciudad que te envuelve como un abrazo caluroso. El bar La Perla Negra olía a mezcal ahumado y jazmines del jardín interior, y la música flotaba suave, un mix de soul y ritmos latinos que me hacía mover las caderas sin querer. Yo, Ana, con mi vestido negro ceñido que marcaba cada curva, tomaba un paloma helada, el limón picante en la lengua mientras observaba la gente. Neta, ¿por qué salí esta noche? Solo quería distraerme del pinche desmadre de mi ex, pensé, sorbiendo el borde salado del vaso.
Entonces sonó ella. Macy Gray con su voz rasposa, ronca como un deseo reprimido. "I try to say goodbye and I choke... Try to walk away and I stumble". Las letras de Macy Gray I Try me pegaron directo al pecho, como si la muy cabrona supiera de mis batallas internas. Intentaba ser fuerte, wey, intentar no caer en tentaciones, pero ahí estabas tú, carnal, entrando al bar con esa sonrisa pícara y ojos cafés que brillaban bajo las luces neón. Alto, moreno, con camisa blanca arremangada mostrando antebrazos fuertes, olor a colonia fresca con un toque de tabaco. Órale, Ana, ni le voltees. Solo un trago más y te vas a la casa.
Pero no. Nuestras miradas se cruzaron, y sentí ese cosquilleo en la nuca, el pulso acelerándose como tambores de cumbia. Te acercaste con un "Qué onda, preciosa, ¿bailamos?". Tu voz grave, con acento chilango puro, me erizó la piel. "Simón", dije, y ya estábamos en la pista, cuerpos rozando al ritmo de la canción que seguía sonando. Tus manos en mi cintura, firmes pero suaves, el calor de tu pecho contra mi espalda. Olía a tu sudor limpio, mezclado con el mío, y el roce de tu aliento en mi oreja: "Me traes loco, ¿sabes?". Intenté alejarme un poquito, recordando las letras: I try... but I can't. Pero neta, ¿para qué pelear?
Platicamos en una mesita apartada, riendo de tonterías. Eres Marco, ingeniero de esas que construyen puentes, pero con alma de rockero. "¿Y tú qué, reina? ¿Qué te trae por aquí?", preguntaste, tus dedos rozando los míos al pasarme el shot de tequila. Te conté de mi trabajo en diseño gráfico, de cómo la ciudad me agota pero me enciende. El alcohol calentaba mi vientre, y cada mirada tuya avivaba el fuego.
Las letras de Macy Gray I Try retumban en mi cabeza: intento resistir, pero tropiezo. Este wey me va a joder la cordura.Al final de la noche, cuando el bar se vaciaba, me dijiste: "Vámonos a mi depa, está cerca. Solo a platicar más, ¿va?". Sonreí, sabiendo que era mentira piadosa. "Va, pendejo, pero no te pases de listo".
Tu departamento en Roma Norte era chido, minimalista con plantas y luces tenues. Apenas cerraste la puerta, el beso llegó como tormenta. Tus labios carnosos, sabor a tequila y menta, devorándome la boca con hambre contenida. Gemí bajito, mis manos en tu nuca, jalando tu cabello corto mientras tu lengua exploraba la mía, juguetona, dominante. "Te deseo desde que te vi", murmuraste contra mi cuello, mordisqueando la piel sensible. El olor de tu excitación subía, almizclado, animal, mezclándose con mi perfume de vainilla.
Me cargaste como si no pesara nada, piernas alrededor de tu cintura, y caímos en la cama king size. Tus manos expertas desabrocharon mi vestido, deslizándolo lento, besando cada centímetro de piel expuesta. Mis pechos libres, pezones duros como piedras bajo tu mirada hambrienta. "Qué chingones son", dijiste, lamiendo uno con la lengua plana, succionando hasta que arqueé la espalda, un jadeo escapando: "¡Ay, wey!". El sonido de tu boca chupando, húmedo, obsceno, me mojó entre las piernas. Sentí mi calzón empapado, el calor palpitante pidiendo más.
Pero ahí vino el momento de duda. Tus dedos bajaron por mi vientre, rozando el encaje, y paré tu mano. "Espera, Marco... intento no caer tan rápido". Te miré, vulnerable, las letras de Macy Gray I Try girando en mi mente: Though I try to hide it, it's clear... My heart won't let me. Tú sonreíste, paciente, besando mi frente. "Todo a tu ritmo, mi amor. Solo dime qué quieres". Esa ternura me derritió. Era consensual, puro, empoderador. "Te quiero a ti, todo", susurré, guiando tu mano de vuelta.
Escaló rápido. Te quité la camisa, lamiendo tu pecho velludo, sabor salado de sudor fresco. Tus abdominales duros bajo mi lengua, bajando al botón del pantalón. Lo abrí con dientes, liberando tu verga tiesa, gruesa, venosa, goteando precúm que lamí como miel. "¡Carajo, Ana!", gruñiste, caderas empujando. La chupé profundo, garganta relajada, saliva resbalando, el sonido de succión llenando la habitación. Tus manos en mi pelo, guiando sin forzar, gemidos roncos que me vibraban en la piel.
Me volteaste boca abajo, nalgas en pompa, y sentí tu lengua en mi coño empapado. Lamiendo clítoris hinchado, chupando labios mayores, metiendo dedos curvos que rozaban mi punto G. "Sabes a gloria, neta", dijiste, el aire fresco en mi humedad contrastando con tu aliento caliente. Grité, orgasmos building, caderas moliendo contra tu cara. Olía a sexo puro, almizcle femenino mezclado con tu masculinidad. Intento controlarme, pero no puedo... las letras me rinden.
Finalmente, el clímax de la tensión. Te puse un condón con manos temblorosas, y te monté como reina. Tu verga llenándome centímetro a centímetro, estirándome delicioso, paredes vaginales apretando. Reboté lento al principio, sintiendo cada vena, el roce en mi interior. Tus manos en mis tetas, pellizcando pezones, "Cabálgame, preciosa". Aceleré, piel chocando piel con palmadas húmedas, sudor goteando entre nosotros. El olor intenso, sabor de tu beso salado, sonidos de "¡Sí, así! ¡Chíngame!".
Cambié a perrito, tú embistiendo profundo, bolas golpeando mi clítoris. Cada thrust un relámpago de placer, mi voz quebrándose en gritos: "¡Más fuerte, pendejo! ¡Dame todo!". Tus gruñidos animales, manos apretando mis caderas, el ritmo frenético. El orgasmo me explotó primero, coño convulsionando, chorros de squirt mojando sábanas. Tú seguiste, "Me vengo, Ana", llenando el condón con espasmos calientes que sentí palpitar dentro.
Colapsamos, jadeantes, cuerpos enredados en sábanas revueltas. Tu brazo alrededor de mi cintura, besos suaves en la sien. El cuarto olía a sexo satisfecho, paz post-orgásmica. "Gracias por dejarme entrar", susurraste. Sonreí, acariciando tu pecho.
Las letras de Macy Gray I Try ya no pesan. Intenté resistir, pero valió la pena rendirme. Esta noche, gané yo.Afuera, la ciudad susurraba, pero aquí, en tu abrazo, todo era perfecto. Mañana veríamos, pero por ahora, el afterglow era mío, cálido y eterno.