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App para Probar Peinados que Despierta Pasiones Ocultas

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App para Probar Peinados que Despierta Pasiones Ocultas

Tú estás recostada en tu cama, en ese depa chiquito pero chido en la Condesa, con el sol de la tarde colándose por las cortinas. El calor de la Ciudad de México te tiene sudando un poquito, y sientes esa urgencia de cambiar algo en ti. Neta, ¿por qué no? Piensas mientras agarras tu cel. Abres la app store y buscas app para probar peinados. Encuentras una que promete transformarte en segundos con la cámara. La bajas rapidito, el corazón te late un tantito más fuerte de la emoción.

¿Y si me veo como una diosa con el pelo suelto y ondulado? O mejor, recogido sexy para una noche de esas que no se olvidan.

Te paras frente al espejo del baño, el vapor del regaderito aún flotando en el aire, oliendo a jabón de lavanda. Enciendes la app, apuntas la cámara y ¡pum! Tu imagen cambia: primero un bob cortito y juguetón que te hace ver pendeja coqueta. Te ríes sola, girando la cabeza, sintiendo cómo el pelo virtual roza tu cuello. Luego pruebas uno largo y salvaje, con ondas que caen como cascada sobre tus hombros desnudos. Chin, qué rico se ve. Tus pezones se endurecen bajo la blusa ligera, el roce de la tela te eriza la piel. La app te deja jugar con colores, rojos intensos, rubios platino. Te sientes poderosa, deseada, como si cada peinado despertara un fuego adentro.

De repente, un ruido en la puerta. Tocan suave. Abres y ahí está él, tu vecino Alex, el morro alto y atlético que siempre te saluda con esa sonrisa pícara. Lleva una camiseta ajustada que marca sus músculos, oliendo a sudor fresco del gym y colonia barata pero rica.

"Oye, carnala, te vi por la ventana probando peinados raros en tu cel. ¿Todo bien? Parecías poseída por una app embrujada", dice riendo, sus ojos cafés clavados en tu cara, bajando un segundo a tu escote.

Tú sientes el calor subirte a las mejillas, pero en vez de avergonzarte, lo invitas a pasar. ¿Por qué no jugar un rato? Le enseñas la app, riendo mientras cambias tu look virtual a uno supersexy, con trenzas sueltas y mechones rebeldes. Él se acerca, su aliento cálido en tu oreja.

"Neta, esa app te queda cabrona. Pero yo te ayudo a probarla en vivo".

Acto uno termina ahí, con su mano rozando tu pelo real, enviando chispas por tu espina.

En la sala, con la luz tenue del atardecer pintando todo naranja, Alex te sienta en el sofá. Tú sientes su pierna contra la tuya, el calor de su piel traspasando los jeans. Saca unas horquillas de quién sabe dónde y empieza a peinarte de verdad, sus dedos fuertes pero suaves enredándose en tus mechones húmedos. El olor de tu shampoo se mezcla con el suyo, masculino, terroso. Cada tirón suave te hace jadear bajito, el pulso acelerándose en tu cuello.

¡Ay, güey! Sus manos son puro fuego. Quiero que baje más, que toque todo.

Hablan de tonterías, de la vida en la ciudad, pero la tensión crece como tormenta. Él prueba el primer peinado: coleta alta, tirante, que te arquea la espalda y empuja tus tetas hacia adelante. "Mírate, pareces lista pa' la disco... o pa' algo más", murmura, su voz ronca rozando tu oído. Tú giras, lo miras fijo, y lo besas. Sus labios son firmes, saben a menta y deseo reprimido. Lenguas danzando, húmedas, el sonido de succiones suaves llenando el cuarto.

La cosa escala. Sus manos bajan por tu espalda, desabotonando tu blusa con calma, dejando al aire tu piel arrebolada. Tú le quitas la camiseta, lamiendo el sudor salado de su pecho, sintiendo los músculos contraerse bajo tu lengua. Qué chingón sabe. Él gime, un sonido grave que vibra en tu clítoris. Te recuesta, prueba otro peinado: ondas sueltas con la app de fondo en la mesa, pero ahora sus dedos masajean tu cuero cabelludo, bajando al cuello, hombros, pechos. Pellizca tus pezones duros, enviando descargas eléctricas directo a tu entrepierna, que ya palpita húmeda.

Tú lo empujas al piso, alfombra áspera contra sus rodillas. Le desabrochas el cinto, liberas su verga dura, venosa, oliendo a hombre excitado. La tocas, suave primero, luego firme, sintiendo el pulso latiendo en tu palma. Él jadea "¡Pinche morra, me vas a matar!". Tú sonríes, lames la punta, salada, caliente, chupas despacio, saboreando cada centímetro mientras él agarra tu pelo nuevo, guiándote sin forzar, puro ritmo consensual.

Pero no paras ahí. Lo montas, jeans a medio bajar, tu coño resbaloso rozando su piel. Frotes lentos, círculos que hacen crujir la tensión. Sus manos en tus caderas, uñas clavándose leve, marcando placer. El sudor perla en vuestras frentes, el aire cargado de gemidos y el slap slap de carne contra carne cuando por fin entras.

¡Ay, la plenitud! Llena, estirada, cada embestida profunda golpeando ese punto que te hace ver estrellas. Él prueba un peinado más con la app en su mente, riendo entre jadeos: "Con este look, eres mi reina". Tú cabalgas fuerte, tetas rebotando, olor a sexo invadiendo todo, sonidos húmedos, pieles chocando resbalosas.

¡Más, cabrón! No pares, que me vengo ya.

La intensidad sube, piernas temblando, vientre contrayéndose. Él te voltea, te come el coño con lengua experta, lamiendo jugos dulces, chupando clítoris hinchado hasta que explotas, olas de placer sacudiéndote, gritando su nombre mientras él sorbe cada gota.

Acto dos culmina en ese pico, pero aún hay más por venir.

Ahora él encima, verga hundiéndose de nuevo, ritmos variados: lentos y profundos que te hacen sentir cada vena, luego rápidos y salvajes como tormenta. Sudor gotea de su frente a tu boca, salado delicioso. Manos entrelazadas, ojos fijos, conexión más allá de lo físico. "Córrete conmigo, reina", gruñe. Tú sientes el orgasmo build-up, útero apretando, y boom: él se vacía dentro, chorros calientes llenándote, mientras tú convulsionas, uñas en su espalda, mordiendo su hombro para no gritar demasiado.

Caen exhaustos, cuerpos pegajosos, respiraciones entrecortadas. El cuarto huele a sexo puro, sábanas revueltas –bueno, alfombra–. Él te acomoda el pelo desordenado, besando tu frente. Tú acaricias su cara, sintiendo la barba incipiente raspar tu palma.

Neta, esa app fue el detonante perfecto. Quién diría que un peinado virtual llevaría a esto. Me siento viva, deseada, completa.

Se quedan así un rato, hablando susurros de repetirlo, de probar más estilos juntos. El sol se ha ido, luces de la ciudad parpadean afuera. Tú piensas en la app en la mesa, sonriendo. Ha cambiado todo: no solo tu look, sino tu noche, tu deseo. Él se va con un beso largo, prometiendo volver. Tú cierras la puerta, piernas flojas, coño aún latiendo eco del placer. Mañana, más peinados... y quién sabe qué más.

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