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Bedoyecta Tri Amp El Impulso Ardiente

6315 palabras

Bedoyecta Tri Amp El Impulso Ardiente

Estaba muerta de cansancio después de un pinche día eterno en la oficina. El tráfico de la CDMX me había chingado el alma, y al llegar a mi depa en Polanco, lo único que quería era tirarme en el sillón con una chela fría. Pero ahí estaba él, mi carnal Javier, con esa sonrisa pícara que siempre me hace derretir. Llevábamos semanas sin echarnos un revolcón como la gente, porque entre mi chamba y sus turnos en el gym, neta que no dábamos abasto. Me vio llegar y sin decir nada, sacó una cajita del refri.

"Mira, mi reina, traje algo pa' que revivas", dijo mientras agitaba el frasquito. Bedoyecta Tri Amp. Esas inyecciones de vitaminas B que la gente usa pa' los pedos y pa' recargar pilas. Él, que es medio obsesionado con el fitness, juraba que era lo máximo pa' un boost rápido. Yo lo miré con cara de "qué wey", pero la neta, mi cuerpo pedía a gritos energía. Olía a limón fresco el ambiente, mezclado con el aroma de su colonia favorita, esa que me pone caliente al instante.

"¿Y si me lo pones tú, cabrón? Como en esas pelis donde el doctor te revisa todo el cuerpo", le dije guiñándole el ojo, sintiendo ya un cosquilleo en el estómago.

Javier se rio, sacando la jeringa con cuidado. Sus manos grandes y callosas, marcadas por las pesas, me rozaron el brazo mientras me preparaba. Me subí la blusa, exponiendo la nalga apenas, y sentí el pinchazo leve, como un beso filoso. El líquido frío se esparció por mis venas, y de repente, pum: un calorcillo subía desde mi vientre, haciendo que mi piel se erizara. "Ya verás, en media hora vas a estar como león enjaulado", murmuró él, besándome el cuello. Su aliento cálido olía a menta, y yo ya sentía mis pezones endureciéndose bajo el brasier.

Nos sentamos en el sofá, con la tele de fondo pero ni madres prestándole atención. Empecé a sentirlo: el rush de la Bedoyecta Tri Amp. Mi corazón latía más fuerte, como tambores en una fiesta de pueblo, y un hormigueo delicioso me bajaba por las piernas. Javier me masajeaba los hombros, sus dedos fuertes deshaciendo nudos, y yo gemí bajito. "Neta, esto está chido", le dije, volteándome para morderle el lóbulo de la oreja. Él gruñó, ese sonido ronco que me moja al instante.

La tensión crecía como tormenta en el desierto. Sus manos bajaron por mi espalda, metiéndose bajo la falda, rozando mis muslos suaves. Olía a su sudor limpio, mezclado con el mío que empezaba a perfumar el aire de deseo. "Te sientes diferente, más viva", susurró, mientras yo le desabotonaba la camisa, lamiendo su pecho salado. Cada roce era eléctrico; la Bedoyecta Tri Amp había despertado algo salvaje en mí. Mis uñas se clavaron en su espalda, arañando suave, y él respondió apretándome las nalgas con fuerza.

Pinche wey, cómo me prende, pensé mientras lo empujaba al sillón. Me quité la blusa de un jalón, dejando que mis tetas rebotaran libres. Él las miró con hambre, chupándose los labios. "Ven pa'cá, mi amor", dijo, jalándome a horcajadas sobre él. Sentí su verga dura presionando contra mi entrepierna, gruesa y palpitante bajo el pantalón. Me froté contra ella, gimiendo, el calor de mi coño empapando las panties. El sonido de nuestras respiraciones agitadas llenaba la sala, como olas chocando.

Nos besamos con furia, lenguas enredadas, saboreando el dulzor de su boca y el mío con un toque salado de sudor. Bajé la mano, desabrochándole el cinturón con dedos temblorosos de anticipación. Saqué su polla, venosa y tiesa, y la apreté, sintiendo cómo saltaba en mi palma. "Qué chingona está", le dije, lamiéndola desde la base hasta la punta, probando el precum salado que brotaba. Él jadeó, enredando sus dedos en mi pelo, guiándome sin forzar.

Pero no quería acabar ahí. La energía de la Bedoyecta Tri Amp me tenía imparable. Me puse de pie, quitándome la falda y las panties de un tirón, exponiendo mi coño depilado, ya brillando de jugos. "Fóllame ya, Javier", le ordené, y él no se hizo de rogar. Me levantó como si no pesara nada, llevándome a la cama. El colchón crujió bajo nuestro peso, las sábanas frescas contra mi piel ardiente.

En la cama, la cosa se puso intensa. Me abrió las piernas, besando mis muslos internos, inhalando mi aroma almizclado de excitación. Su lengua llegó a mi clítoris, lamiendo en círculos lentos, chupando suave. Gemí fuerte, arqueando la espalda, el placer subiendo como fuego líquido. "¡Sí, así, cabrón!", grité, mis caderas moviéndose solas contra su boca. Él metió dos dedos gruesos dentro de mí, curvándolos para tocar ese punto que me hace ver estrellas. El sonido chapoteante de mi humedad era obsceno, delicioso.

Mi mente era un torbellino:

Esto es lo que necesitaba, neta. La Bedoyecta Tri Amp me ha convertido en una diosa del sexo.
Lo jalé del pelo, poniéndolo encima. Quería montarlo. Me senté en su verga, bajando despacio, sintiendo cómo me estiraba, llenándome hasta el fondo. "¡Ay, wey!", exclamé, el placer-pena inicial convirtiéndose en éxtasis puro. Empecé a cabalgar, tetas rebotando, sudor chorreando por mi espalda. Él me agarraba las caderas, embistiéndome desde abajo, nuestros cuerpos chocando con palmadas húmedas.

El ritmo aceleró. Sudor everywhere, piel resbalosa, olores intensos de sexo crudo: almizcle, sal, deseo puro. Sus manos en mis tetas, pellizcando pezones, enviando descargas a mi clítoris. "Me vengo, Javier, no pares", rogué, y él redobló, follando más duro. El orgasmo me golpeó como tsunami: contracciones violentas, grito ahogado, visión borrosa. Él gruñó, tensándose, y sentí su leche caliente llenándome, pulso tras pulso.

Caímos exhaustos, enredados, respiraciones sincronizadas calmándose poco a poco. Su semen goteaba de mí, cálido y pegajoso en mis muslos. Lo besé suave, saboreando el afterglow. "Gracias por la Bedoyecta Tri Amp, mi rey. Esto fue épico", murmuré, acariciando su pecho. Él rio bajito, abrazándome fuerte.

Nos quedamos así, piel con piel, el aire cargado de nuestros scents. Afuera, la ciudad zumbaba lejana, pero aquí, en nuestra burbuja, todo era paz y conexión. Neta, a veces un pinche shot de vitaminas cambia todo. Y supe que esto solo era el principio de noches locas por venir.

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