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Actividades Sensuales para Trabajar Tra Tre Tri Tro Tru

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Actividades Sensuales para Trabajar Tra Tre Tri Tro Tru

En el corazón de la Roma Norte, donde las calles bullen con el aroma de tacos al pastor y el eco de risas nocturnas, Ana y Diego compartían un departamento chido con vistas a los jacarandas. Ella, maestra de fonética en la uni, siempre andaba inventando juegos para soltar la lengua. Él, un diseñador gráfico bien plantado, con esa sonrisa pícara que la derretía, tenía un rollo con la r vibrante. "Tra tre tri tro tru", le decía ella en la cama, riendo, mientras sus dedos jugaban por su pecho. Esa noche, después de unas chelas frías, Ana decidió que era hora de unas actividades para trabajar tra tre tri tro tru, pero con un twist bien caliente.

La luz tenue del atardecer se colaba por las cortinas, pintando sus cuerpos con tonos anaranjados. Ana, con su falda plisada que apenas rozaba sus muslos morenos, se sentó en el sofá de terciopelo rojo. Diego, en playera ajustada que marcaba sus pectorales, se dejó caer a su lado, oliendo a colonia fresca y sudor ligero del día.

¿Y si hoy hacemos que suene como música?
, pensó ella, sintiendo un cosquilleo en el vientre. Le tomó la mano, cálida y áspera por el lápiz, y la puso en su rodilla.

—Órale, carnal, ábrele la boca —le ordenó juguetona, con esa voz ronca que lo ponía a mil—. Vamos con tra. Traaa... siente cómo vibra la lengua contra los dientes.

Diego repitió, torpe al principio, su aliento cálido rozando los labios de ella. Tra. El sonido salió grave, como un ronroneo. Ana se acercó más, su pecho subiendo y bajando contra el suyo. El olor de su perfume, jazmín mezclado con piel sudada, la invadió. Tocó su mandíbula con dedos suaves, guiándola. Tra tre. Sus labios se rozaron accidentalmente, un chispazo eléctrico. Él jadeó, el pulso acelerándose bajo su palma.

La tensión crecía como el calor de un comal. Ana sentía su propia humedad entre las piernas, un pulso insistente.

Esto va a estar de poca madre
, se dijo, mientras sus uñas arañaban levemente su nuca. Diego, con los ojos entrecerrados, probó tri. Triii... más fuerte, la lengua danzando. Ella premió el esfuerzo con un beso corto, lenguas chocando apenas, sabor a limón de la chela y sal de su piel. El sofá crujió bajo ellos cuando él la jaló más cerca, sus muslos presionando los de ella.

Pasaron a tro. Trooo... Diego lo arrastró, vibrante por fin, y Ana gimió bajito, el sonido reverberando en su clítoris. Sus manos bajaron por su espalda, sintiendo los músculos tensos bajo la playera. Desabrochó un botón, lento, revelando vello oscuro y piel caliente. El aire se llenó del aroma almizclado de su excitación, mezclado con el incienso de vainilla que ardía en la mesita. Tru. Truuu... él lo clavó perfecto, y ella lo recompensó montándose a horcajadas, su falda subiendo, exponiendo encaje negro húmedo contra sus jeans.

—¡Eso, pendejo! —rió ella, mordiendo su labio inferior, sabor metálico y dulce—. Ahora unas actividades para trabajar tra tre tri tro tru de verdad. Repite conmigo: tra mientras te toco aquí.

Sus dedos se colaron por la cintura de sus jeans, rozando el bulto duro que latía. Diego gruñó tra, arqueando la cadera. El roce era fuego, tela áspera contra piel sensible. Ella se mecía lento, fricción deliciosa, sus pezones endurecidos pinchando la playera delgada. Sonidos: jadeos entrecortados, tre tri saliendo entre dientes, el zipper bajando con un ziiiip metálico. Olía a sexo inminente, sudor y lubricación.

En el medio del desmadre, Diego dudó un segundo.

¿Y si no la clavo? ¿Se va a reír?
pensó, vulnerable. Pero Ana lo miró fijo, ojos café brillando. —Te ves tan chingón así, mi amor. Sigue, que me estás mojando toda. Eso lo prendió. La volteó en el sofá, besos hambrientos, lenguas trenzándose en tro tru. Le quitó la falda de un tirón, exponiendo nalgas firmes, piel suave como mango maduro. Sus dedos exploraron, hundiéndose en calor resbaloso, ella gimiendo tri contra su boca.

La intensidad subía como fiebre. Él se arrodilló, inhalando su esencia íntima, salada y dulce. Lamida lenta: tra con la lengua plana, tre vibrando en el clítoris. Ana se arqueó, uñas en su pelo, tirando.

¡Madre santa, este wey aprendió rápido!
El cuarto resonaba con lamidas chuposas, sus tri tro tru ahogados en placer. Ella lo jaló arriba, desvistiendo febril. Piel contra piel, caliente, pegajosa. Su verga, gruesa y venosa, rozando su entrada, teasing.

Tro —ordenó ella, guiándolo adentro. Entró despacio, centímetro a centímetro, estirándola, llenándola. Ambos gimieron, sonido gutural, tru saliendo roto. Ritmo empezó: embestidas profundas, piel chocando con palmadas húmedas. Sudor goteaba, sal en labios. Ella clavó talones en su culo, urgiendo más rápido. Tra tre tri tro tru, susurraban entre besos, el mantra volviéndose gemidos salvajes.

El clímax se cernía, pulsos latiendo al unísono. Diego aceleró, bolas golpeando, su mano en el clítoris frotando círculos. Ana sintió la ola: vientre contrayéndose, visión borrosa, olor a orgasmo puro. —¡Tru! ¡Ven, cabrón! Gritó, explotando, jugos empapando. Él la siguió, gruñendo tro, chorros calientes dentro, cuerpo temblando.

Colapsaron, enredados, respiraciones jadeantes calmándose. El aire olía a sexo satisfecho, pieles pegadas enfriándose. Ana trazó círculos en su pecho, oyendo su corazón galopante.

Estas actividades para trabajar tra tre tri tro tru van a ser rutina, ¿eh?
pensó, sonriendo. Diego besó su frente, sudor salado.

—Chingonas tus clases, nena. Mañana repetimos.

Se quedaron así, en afterglow tibio, jacarandas susurrando fuera, sabiendo que su juego lingüístico acababa de tronar en algo eterno.

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