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Caricaturas del Trío Galaxia en Llamas

6197 palabras

Caricaturas del Trío Galaxia en Llamas

Era una noche de viernes en mi depa de la Roma, con el aire cargado de ese olor a tacos de la esquina y el ruido lejano de los coches en Insurgentes. Tú, mi carnala del alma, Lupita, y yo nos echamos en el sillón con unas chelas frías, recordando las tardes de morrillos pegados a la tele. Caricaturas del Trío Galaxia, esas aventuras espaciales con sus naves relucientes y héroes musculosos que nos volvían locos de chiquillos. Ahora, adultos, con veintitantos, las veíamos en streaming, pero algo había cambiado. El calor de tu muslo contra el mío, el roce casual de tu mano en mi pierna, hacía que todo se sintiera distinto.

Órale, wey, qué chido es revivir esto, dijiste riendo, mientras en la pantalla el Trío Galaxia despegaba hacia una galaxia lejana, sus trajes ajustados brillando bajo luces neón. Yo asentí, pero mi mente ya volaba. Tu blusa escotada dejaba ver el valle de tus chichis, perfectas, redondas, con ese aroma a vainilla de tu perfume que me llegaba directo al pinche corazón. O el estómago, qué sé yo. Sentía el pulso acelerado, el sudor perlando mi nuca, y entre las piernas, mi verga empezando a despertar como nave lista para lanzamiento.

La primera batalla en la caricatura nos tuvo gritando de emoción. Tú te recargaste en mí, tu nalga firme presionando mi muslo.

¿Por qué carajos me excita tanto esto ahora? ¿Es ella o las caricaturas?
pensé, mientras mi mano rozaba tu cintura por "accidente". No dijiste nada, solo suspiraste, un sonido suave, como viento estelar, que me erizó la piel. El Trío Galaxia luchaba contra villanos con rayos láser, y nosotros contra la tensión que crecía como supernova.

Acto seguido, pausamos el capítulo. Voy por más chelas, mentí, pero en realidad necesitaba aire. Al volver, te encontré con las piernas cruzadas, mordiendo tu labio inferior, ojos brillantes fijos en mí. Estas caricaturas del Trío Galaxia siempre me ponían imaginativa, confesaste con voz ronca, como si el desierto de Sonora te hubiera secado la garganta. Te acerqué, nuestros labios chocaron en un beso que sabía a cerveza y deseo puro. Tus labios suaves, calientes, lengua juguetona explorando mi boca con hambre de exploradora espacial.

Te cargué al sillón, tus manos en mi nuca, uñas arañando suave mi piel, enviando chispas por mi espalda. Te quité la blusa despacio, revelando tus tetas gloriosas, pezones duros como estrellas fugaces. Las besé, lamí, chupé con devoción, oyendo tus gemidos bajos, ¡Ay, wey, qué rico!, que retumbaban en mi pecho. Tu piel olía a sudor dulce, a mujer en celo, y yo bajaba mis besos por tu vientre plano, sintiendo cómo temblabas bajo mi toque.

Recuérdame al capitán del Trío Galaxia, murmuraste juguetona, mientras yo desabrochaba tus jeans. Te los quité, quedando en tanguita negra que apenas cubría tu panocha depilada, húmeda ya, el olor almizclado invadiendo el aire. Mis dedos rozaron la tela, sintiendo el calor radiante, tu clítoris hinchado pidiendo atención. Te metí mano suave, círculos lentos, y tú arqueaste la espalda, ¡Más, cabrón, no pares!, exigiendo con esa voz mandona que me volvía loco.

Nos volteamos, tú encima, desabrochándome el cinturón con urgencia. Mi verga saltó libre, dura como acero de nave galáctica, venosa, palpitante. La miraste con ojos hambrientos,

Neta, qué vergón tan chingón
, pensaste yo que decías en silencio, antes de lamerla desde la base hasta la punta, lengua caliente envolviéndome, saliva tibia goteando. Gemí fuerte, el sonido de succión húmeda mezclándose con la música de fondo de las caricaturas que habíamos dejado sonando. Tus chupadas eran expertas, profundas, garganta apretándome el glande, bolas en tu mano masajeadas con ternura.

La tensión subía como cohete. Te puse de rodillas en el sillón, nalga en pompa, tanguita a un lado. Entré despacio, centímetro a centímetro, tu coño apretado, resbaloso de jugos, envolviéndome como agujero negro delicioso. ¡Sí, métemela toda, amor!, gritaste, y yo embestí, piel contra piel chocando con palmadas rítmicas, sudor volando. Olía a sexo crudo, a panocha mojada y verga lubricada, sonidos chapoteantes llenando el cuarto. Tus paredes internas me ordeñaban, pulsos calientes, mientras yo te agarraba las caderas, dedos hundiéndose en carne suave.

Internamente luchaba:

No quiero acabar ya, pero qué pinche paraíso es esto
. Cambiamos posiciones, tú cabalgándome, tetas rebotando hipnóticas, vista perfecta de tu cara en éxtasis, ojos entrecerrados, boca abierta en jadeos. ¡Me vengo, wey, me vengo!, anunciaste, cuerpo convulsionando, coño apretándome brutal, jugos chorreando por mis bolas. Eso me llevó al borde. Te volteé, misionero intenso, piernas en mis hombros, embestidas profundas tocando tu fondo, clítoris frotado con mi pubis.

El clímax llegó como explosión galáctica. Caricaturas del Trío Galaxia en la tele mostrando su victoria final, y nosotros la nuestra. Eyaculé dentro, chorros calientes llenándote, tu segundo orgasmo milkándome seco, uñas clavadas en mi espalda dejando marcas rojas. Colapsamos, jadeantes, piel pegajosa de sudor, corazones latiendo al unísono como motores hiperespaciales.

Después, en afterglow, te acurrucaste en mi pecho, dedo trazando círculos en mi piel. Olía a nosotros, a semen y esencia femenina mezclados. Esas caricaturas siempre fueron mágicas, pero contigo son épicas, susurraste. Reí bajito, besando tu frente húmeda. La pantalla mostraba créditos, pero nuestra aventura apenas empezaba. En la quietud, con el zumbido del refri y tráfico nocturno de fondo, supe que esto era más que nostalgia: era deseo eterno, como el Trío Galaxia surcando estrellas.

Tú suspiraste satisfecha, mano bajando a mi verga semi-dura, juguetona. ¿Otro round, capitán?, preguntaste con guiño. Yo sonreí, listo para despegar de nuevo. La noche se extendía infinita, llena de promesas sensoriales, toques que encendían fuegos, besos que sabían a victoria.

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