Hermanos Jonas Lineas Vides y Tiempos Ardientes
Estaba en mi depa chiquito pero chulo en la Condesa, con el desmadre del trabajo que me traía hasta la madre. Unos tiempos trying times totales, como decía esa rola vieja que puse de fondo. Saqué el celular y busqué el álbum de los Jonas Brothers, Lines Vines and Trying Times. No sé por qué, pero esas canciones me ponían toda sensible, como si las líneas hablaran de curvas del cuerpo, las vides de cuerpos enredados y los tiempos difíciles de esos momentos en que el deseo te salva el pellejo.
El volumen subía solito mientras yo me recostaba en el sillón, con una chela fría en la mano. El aire olía a mi perfume de vainilla mezclado con el calor de la noche mexicana que entraba por la ventana.
¿Por qué carajos este disco me prende tanto ahora que soy grande?me pregunté, sintiendo un cosquilleo en el estómago que bajaba directo a mis muslos. Joe, Kevin y Nick canturreaban sobre líneas y vides, y yo imaginaba manos trazando caminos en mi piel, piernas entrelazándose como enredaderas salvajes.
De repente, toquido en la puerta. Abrí con mi shortcito de dormir y la blusa suelta, y ahí estaba él: Jonas, mi vecino del depa de al lado. Alto, moreno, con ojos cafés que brillaban como luces de antro y una sonrisa pícara que gritaba voy a comerte. "Órale, carnala, ¿ya estás rockeando con los Jonas Brothers? Ese Lines Vines and Trying Times es mi guilty pleasure desde morrillo, pero ahora... ay wey, me pone bien caliente."
Me reí, sintiendo el pulso acelerarse. "Pasa, pendejo, no mames, ¿tú también? Pensé que era la única loca adulta fan de esos galanes." Entró con una botella de mezcal en la mano, su camiseta ajustada marcando el pecho firme y unos jeans que dejaban poco a la imaginación. El olor de su loción, algo woody y masculino, invadió el espacio, mezclándose con el humo leve de su cigarro electrónico que traía en el bolsillo.
Nos sentamos en el sillón, sirviéndonos tragos. Hablamos de todo: de cómo el álbum de los Jonas Brothers nos había marcado en tiempos difíciles, líneas de vida que se cruzaban, vides que crecían enredadas en el caos. Sus rodillas rozaban las mías accidentalmente, pero no era accidente. Cada roce mandaba chispas por mi espina, el sonido de su risa grave retumbando en mi pecho.
Este wey me va a volver loca, su piel se ve tan suave, tan lista para morderla, pensé mientras él se acercaba más, su aliento cálido con sabor a mezcal rozando mi oreja.
"Sabes, esas líneas... me dan ganas de trazarlas en ti", murmuró, su mano subiendo despacio por mi muslo. El corazón me latía como tamborazo en feria. Asentí, empoderada, tomando su nuca para jalarlo hacia mí. Nuestros labios chocaron, su lengua explorando la mía con hambre contenida. Sabía a mezcal dulce y deseo puro, sus manos firmes apretando mi cintura, el roce áspero de su barba incipiente en mi mejilla enviando escalofríos deliciosos.
La música seguía, los Jonas Brothers cantando sobre trying times que ahora se sentían como preámbulo a la liberación. Lo empujé suave al sillón, montándome encima, sintiendo su dureza presionando contra mí a través de la tela. "Quítate eso, cabrón", le ordené juguetona, mi voz ronca de pura adrenalina. Él obedeció, quitándose la playera con un movimiento fluido, revelando abdominales marcados y piel bronceada que olía a sol y sudor fresco. Mis uñas arañaron su pecho, trazando lines rojas que lo hicieron gemir bajito, un sonido gutural que vibró en mi clítoris.
Desabroché su chamarra jeans, liberando su verga tiesa, gruesa, palpitante. La tomé en mi mano, sintiendo el calor pulsante, la piel suave sobre venas hinchadas como vides cargadas de jugo. Él jadeó, "¡Chin... qué rica mano tienes!" Bajé la cabeza, lamiendo la punta, saboreando el precum salado, ese gusto almizclado que me hacía salivar más. Lo chupé despacio al principio, mi lengua rodeando el glande, luego más profundo, hasta que sus caderas se arquearon, follándome la boca con cuidado, sus manos enredadas en mi pelo como vides apretando.
Pero quería más. Me quité la blusa, mis tetas libres saltando, pezones duros como piedras. Él las atrapó con su boca, mamando fuerte, mordisqueando lo justo para doler rico. El sonido de succión húmeda se mezclaba con la rola de fondo, mis gemidos saliendo libres, "¡Ay, sí, muerde más, pendejo!". Lo empujé de vuelta, quitándome el short y la tanga de un jalón, mi panocha ya empapada, hinchada de necesidad, oliendo a excitación femenina pura.
Me acomodé sobre él, frotando mi humedad contra su verga, lubricándola. Lentito, lo fui bajando dentro de mí, centímetro a centímetro, sintiendo cómo me estiraba, llenaba, cada vena rozando mis paredes internas.
¡Madre santa, qué completa me hace sentir este wey, como si las trying times se evaporaran!Empecé a moverme, cabalgándolo con ritmo, mis caderas girando, tetas rebotando al compás. Él agarraba mi culo, amasándolo, metiendo un dedo juguetón en mi ano, probando límites con mi permiso susurrado: "Sí, ahí, pero suave, carnal".
El sudor nos cubría, lines brillantes en su torso, goteando hasta donde nos uníamos. El slap slap de piel contra piel, mis jugos chorreando por sus bolas, el olor almizclado de sexo llenando el aire. Aceleré, mis uñas clavándose en sus hombros, su verga golpeando ese punto adentro que me hacía ver estrellas. "¡Me vengo, Jonas, no pares!" grité, el orgasmo rompiéndome en olas, contracciones apretándolo como vides salvajes, mi grito ahogado en su cuello.
Él volteó el juego, poniéndome de rodillas en el sillón, embistiéndome por atrás con fuerza controlada. Sus manos en mis caderas, jalándome contra él, cada thrust profundo, sus bolas chocando mi clítoris. "¡Estás tan chingona, tan apretada!" gruñó, su voz quebrada. Sentí su ritmo fallar, su verga hincharse más, y explotó dentro, chorros calientes pintando mis paredes, su gemido ronco como rugido de león.
Colapsamos juntos, jadeantes, su peso cálido sobre mí un cobija perfecta. El álbum seguía sonando, fade out en la última rola. Besos suaves en mi espalda, sus dedos trazando líneas perezosas en mi piel sudada. "Gracias por esta noche, wey. Los trying times ya no pican tanto", le dije, volteando para mirarlo, sus ojos tiernos ahora.
"Cuando quieras ponemos Lines Vines and Trying Times otra vez", contestó con guiño. Nos quedamos así, enredados como vides en calma, el aroma de sexo y mezcal impregnado en las sábanas que arrastramos al piso. Por primera vez en meses, el futuro se sentía prometedor, lleno de más líneas por trazar, más tiempos ardientes por vivir.