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Videos Caseros de Sexo Tríos que Prenden el Fuego

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Videos Caseros de Sexo Tríos que Prenden el Fuego

Era una noche calurosa en el depa de Polanco, con el aire cargado de ese olor a jazmín que subía desde el jardín de abajo. Yo, Ana, estaba recargada en el sillón de cuero negro, con las piernas cruzadas y un shortcito que apenas me cubría el culo. Marco, mi carnal, mi amor de años, andaba en la cocina sacando unas chelas frías del refri. Y Luis, el cuate de la uni que siempre había tenido esa mirada pícara, se sentaba a mi lado, con su playera ajustada marcando los músculos del pecho.

¿Por qué carajos invité a Luis esta noche? me pregunté mientras el calor me subía por las nalgas. Todo empezó esa tarde, cuando Marco y yo estábamos viendo videos caseros de sexo tríos en el cel. Neta, esos clips caseros con parejas y un tercero extra, grabados con el teléfono en cuartos normales, nos pusieron como locos. "Órale, Ana, imagínate si nosotros...", dijo Marco con esa voz ronca que me derrite. Y yo, ya con la concha latiendo, le contesté: "Pues hazlo realidad, pendejo". Mandamos un whatsap a Luis, que vive cerquita en la Roma, y en media hora ya estaba tocando la puerta con una sonrisa de oreja a oreja.

Marco regresó con las chelas, nos sirvió en vasos helados que sudaban gotitas frías. El sonido del hielo chocando era como un preludio. "Salud por las aventuras", brindó Luis, y sus ojos se clavaron en mis tetas, que asomaban por el escote del top. Sentí un cosquilleo en los pezones, endureciéndose al instante. Hablamos pendejadas al principio, de la chamba, del tráfico en Insurgentes, pero el aire se ponía espeso, cargado de promesas. Marco sacó el teléfono y lo puso en el tripod improvisado con libros en la mesita. "Vamos a hacer nuestro propio video casero", dijo, y yo sentí que el corazón me latía en la garganta.

La tensión crecía como una tormenta. Luis se acercó más, su muslo rozando el mío, piel contra piel caliente. Olía a colonia fresca mezclada con sudor masculino, ese aroma que me hace babear. Marco se sentó al otro lado, su mano grande posándose en mi rodilla, subiendo despacito por el interior del muslo.

¿Estoy lista para esto? Neta, sí, quiero sentirlos a los dos, quiero que me rompan en pedazos de placer.
Mi respiración se aceleró, el pecho subiendo y bajando, y ellos lo notaron. "Estás preciosa, Ana", murmuró Luis, inclinándose para besarme el cuello. Su barba raspaba suave, enviando chispas directo a mi clítoris.

Empecé el beso con Luis, labios suaves al principio, lengua explorando con hambre. Sabía a chela y a menta, fresco y adictivo. Marco no se quedó atrás; sus dedos se colaron bajo mi short, encontrando mi tanguita empapada. "Estás chorreando, mi reina", gruñó en mi oído, y metió un dedo, frotando mi entrada hinchada. Gemí en la boca de Luis, el sonido vibrando entre nosotros. El teléfono grababa todo, el lente capturando el brillo de la luz en mi piel sudada, los jadeos que llenaban la sala.

Nos quitamos la ropa como si ardiera. Mi top voló, tetas libres rebotando, pezones duros como piedras. Luis chupó uno, succionando fuerte, mientras Marco me bajaba el short y lamía mi concha desde atrás. El sabor salado de mi excitación lo volvía loco; lo oía gemir contra mis labios vaginales, lengua girando en círculos. Puta madre, esto es mejor que cualquier video casero de sexo tríos, pensé, arqueando la espalda. Luis se desnudó, su verga saltando erecta, gruesa y venosa, goteando precum. Marco sacó la suya, más larga, palpitante. Las dos vergas juntas, una para cada mano; las acaricie, sintiendo el calor, las venas latiendo bajo mis palmas.

Me pusieron de rodillas en la alfombra mullida, el olor a sexo impregnando todo. Chupé a Luis primero, boca llena, lengua lamiendo el glande salado. Marco se masturbaba viéndome, su mano subiendo y bajando con ritmo. "Qué rica mamada, Ana", jadeó Luis, enredando dedos en mi pelo. Cambié a Marco, deepthroat hasta la garganta, saliva chorreando por mi barbilla. El sonido de succiones y gemidos era obsceno, puro porno casero en vivo. Me turnaban, vergas entrando y saliendo de mi boca, bolas peludas rozando mi cara.

La intensidad subía. Me recostaron en el sillón, piernas abiertas como una puta en oferta. Luis se colocó entre mis muslos, verga empujando despacio en mi concha resbalosa. "¡Ay, cabrón, qué apretada!", rugió al entrar, centímetro a centímetro, estirándome delicioso. Marco se arrodilló sobre mi pecho, verga en mi boca para callar mis gritos. Follaron mi cuerpo al unísono: Luis embistiendo profundo, golpeando mi cervix con cada estocada, Marco follando mi garganta. Sudor goteaba de sus cuerpos al mío, salado en mi lengua. Olía a sexo puro, a feromonas mexicanas en calor.

El clímax se acercaba, mis paredes contrayéndose alrededor de Luis. "Me vengo, pinche zorra", avisó, y sentí su leche caliente inundándome, chorros espesos pintando mi interior. Marco salió de mi boca, se pajeó furioso y eyaculó en mis tetas, semen blanco caliente salpicando. Yo exploté entonces, orgasmo rasgándome, concha pulsando, chorros de jugo mojando las bolas de Luis. Gritos ahogados, cuerpos temblando, el teléfono capturando cada espasmo.

Pero no pararon ahí. Cambiamos posiciones, yo encima de Marco, cabalgándolo reverse cowgirl. Su verga me llenaba otra vez, dura como hierro. Luis se acercó por atrás, lubricando mi ano con saliva y mi propio jugo. ¿Anal en un trío? Neta, esto es de otro nivel. Empujó despacio, la cabeza abriéndose paso en mi culito virgen para tríos. Dolor placer mezclado, me estiraba al límite. "Relájate, preciosa", susurró Luis, besando mi espalda. Pronto, los dos adentro, vergas separadas solo por una pared delgada, frotándose mutuamente a través de mí.

Doble penetración pura. Movimientos sincronizados, embestidas alternas que me hacían rebotar. Sentía todo: el grosor de Marco en mi concha, el ardor delicioso de Luis en el culo. Manos por todos lados, pellizcando pezones, azotando nalgas. "¡Cógeme más fuerte, cabrones!", supliqué, perdida en éxtasis. Sudor chorreaba, pieles chocando con palmadas húmedas. Gemidos en español mexicano, "¡Qué chingón!", "¡No pares, pendejos!". El olor a semen viejo y nuevo, a coños y culos follados.

El segundo round fue brutal. Marco se vino primero, llenándome la concha de crema caliente. Luis siguió, eyaculando profundo en mi recto, leche resbalando por mis muslos. Mi orgasmo fue un tsunami, cuerpo convulsionando, vista nublada, gusto metálico en la boca de tanto morder labios. Colapsamos en un enredo de miembros, respiraciones agitadas, piel pegajosa.

Después, el afterglow. Apagamos la cámara, exhaustos y sonrientes. Marco me besó tierno, "Te amo, mi reina". Luis acarició mi pelo, "Esto fue épico, carnala". Nos duchamos juntos, agua caliente lavando el pecado, jabón oliendo a coco. En la cama king size, nos acurrucamos desnudos, viendo el replay del video en el cel.

Estos videos caseros de sexo tríos son los mejores que hemos visto, porque son nuestros
, pensé, con el corazón lleno y el cuerpo saciado.

Desde esa noche, repetimos. Luis se volvió nuestro fijo, tríos grabados en diferentes rincones: la azotea con vista al skyline, la playa en Cancún. Cada video más hot, más nuestro. La tensión inicial se convirtió en confianza profunda, deseo eterno. Neta, en México, el amor y el sexo se viven así: intensos, caseros, sin filtros. Y yo, Ana, no cambiaría nada.

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