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El Adidas Tri que Enciende Pasiones

7591 palabras

El Adidas Tri que Enciende Pasiones

El sol de la costa de Puerto Vallarta pegaba duro esa mañana de entrenamiento. Tú, con tus shorts de running holgados, corrías por la playa tratando de mantener el ritmo para tu próximo triatlón. El arena caliente se te metía entre los dedos de los pies, y el sonido de las olas rompiendo era como un tambor constante que te impulsaba. De repente, la viste. Una morra espectacular, de esas que te hacen tragar saliva sin querer. Llevaba un traje de triatlón Adidas Tri, ajustadito como segunda piel, negro con rayas blancas que resaltaban cada curva de su cuerpo atlético. Ese Adidas Tri se pegaba a sus muslos firmes, subía por su culo redondo y perfecto, y el top dejaba ver el sudor brillando en su abdomen marcado. Neta, wey, era como si el diseño estuviera hecho para volver loco a cualquiera.

Tú aminoraste el paso sin darte cuenta, fingiendo que ajustabas tu reloj deportivo. Ella nadaba saliendo del mar justo enfrente, el agua chorreando por su piel bronceada, haciendo que el Adidas Tri se volviera casi transparente en las zonas clave. Olía a sal marina mezclada con ese aroma fresco de protector solar, y cuando se sacudió el cabello largo y negro, gotas volaron por el aire. Te miró directo a los ojos, con una sonrisa pícara que decía te cachó. "Órale, carnal, ¿ya te cansaste o qué?", gritó con esa voz ronca y juguetona, típica de las chilangas que se la pasan en la playa.

Te acercaste, el corazón latiéndote como si ya estuvieras en la parte de la bici del triatlón. "Nah, mami, nomás admirando la competencia. Ese Adidas Tri te queda chido, resalta todo lo bueno". Ella se rio, una carcajada que vibró en el aire caliente, y se paró frente a ti, tan cerca que sentiste el calor de su cuerpo mezclado con el tuyo. Su piel olía a océano y a algo dulce, como coco. "Se llama Ana, wey. Y tú, ¿cuál es tu pedo? ¿Vienes a entrenar o a checar morras?". Tocó tu brazo con dedos húmedos, y ese contacto eléctrico te erizó la piel. Ahí empezó todo, esa tensión que se siente en el estómago, como antes de una carrera larga.

¿Qué chingados estoy haciendo? Esta morra es fuego puro, y yo aquí como pendejo babeando por su Adidas Tri. Pero neta, su mirada me dice que ella también quiere jugar.

La platicaron un rato mientras caminaban por la orilla. Ana era de la CDMX, pero pasaba temporadas en Vallarta entrenando para el Ironman. Contó cómo el Adidas Tri era su favorito porque se sentía libre, sin rozaduras, como si no llevara nada. Tú asentiste, imaginando cómo se deslizaría de su cuerpo. El sol subía, el sudor corría por tu espalda, y cada vez que ella se movía, el traje crujía suavemente, ajustándose a sus pechos firmes. Se sentaron en una palmera, las rodillas rozándose. "Sabes, este traje me hace sentir poderosa, como si pudiera comerme el mundo... o a alguien", murmuró, ladeando la cabeza. Su aliento cálido te rozó el cuello, y sentiste un pulso en la entrepierna que no podías ignorar.

El deseo crecía lento, como la marea subiendo. Decidieron refrescarse en una tiendita cercana, de esas con aguas frescas y el olor a elotes asados flotando. Compraron un par de cocos fríos, y mientras bebían, sus dedos se enredaron juguetones. "Eres guapo, carnal. Me gusta cómo me miras, como si quisieras arrancarme el Adidas Tri ahí mismo". Tú tragaste duro, el coco dulce bajando por tu garganta. "Neta, Ana, eres un peligro. Ese traje... me tiene loco". Ella se mordió el labio, y en ese momento, la tensión explotó un poquito: te jaló hacia un caminito apartado entre las rocas, donde el ruido de la playa se amortiguaba.

Aquí empezó la escalada. Sus manos en tu pecho, quitándote la playera empapada. Sentiste su piel suave y salada contra la tuya, los pezones duros del top rozando tus músculos. "Tócame, wey. Quiero sentirte", susurró, guiando tu mano a su cadera. El Adidas Tri era tan delgado que sentías el calor de su sexo a través de la tela. Lo acariciaste despacio, oyendo su gemido bajo, como un ronroneo. Ella te besó, lengua juguetona invadiendo tu boca con sabor a coco y sal. Tus manos bajaron, apretando su culo envuelto en ese traje ergonómico, el material elástico cediendo bajo tus dedos. Chingao, qué bien se sentía, como si estuviera diseñado para esto.

La recostaste en la arena tibia, el sol filtrándose por las hojas de palmera. Le bajaste el top del Adidas Tri con cuidado, revelando pechos perfectos, oscuros pezones erectos por el aire marino. Los lamiste, saboreando la sal y el sudor, mientras ella arqueaba la espalda y gemía "¡Sí, así, pendejo caliente!". Tus dedos exploraron más abajo, deslizándose bajo la banda elástica del Adidas Tri. Estaba mojada, neta, empapada de deseo. La tela se pegaba a sus labios hinchados, y al tocarla, su clítoris latió bajo tu pulgar. "Estás chingón, corazón. No pares", jadeó, clavando uñas en tu espalda.

Esto es puro fuego. Su cuerpo responde a cada caricia, y yo no puedo pensar en nada más que en hundirme en ella. El Adidas Tri a medio bajar hace todo más sucio, más real.

La intensidad subía como el sprint final de una carrera. Te quitaste los shorts, tu verga dura saltando libre, palpitando al aire. Ana la miró con hambre, acariciándola con mano experta, el roce áspero por la arena mezclada con su sudor. "Ven, métemela ya". Le bajaste el Adidas Tri hasta los tobillos, el traje enredándose en sus pies atléticos. Entraste en ella despacio, sintiendo su calor apretado envolviéndote, paredes húmedas pulsando. El sonido era obsceno: piel contra piel chapoteando, sus jadeos mezclados con el mar. Olía a sexo salado, a arena caliente y a ella, ese aroma almizclado de mujer excitada.

Embestiste más fuerte, sus piernas envolviéndote, talones clavándose en tu culo. "¡Más duro, wey! ¡Dame todo!". Cada thrust hacía crujir la arena bajo ustedes, sus tetas rebotando, sudor volando. Sentías su corazón latiendo contra tu pecho, acelerado como el tuyo. Ella se tocaba el clítoris mientras la follabas, gemidos convirtiéndose en gritos ahogados. La tensión psicológica explotó cuando confesó: "Te vi desde el agua y supe que te quería. Ese momento en que me miraste el Adidas Tri... me prendí". Tú respondiste con un beso salvaje, mordiendo su labio, sintiendo el orgasmo construyéndose en tus bolas.

El clímax llegó como una ola gigante. Ella se tensó primero, cuerpo temblando, un "¡Chingao, me vengo!" gutural saliendo de su garganta mientras su coño se contraía alrededor de ti, ordeñándote. Tú la seguiste segundos después, eyaculando profundo dentro, chorros calientes llenándola, el placer cegador haciendo que vieras estrellas. Colapsaron juntos, respiraciones entrecortadas, el Adidas Tri arrugado a un lado como testigo sucio de su pasión.

En el afterglow, yacían abrazados, el sol calentando sus cuerpos exhaustos. Ana te acarició el pelo, riendo bajito. "Eso fue padre, carnal. El mejor entrenamiento post-tri". Tú besaste su hombro, oliendo su piel ahora mezclada con semen y sudor. "Neta, tu Adidas Tri fue el detonante. Pero tú... tú eres el premio". Se levantaron lento, ella ajustándose el traje empapado que ahora olía a ellos dos. Caminaron de vuelta a la playa, manos entrelazadas, con esa conexión nueva latiendo entre los dos. El mar los lavaba, pero el recuerdo ardía, prometiendo más carreras juntos, más pasiones desatadas.

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