Relatos Salvajes
Inicio Sexo en Grupo Bedoyecta Tri Precio YZA Enciende Mi Fuego Interno Bedoyecta Tri Precio YZA Enciende Mi Fuego Interno

Bedoyecta Tri Precio YZA Enciende Mi Fuego Interno

7056 palabras

Bedoyecta Tri Precio YZA Enciende Mi Fuego Interno

El sol de la tarde caía a plomo sobre las calles de la colonia Roma en la Ciudad de México. Yo, Ana, acababa de salir del gym con el cuerpo hecho un trapo. Neta, el trabajo en la agencia de publicidad me tenía reventada, y encima mi carnala Laura me había platicado de este suplemento milagroso: Bedoyecta Tri. "Te da un subidón de energía que ni te imaginas, wey", me dijo mientras se tomaba su café. Yo, que andaba con las pilas bajas y pensando en cómo encender la noche con mi vato Ricardo, decidí checarlo.

Entré a la Farmacia YZA de la esquina, ese lugar chido con sus vitrinas relucientes y el olor a desinfectante mezclado con perfumes baratos. Le pregunté al chavo del mostrador: "¿Cuánto está el bedoyecta tri precio yza aquí?". Me sonrió con picardía, como si supiera para qué lo quería. "Quince varos la ampolleta, morra. Te va a dejar como nueva". No lo pensé dos veces, saqué mi cartera y me llevé tres. El precio estaba de locura, un regalo del cielo para mi plan.

De regreso a mi depa, con el corazón latiéndome fuerte de anticipación, preparé la jeringa en el baño. El líquido ámbar brillaba bajo la luz del foco. Me pinché en el glúteo, sintiendo ese piquetazo frío que se expandía como un río de fuego líquido por mis venas.

¿Y si esto me da alas de verdad? ¿Y si esta noche Ricardo no puede seguirme el paso?
Me recosté en la cama, el aire acondicionado zumbando suave, y esperé. Minutos después, ¡pum! Una oleada de calor me invadió el pecho, subió a mi cabeza y bajó directo a mi entrepierna. Mi piel hormigueaba, mis pezones se endurecieron contra la blusa delgada, y un cosquilleo húmedo se instaló entre mis muslos. Neta, el Bedoyecta Tri era puro poder.

Ricardo llegó puntual, con su sonrisa de galán y una botella de mezcal en la mano. "¡Hola, preciosa!", dijo mientras me abrazaba por la cintura, su aliento cálido rozándome el cuello. Olía a colonia fresca y a hombre trabajado, ese aroma que me ponía loca. Lo jalé adentro, cerré la puerta con el pie y lo besé como si no hubiera mañana. Nuestras lenguas se enredaron, saboreando el leve dulzor de su boca, mientras mis manos bajaban por su espalda musculosa, sintiendo los tendones tensos bajo la camisa.

"¿Qué traes hoy, Ana? Estás cañona", murmuró contra mis labios, sus dedos hurgando el borde de mi short. Le conté rapidito lo del Bedoyecta Tri de YZA, cómo el precio había sido un chiste y ahora me sentía invencible. Él rio bajito, ese sonido ronco que me erizaba la piel. "Pues vamos a probar esa energía nueva". Lo empujé al sofá, me senté a horcajadas sobre él, frotándome contra el bulto que ya crecía en sus jeans. El roce era eléctrico, mi clítoris palpitando con cada movimiento, el calor de su verga endureciéndose contra mi humedad.

Nos quitamos la ropa con urgencia, pero sin prisa. Primero su camisa, revelando ese pecho moreno y velludo que tanto me gustaba lamer. Mi lengua trazó círculos alrededor de sus tetillas, saboreando el salado de su sudor fresco. Él gemía bajito, "pinche morra deliciosa", mientras me desabrochaba el brasier y chupaba mis pechos con hambre. Sus labios eran suaves pero firmes, succionando hasta que un jadeo se me escapó, alto y ronco. El olor a sexo empezaba a llenar la sala: ese almizcle dulce de mi excitación mezclado con su masculinidad terrosa.

Me levanté, lo jalé de la mano hacia la recámara. La cama king size nos esperaba con sábanas de algodón fresco, el ventilador girando perezoso en el techo. Lo tumbé boca arriba y me quité el short, quedando en tanga empapada.

Quiero montarlo hasta que suplique, que sienta cada contracción de mi concha alrededor de su pito
. Me subí encima, guiando su mano entre mis piernas. Sus dedos gruesos separaron mis labios, frotando mi clítoris hinchado. "Estás chorreando, amor", gruñó, metiendo dos dedos adentro. El sonido húmedo de mi jugo chorreando era obsceno, delicioso, mientras yo me mecía contra su palma, mis caderas ondulando como en un baile prohibido.

Pero no quería correrme todavía. Bajé por su cuerpo, besando cada abdominal marcado, hasta llegar a su verga tiesa como fierro. La tomé en mi mano, sintiendo las venas pulsantes, el calor abrasador. La lamí desde la base hasta la punta, saboreando el precúm salado y ligeramente dulce. Él se arqueó, "¡Ay, wey, qué rico!", enredando los dedos en mi pelo. La chupé profundo, mi garganta relajándose por la práctica, el glande golpeando suave contra mi paladar. El olor de su piel, ese musk varonil, me volvía loca de deseo.

La tensión crecía como una tormenta. Me incorporé, me quité la tanga y me posicioné sobre él. "Te voy a cabalgar hasta el fondo", le susurré al oído, mordisqueando su lóbulo. Bajé despacio, centímetro a centímetro, sintiendo cómo me abría, me llenaba por completo. ¡Dios, qué estirada tan perfecta! Sus manos agarraron mis nalgas, amasándolas fuerte, mientras yo empezaba a subir y bajar, el slap-slap de piel contra piel resonando en la habitación. Mis tetas rebotaban, él las atrapaba para mamarlas, y yo aceleraba, mi clítoris rozando su pubis con cada embestida.

El Bedoyecta Tri hacía su magia: no sentía cansancio, solo un fuego inagotable. Cambiamos posiciones; él me puso a cuatro patas, el colchón hundiéndose bajo mis rodillas. Entró de nuevo, profundo, sus bolas golpeando mi clítoris.

Esto es puro éxtasis, cada empujón me lleva más alto
. Agarró mis caderas, follándome con ritmo salvaje pero controlado, sus gruñidos mezclándose con mis gritos: "¡Más duro, Ricardo, no pares!". El sudor nos cubría, goteando entre mis omóplatos, el aire cargado de nuestro aroma compartido: sexo puro, sudor, pasión.

Sentí el orgasmo construyéndose, una espiral apretada en mi vientre. "Me vengo, carnal", jadeé, y exploté. Mi concha se contrajo alrededor de su verga, oleadas de placer sacudiéndome entera, visión borrosa, piernas temblando. Él no se detuvo, prolongando mi clímax con embestidas precisas. Luego, con un rugido gutural, se corrió dentro de mí, chorros calientes llenándome, su cuerpo colapsando sobre el mío.

Nos quedamos así, jadeantes, pegados por el sudor. El ventilador secaba nuestra piel perlada, el corazón latiéndonos al unísono. Me volteó, me besó suave en la frente. "Pinche Bedoyecta Tri, precio YZA imbatible. Eres una diosa ahora". Reí bajito, acurrucándome en su pecho, sintiendo su verga aún semi-dura contra mi muslo. El afterglow era perfecto: músculos laxos, piel sensible, un calor residual que prometía más rondas.

Al día siguiente, con el sol filtrándose por las cortinas, pensé en volver por más. Ese subidón no era solo físico; había despertado algo salvaje en mí, una confianza que hacía el sexo no solo rico, sino empoderador. Ricardo dormía plácido a mi lado, y yo ya planeaba la próxima dosis. Neta, el mundo necesitaba más de esto.

Contenido Adulto

Este sitio web contiene material explícito y relatos eróticos destinados exclusivamente a adultos. Debes tener al menos 18 años para acceder a relatossalvajes.cc.

Al ingresar, aceptas nuestros términos de servicio y confirmas que resides en una jurisdicción donde el consumo de este material es legal.