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Chica Busca Trío Prohibido

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Chica Busca Trío Prohibido

Estaba harta de la rutina en la CDMX esa noche de viernes. Yo, Ana, una morra de veintiocho tacos con curvas que vuelven locos a los güeyes, me sentía como un volcán a punto de erupcionar. Siempre había sido la correcta, la que sale con amigos a cenar tacos al pastor en la Condesa y se va temprano a su depa en Polanco. Pero esa vez, el deseo me carcomía por dentro. Quiero algo nuevo, algo que me haga temblar, pensé mientras abría la app en mi cel. Tecleé rápido: chica busca trio. No más, solo eso. Mi corazón latía como tamborazo en una fiesta de pueblo.

Las notificaciones explotaron. Mensajes de pendejos que solo mandaban fotos de sus vergas tiesas, pero dos carnales destacaron: Marco y Luis. Marco, alto, moreno con ojos que te desnudan, y Luis, güero atlético con sonrisa de diablo. Amigos de la uni, decían, buscando lo mismo que yo: diversión sin compromisos. Charlamos un rato, risas por chat, fotos decentes.

¿Y si son unos locos? Nah, se ven chidos. Confía en tu instinto, Ana
, me dije. Quedamos en un bar trendy de la Roma, luces tenues, olor a mezcal ahumado flotando en el aire.

Llegué con un vestido negro ceñido que marcaba mis chichis y mi culo redondo, tacones que resonaban como promesas. Los vi de inmediato en una mesa al fondo, cervezas en mano. Marco se paró primero, me dio un beso en la mejilla que duró un segundo de más, su barba raspando mi piel suave. Luis me abrazó por la cintura, su mano grande rozando mi cadera. Órale, ya siento el calor subiendo. Pedimos tequilas, platicamos de todo: el tráfico infernal, las series de Netflix, hasta de la vez que Marco se cayó en bici en Chapultepec. Reíamos, pero la tensión crecía. Sus miradas se clavaban en mis labios, en mi escote. Yo cruzaba las piernas, sintiendo mi panocha humedecerse solo con imaginar.

Acto uno del deseo, pensé. No quería apurarme. Les conté cómo llegué a esto: chica busca trio porque mi ex era un aburrido que ni me hacía correrme bien. Ellos asintieron, Marco contando que siempre fantasearon con complacer a una morra como yo. Luis rozó mi rodilla bajo la mesa, un toque eléctrico que me erizó la piel. El bar vibraba con salsa suave, cuerpos bailando cerca, pero nosotros éramos un mundo aparte. ¿Vamos a otro lado? propuso Marco, voz ronca. Asentí, el pulso acelerado, el aroma de sus colonias mezclándose con mi perfume de vainilla.

Salimos al coche de Luis, un Jeep negro reluciente. Marco atrás conmigo, su muslo pegado al mío. En el camino a un hotel en Reforma, las manos empezaron a jugar. Luis manejaba, yo besaba a Marco, su lengua invadiendo mi boca con sabor a tequila y menta. Sabe a pecado. Sus dedos bajaron por mi cuello, por mi pecho, pellizcando un pezón por encima del vestido. Gemí bajito, el sonido ahogado por el rugido del motor. Luis nos miró por el retrovisor, sonriendo pícaro. Tranquilos, cabrones, que ya llegamos.

El lobby del hotel era puro lujo: mármol frío bajo mis pies descalzos –me quité los tacones–, luces doradas reflejándose en espejos. Subimos al elevador, y ahí explotó la primera chispa. Marco me acorraló contra la pared, besándome el cuello mientras Luis cerraba la puerta con un clic que sonó como invitación. Sus manos en mi culo, amasándolo, el vestido subiéndose solo. Olía a sus sudores mezclados, a excitación pura. Esto es lo que buscaba, un trio que me haga olvidar mi nombre.

La habitación era amplia, cama king size con sábanas blancas crujientes, vista a las luces de la ciudad parpadeando como estrellas caídas. Nos desvestimos despacio, como en ritual. Yo primero, dejando caer el vestido, quedando en tanga roja y bra de encaje. Marco y Luis se quitaron camisas, revelando torsos duros, vellos oscuros bajando a sus boxers abultados. Qué mamadas, están para comérselos, murmuré. Me tumbaron en la cama, sus bocas atacando. Marco chupaba mis tetas, lengua girando en los pezones duros como piedras, enviando descargas a mi clítoris. Luis besaba mi vientre, bajando lento, su aliento caliente sobre mi piel. El aire se llenó de jadeos, de mi olor a mujer mojada.

La tensión subía como fiebre. No corras, disfruta cada roce. Luis quitó mi tanga con dientes, exponiendo mi panocha rasurada, labios hinchados brillando. Mira qué rica estás, nena, dijo, y hundió la cara. Su lengua lamía mi clítoris en círculos perfectos, chupando jugos que sabía a miel salada. Gemí fuerte, arqueando la espalda, mientras Marco metía dos dedos en mi boca para que los mamara. Sabe a él, a hombre listo para follar. Cambiaron turnos, Marco ahora entre mis piernas, su barba raspando mis muslos internos, lengua jodiendo mi entrada. Luis besaba mi boca, su verga tiesa frotándose en mi mano. La froté, piel suave sobre acero, venas pulsando.

El medio acto ardía. Me puse de rodillas, queriendo darles placer. Tomé las dos vergas en manos, Marco más gruesa, Luis más larga. Las lamí alternando, sabor salado de precum en mi lengua. Qué chido, morra experta, gruñó Marco. Me metieron en la boca, uno a la vez, follándome la garganta suave. Tosí un poco, pero excitada, saliva chorreando. Luego, posición de diosa: yo encima de Luis, su verga entrando despacio en mi coño empapado. Lléneme, cabrón. Rebotaba, tetas saltando, mientras Marco se paraba en la cama y yo le mamaba las bolas. El slap slap de piel contra piel, suspiros roncos, mi sudor goteando en el pecho de Luis.

Cambiaron, Marco ahora atrás, su pija gruesa abriéndome el culo con lubricante frío que calentó rápido. ¿Puedes, reina? Sí, anal suave, consensual, yo guiando el ritmo. Luis enfrente, follándome la boca. Un sándwich perfecto, cuerpos sudados pegándose, olores intensos de sexo, gemidos como música prohibida. Siento sus pulsos dentro de mí, voy a explotar. Aceleraron, mis uñas clavándose en sus espaldas, orgasmos construyéndose como tormenta.

El clímax llegó en oleadas. Primero yo, gritando ¡Me vengo, pinches dioses!, coño contrayéndose alrededor de Luis, culo apretando a Marco. Ellos siguieron, gruñendo, llenándome de leche caliente que chorreaba por mis muslos. Colapsamos en la cama, pechos agitados, pieles pegajosas. Besos suaves ahora, caricias perezosas. Marco trajo agua fría, bebimos riendo, cuerpos entrelazados.

En el afterglow, luces de la ciudad filtrándose por cortinas, pensé en lo perfecto.

Chica busca trio y encuentra paraíso. ¿Repetimos?
Ellos asintieron, prometiendo más noches así. Me vestí con piernas temblorosas, besos de despedida en el lobby. Afuera, el aire fresco de la noche me calmó, pero el recuerdo ardía. Caminé a mi coche, sonrisa pícara, sabiendo que había vivido el trio de mis sueños. No más rutina; ahora soy la chica que encontró su trio, lista para más.

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