Relatos Salvajes
Inicio Sexo en Grupo El trío por el culo que me enloqueció El trío por el culo que me enloqueció

El trío por el culo que me enloqueció

6315 palabras

El trío por el culo que me enloqueció

La noche en la playa de Puerto Vallarta olía a sal marina mezclada con el humo de las fogatas lejanas y el aroma dulce de las piñas coladas que nos servían en vasos helados. Yo, Ana, de veintiocho años, con mi piel morena brillando bajo la luna llena, caminaba descalza por la arena tibia, sintiendo cada grano rozar mis pies como una caricia preliminar. Llevaba un bikini rojo diminuto que apenas contenía mis curvas generosas, y mi corazón latía fuerte porque sabía que esta noche todo podía cambiar.

Marco, mi novio desde hace dos años, era el tipo perfecto: alto, musculoso, con esa sonrisa pícara que me derretía. Güey, qué chido era besarlo bajo las estrellas. Pero esa noche, su carnal Luis, un moreno atlético con ojos verdes que hipnotizaban, se unió a nosotros. Luis era el amigo de la infancia de Marco, el que siempre contaba chistes subidos de tono en las carnitas del domingo. Habíamos estado platicando horas, riéndonos con chelas frías en la mano, y el alcohol soltaba las lenguas.

¿Y si les propongo un trío por el culo? Mi mente divagaba con la idea, recordando esas noches sola tocándome, imaginando dos vergas gruesas reclamando mi trasero apretado.

El deseo empezó como un cosquilleo en mi vientre. Marco me abrazó por la cintura, su aliento caliente en mi cuello oliendo a tequila reposado. "Órale, mi reina, ¿lista pa' la aventura?", murmuró. Luis nos miró con picardía, su mano rozando accidentalmente mi muslo. "No mames, Ana, estás cañona esta noche". Sentí mi panocha humedecerse al instante, el calor subiendo por mis piernas.

Nos fuimos a la villa que rentamos, un lugar chulo con piscina infinita y vista al mar. La puerta se cerró con un clic suave, y el aire acondicionado nos envolvió en frescura contrastando con nuestro calor interno. Me quitaron el bikini con manos ansiosas pero tiernas. Marco besaba mi boca, su lengua danzando con la mía, sabor a ron y sal. Luis lamía mi cuello, sus dientes rozando la piel, enviando chispas por mi espina.

Me tendí en la cama king size, sábanas de algodón egipcio suaves como seda contra mi espalda desnuda. El cuarto olía a velas de coco encendidas, luz tenue bailando en las paredes blancas. Marco se arrodilló entre mis piernas, separándolas con gentileza. "Te voy a comer entera, preciosa". Su boca descendió a mi panocha, lengua plana lamiendo mis labios hinchados, chupando el clítoris con succiones rítmicas que me hicieron arquear la espalda. Gemí alto, "¡Ay, cabrón, sí!", mis manos enredadas en su pelo negro.

Luis no se quedó atrás. Se posicionó a mi lado, ofreciéndome su verga erecta, venosa y gruesa, goteando precum que olía almizclado. La tomé en mi mano, piel aterciopelada sobre acero, y la metí en mi boca. Saboreé su esencia salada, chupando la cabeza mientras mi lengua giraba. Él gruñó, "Qué chingona mamada, Ana", empujando suave en mi garganta.

La tensión crecía como una ola. Mi cuerpo ardía, sudor perlando mi piel, mezclándose con sus fluidos. Marco introdujo dos dedos en mi coño empapado, curvándolos para tocar ese punto que me volvía loca. "Estás chorreando, mi amor", dijo, voz ronca. Yo solo podía jadear alrededor de la verga de Luis, mis caderas moviéndose solas.

Quiero más. Quiero que me abran el culo, que me den el trío por el culo que he soñado tantas veces. Pero ¿estoy lista? El miedo y la excitación se batían en mi pecho.

Marco sacó lubricante de la mesita, ese gel frío que olía a cereza. Me volteó boca abajo con cuidado, besando mi espalda mientras separaba mis nalgas redondas. "Relájate, reina. Vamos despacio". Sus dedos untados rozaron mi ano virgen esa noche, círculos suaves que me hicieron temblar. El toque era eléctrico, un hormigueo que se extendía a mi clítoris. Luis se acostó frente a mí, besándome profundo para distraerme, su mano pellizcando mis pezones duros como piedras.

Marco presionó la cabeza de su verga contra mi entrada trasera, lubricada y lista. "Dime si duele, ¿eh?". Empujó lento, centímetro a centímetro, estirándome con una quemazón deliciosa que se convirtió en placer puro. Grité de éxtasis, "¡Sí, métela toda, pendejo!". Sentí cada vena pulsando dentro, llenándome como nunca. Él jadeaba, sudor goteando en mi espalda, manos apretando mis caderas.

Luis, viendo mi cara de placer, se masturbaba lento. "Ahora yo, carnal". Marco salió despacio, y Luis tomó su turno. Su verga era un poco más gruesa, abriéndome más, el sonido húmedo de la fricción llenando el cuarto junto a nuestros gemidos. "Qué culazo tan apretado, Ana. Eres una diosa". Yo me mecía entre ellos, mi mano en mi clítoris frotando furioso.

La escalada fue brutal. Marco volvió a entrar cuando Luis salió, turnándose en mi culo como en un baile sincronizado. El slap-slap de piel contra piel, el squelch del lube, sus huevos golpeando mis nalgas. Olía a sexo crudo: sudor, semen, mi propia excitación. Mis paredes internas se contraían, ordeñándolos. "¡Más fuerte, cabrones! ¡Denme ese trío por el culo!", supliqué, perdida en la lujuria.

Marco gruñó primero, "Me vengo, reina". Su verga latió dentro, chorros calientes inundándome el recto, el calor extendiéndose como fuego líquido. Luis lo relevó rápido, follándome con embestidas salvajes mientras Marco besaba mi boca, tragando mis gritos. "¡Córrete conmigo!", ordenó Luis, y lo hice. El orgasmo me partió en dos: visión borrosa, cuerpo convulsionando, jugos salpicando la sábana. Él explotó segundos después, llenándome más, semen goteando por mis muslos.

Colapsamos en un enredo de cuerpos sudorosos, respiraciones agitadas calmándose poco a poco. El mar rugía afuera, como aplaudiendo. Marco me acunó, "Eres increíble, mi vida. ¿Estás bien?". Asentí, besándolo. Luis acarició mi pelo, "Gracias por esto, Ana. Un trío por el culo épico". Reímos bajito, el afterglow envolviéndonos en paz tibia.

Me quedé ahí, entre ellos, sintiendo el semen secándose en mi piel, el ano palpitando satisfecho.

Esto no fue solo sexo. Fue conexión, confianza, empoderamiento. Mañana, ¿repetimos?
La luna se colaba por la ventana, prometiendo más noches locas en esta playa eterna.

Contenido Adulto

Este sitio web contiene material explícito y relatos eróticos destinados exclusivamente a adultos. Debes tener al menos 18 años para acceder a relatossalvajes.cc.

Al ingresar, aceptas nuestros términos de servicio y confirmas que resides en una jurisdicción donde el consumo de este material es legal.