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El Vino Reserva Trio

7489 palabras

El Vino Reserva Trio

El sol del Valle de Guadalupe te acaricia la piel mientras caminas por los viñedos, el aire cargado con ese olor terroso a tierra húmeda y uvas maduras que te hace suspirar de puro gusto. Tú, con tu vestido ligero de algodón que se pega un poquito a tus curvas por el calorcito, vas tomada de la mano de Javier, tu carnal de años, ese wey alto y moreno que siempre te mira como si fueras el último trago de agua en el desierto. Han venido a esta hacienda chida para una cata privada, escapando del jale de la ciudad, y órale, qué buena onda que Daniela, la enóloga del lugar, los recibe con una sonrisa que promete más que solo vino.

Daniela es una morra de esas que quitan el hipo: cabello negro suelto hasta la cintura, ojos cafés intensos y un cuerpo atlético que se adivina bajo el overol ajustado, manchado de tierra como si acabara de salir de las parras. ¡Bienvenidos, amigos! Hoy les tengo una joya especial, el vino reserva trio, un blend de tres uvas cabernet sauvignon malbec y tempranillo, fermentado en barricas mexicanas. Solo para paladares exigentes, dice con voz ronca, guiñándote el ojo mientras te pasa la primera copa. El líquido rojo oscuro brilla bajo la luz del atardecer, y cuando lo hueles, te invade un aroma a vainilla tostada, frutos negros y un toque picante que te eriza la piel.

Tomas un sorbo, y no mames, explota en tu boca: aterciopelado, con taninos que te acarician la lengua como una caricia prohibida. Javier gime bajito a tu lado, su mano apretando tu nalga disimuladamente.

¿Qué pedo con este vino? Me está poniendo caliente nomás de olerlo
, piensas, mientras ves cómo Daniela se lame los labios al verte tragar. La charla fluye fácil, platican de la viña, de cómo ella cuida cada cepa como a un amante, y de pronto, Javier suelta: Este vino reserva trio nos va a armar un buen desmadre esta noche, ¿no? Ella ríe, una risa gutural que vibra en tu pecho, y te toca el brazo: Si quieren, les muestro la bodega privada. Ahí catamos sin prisas.

El deseo ya zumba en el aire como las abejas alrededor de las flores, y tú sientes ese cosquilleo familiar entre las piernas, el pulso acelerándose con cada paso hacia la bodega. Es un lugar mágico: paredes de piedra fresca, barriles apilados oliendo a roble y mosto, luces tenues que bailan sobre el polvo flotante. Daniela saca otra botella de vino reserva trio, descorchándola con un pop que suena como un beso húmedo. Sirve las copas, y al brindar, sus dedos rozan los tuyos, enviando chispas eléctricas por tu espina.

Middle act starts La plática se pone más íntima, confesiones entre sorbos. Javier cuenta cómo te conoció en una fiesta, tú bailando con esa falda corta que lo dejó loco. Daniela comparte que anda soltera, que el viñedo es su pasión pero extraña el calor humano. ¿Y si probamos algo más que vino?, sugiere ella, su mano ahora en tu muslo, subiendo despacito bajo el vestido. Tú miras a Javier, y él asiente con ojos brillantes, su verga ya marcada contra los jeans.

Esto es lo que queríamos, ¿verdad? Un trio perfecto como este vino
, te dices, el corazón latiéndote en la garganta.

El primer beso es de Javier, te jala hacia él y te come la boca con hambre, su lengua saboreando el vino en la tuya, manos grandes amasando tus tetas por encima de la tela. Daniela observa un segundo, mordiéndose el labio, luego se une: su boca en tu cuello, chupando suave, dientes rozando la piel hasta dejarte jadeante. Hueles su perfume mezclado con el mosto, tierra y sudor fresco, un afrodisíaco natural. Tus manos exploran: deslizas una bajo la camisa de Javier, sintiendo su pecho peludo y duro, la otra en la cintura de Daniela, bajando a su culo firme que aprietas con ganas.

Se despojan la ropa entre risas y gemidos, el vestido cae a tus pies como una promesa rota, quedas en tanga y bra, tetas al aire con pezones duros como piedras. Javier te besa los pechos, mamando fuerte mientras Daniela se arrodilla, besando tu ombligo, bajando lento. Qué rica estás, wey, murmura ella, voz mexicana ronca, y mete la lengua en tu panocha por encima de la tela húmeda. El tacto es eléctrico: su aliento caliente, la fricción áspera, tus jugos empapando todo. Gimes alto, el eco rebotando en las paredes de piedra.

No puedo creerlo, dos bocas en mí, el vino zumbándome en las venas
. Javier se pone detrás, su verga gruesa presionando tu espalda, frotándola contra tu piel mientras te besa el hombro. Daniela te quita la tanga de un jalón, y órale, su lengua directa en tu clítoris, lamiendo círculos perfectos, chupando tus labios hinchados. Saboreas el vino en su boca cuando te besa después, compartiendo tu propio sabor salado y dulce. Javier gime: Cómela bien, Dani, que se la debe.

La intensidad sube: te sientas en un barril bajo, piernas abiertas, Javier metiendo dos dedos en ti mientras Daniela te mama las tetas, mordisqueando pezones hasta doler rico. El sonido es obsceno: chapoteos húmedos, jadeos entrecortados, el goteo de sudor por sus cuerpos. Hueles el sexo crudo, almizcle mezclado con vainilla del vino, tu nariz llena de eso. Tus caderas se mueven solas, buscando más, neta que el vino reserva trio ha despertado al animal en todos.

Cambian posiciones fluidos como el vino en la copa. Tú de rodillas ahora, mamando la verga de Javier: gruesa, venosa, salada con precum que tragas ansiosa, lengua girando en la cabeza mientras Daniela lo besa y te acaricia el pelo. Qué chido se ve eso, dice ella, y se une lamiendo tus bolas, chupando desde abajo. Javier gruñe, caderas empujando suave, follándote la boca con cuidado pero firme. Luego, Daniela se acuesta en el barril, tú entre sus piernas: su panocha depilada, labios rosados brillando, olor fuerte a excitación femenina. La comes con ganas, lengua hundiéndose, saboreando su miel agria, clítoris palpitante bajo tu succión.

Javier no aguanta más: te pone a cuatro patas, verga embistiendo tu coño desde atrás, profundo y rítmico, pellizcando tu clítoris con cada choque. El slap-slap de piel contra piel llena la bodega, tus gemidos ahogados en la panocha de Daniela.

Me voy a venir, no pares, cabrones
. Ella se retuerce bajo tu boca, gritando ¡Sí, así, no te pares! en ese acento norteño puro.

El clímax llega en oleadas: Daniela primero, convulsionando, jugos inundando tu cara mientras grita tu nombre inventado en el calor. Tú sigues, el orgasmo explotando desde el fondo, paredes apretando la verga de Javier, piernas temblando como hoja. Él se sale último, corriéndose en chorros calientes sobre tu espalda y la de Daniela, semen espeso oliendo a sal y hombre.

Caen los tres en un montón sudoroso sobre una manta que Daniela sacó de quién sabe dónde, respiraciones agitadas calmándose poco a poco. El aire huele a sexo saciado, vino derramado y tierra. Javier te besa la frente, Daniela acaricia tu pelo, y tú sonríes, cuerpo pesado de placer. El mejor vino reserva trio de mi vida, murmura él, y todos ríen bajito. Afuera, la noche envuelve la viña, estrellas brillando como promesas de más noches así. Te sientes plena, empoderada, conectada en este lazo carnal que el vino tejió. Qué chingón todo.

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