La Pasión Prohibida de The Try Guys Ned
Estaba en un antro bien chido de Polanco, con las luces neón parpadeando como locas y el reggaetón retumbando en mis huesos. El sudor del baile me pegaba la blusa al cuerpo, y el olor a tequila y perfume barato flotaba en el aire. Yo, Carla, una morra de veintiocho que trabaja en una agencia de videos, andaba soltándome el pelo después de una semana de puro estrés. Neta, necesitaba algo que me prendiera el fuego.
De repente, lo vi. Alto, con esa barba bien recortada y una sonrisa que gritaba confianza. Se parecía un chorro a Ned Fulmer, el de The Try Guys. Me quedé mirándolo como pendeja, recordando esos videos donde él y sus cuates probaban comida rara o se vestían de drag. Pero este güey era real, con una camisa ajustada que marcaba sus hombros anchos y unos ojos cafés que te taladraban el alma. Órale, ¿sería él de verdad?
Me armé de valor y me acerqué al bar, pidiendo un paloma con sal. Hola, ¿eres Ned de The Try Guys?
le solté, con la voz un poco temblorosa por los tequilas. Él volteó, sonrió y dijo: ¡Sí, soy yo! ¿Fan? Estoy de vacaciones en México, tratando cosas nuevas, como siempre.
Su voz era grave, con ese acento gringo que me erizaba la piel. Platicamos de sus videos, de cómo The Try Guys Ned siempre anda en locuras, y neta, la química explotó. Su mano rozó la mía al pasarme el vaso, y sentí un chispazo que me bajó directo al estómago.
Salimos del antro caminando por las calles empedradas, el aire fresco de la noche oliendo a jacarandas y tacos de la esquina. Él me contó de su vida, de cómo probar cosas nuevas lo hace sentir vivo. Yo le confesé que sus videos me ponían a fantasear, que él era el más sexy del grupo. Reímos, y de pronto, su brazo rodeó mi cintura. ¿Quieres probar algo conmigo esta noche?
murmuró, su aliento cálido contra mi oreja. Mi corazón latía como tamborazo, y asentí, sintiendo el calor subir por mis muslos.
En su hotel, un lugar fancy con vistas al skyline de la CDMX, la tensión era palpable. La habitación olía a sábanas limpias y su colonia amaderada. Nos besamos en la puerta, sus labios suaves pero firmes, saboreando a ron y menta. Sus manos grandes subieron por mi espalda, desabrochando mi bra con un movimiento experto. Qué chingón se siente esto, pensé, mientras su lengua exploraba mi boca, haciendo que mis rodillas flaquearan.
Me quitó la blusa despacio, besando mi cuello, y yo gemí bajito, el sonido ahogado por la música suave del fondo. Su piel era cálida, con un leve vello que rozaba delicioso contra mis tetas. Eres preciosa, Carla
, dijo, mirándome con ojos hambrientos. Yo le bajé los pantalones, sintiendo su verga dura presionando contra mi mano. Era gruesa, palpitante, y el olor almizclado de su excitación me mareaba. Ned de The Try Guys, no pensé que probarías esto en México
, bromeé, y él rio, tirándome a la cama.
En mi cabeza, todo giraba: ¿esto es real? El Ned de The Try Guys Ned, aquí, tocándome como si fuera suya. Mi cuerpo ardía, la panocha ya empapada, rogando por más.
Se arrodilló entre mis piernas, besando mi ombligo, bajando lento hasta mi entrepierna. Su lengua lamió mi clítoris con maestría, chupando suave al principio, luego más fuerte, mientras sus dedos entraban y salían, curvándose justo donde dolía rico. Grité, agarrando las sábanas, el sonido de mis jadeos mezclándose con su respiración agitada. El sabor salado de mi propia piel cuando me tocaba, el calor húmedo de su boca... todo me volvía loca. ¡Más, cabrón, no pares!
le supliqué, y él obedeció, metiendo la lengua más hondo, hasta que el primer orgasmo me sacudió como terremoto, mis piernas temblando alrededor de su cabeza.
Pero no paró ahí. Me volteó boca abajo, besando mi espalda, mordisqueando mis nalgas. Sentí su verga rozando mi entrada, resbalosa y lista. Dime si quieres
, susurró, siempre respetuoso. Sí, métemela ya
, respondí, arqueando la cadera. Entró despacio, centímetro a centímetro, llenándome hasta el fondo. El estirón era exquisito, su grosor pulsando contra mis paredes. Empezó a moverse, lento al inicio, el slap-slap de piel contra piel resonando en la habitación, mezclado con nuestros gemidos.
La intensidad subió. Me agarró las caderas, clavándome más fuerte, su sudor goteando en mi espalda, oliendo a hombre puro. Yo empujaba contra él, sintiendo cada vena de su verga frotando mi punto G. Esto es mejor que cualquier video de The Try Guys, pensé entre jadeos. Cambiamos posiciones: yo encima, cabalgándolo como reina, mis tetas rebotando mientras él las chupaba, mordiendo los pezones hasta doler placero. Sus manos en mi culo, guiándome, el ritmo acelerando. El aire estaba cargado de nuestro aroma, sexo crudo y sudor.
Él se sentó, yo en su regazo, besándonos salvajes. Estás tan apretada, tan rica
, gruñó, y yo respondí: Prueba esto, Ned, hazme venir otra vez
. Aceleró, sus caderas golpeando las mías, el placer acumulándose como ola gigante. Sentí su verga hincharse, y justo cuando exploté en un orgasmo que me dejó ciega, él se corrió dentro, caliente y abundante, gritando mi nombre. Nuestros cuerpos temblaron juntos, pulsos latiendo al unísono.
Colapsamos en la cama, jadeando, su brazo alrededor de mí. El silencio era roto solo por nuestras respiraciones calmándose. Su piel pegajosa contra la mía, el olor a sexo impregnando todo. Me besó la frente, suave. Gracias por dejarme probar esto contigo. Eres increíble
. Yo sonreí, trazando su pecho con el dedo. The Try Guys Ned no miente: probar cosas nuevas es lo máximo.
Nos quedamos así, platicando bajito hasta el amanecer. Él prometió volver, y yo supe que esa noche había cambiado algo en mí. Salí del hotel con las piernas flojas, el sol calentándome la piel, recordando cada roce, cada sabor. Neta, la pasión prohibida de The Try Guys Ned era inolvidable.