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Try Again Letras de Keane en Nuestra Piel

5629 palabras

Try Again Letras de Keane en Nuestra Piel

La noche en Polanco estaba viva, con ese bullicio chido de la Zona Rosa que te hace sentir que todo puede pasar. El aire olía a tacos de suadero asándose en la esquina y a perfume caro de las morras que pasaban riendo. Tú estabas sentada en la barra del bar, con un mezcal en la mano, el hielo tintineando suave contra el vidrio. Habías venido sola, neta, para desconectarte del desmadre de la semana. Pero entonces lo viste. A él. Alex, tu ex, el wey que te había roto el corazón hace meses con sus viajes eternos y promesas que se iban al carajo.

Él te miró desde el otro lado del salón, sus ojos cafés clavándose en los tuyos como si el tiempo no hubiera pasado. Vestía una camisa negra ajustada que marcaba sus hombros anchos, y su sonrisa pícara te hizo un nudo en el estómago.

¿Qué chingados hago? ¿Lo ignoro o qué?
pensaste, mientras tu pulso se aceleraba. Pero él no te dio chance. Se acercó, oliendo a colonia fresca con un toque de tabaco, y se sentó a tu lado.

—Órale, güey, ¿qué onda? —dijo con esa voz ronca que siempre te ponía la piel chinita—. No esperaba verte aquí.

Tú sonreíste, fingiendo calma. —Puras casualidades, carnal. ¿Y tú? ¿No estabas en Guadalajara?

Charlaron de pendejadas: el tráfico de la Reforma, el pinche clima loco, hasta que el tema se puso pesado. Él admitió que la había cagado, que extrañaba tus risas, tus besos. Tú sentiste ese calor subiendo por tu pecho, el deseo viejo despertando como un volcán. La música del bar cambió a algo suave, y él te tomó la mano.

Try again, ¿te acuerdas? —murmuró, citando esas letras de Keane que tanto les gustaban—. Try again Keane lyrics, güey. Laugh a little harder. Esas palabras que poníamos en repeat cuando todo iba bien.

Tú asentiste, el corazón latiéndote a mil. Sus dedos rozaban los tuyos, cálidos, firmes. El deseo era palpable, como electricidad en el aire cargado de humo y sudor.

La tensión creció mientras bailaban pegaditos en la pista improvisada. Su cuerpo contra el tuyo, duro y familiar. Sentías su aliento en tu cuello, caliente, con sabor a tequila reposado. Tus caderas se movían al ritmo, rozando su entrepierna que ya se ponía dura.

Neta, me muero por sentirlo otra vez
, pensaste, mientras tus pezones se endurecían bajo la blusa de encaje.

—Vámonos de aquí —te susurró al oído, su voz temblando de ganas—. A mi depa, está cerca. Solo si quieres, mamacita.

Tú lo miraste a los ojos, viendo el fuego ahí. —Sí, wey. Inténtalo de nuevo.

Salieron tomados de la mano, el viento nocturno fresco contra sus pieles calientes. En el Uber, no aguantaron: sus labios se encontraron en un beso hambriento, lenguas enredándose con gusto a mezcal y menta. Sus manos subían por tus muslos, bajo la falda corta, rozando la humedad que ya empapaba tus calzones. Tú gemiste bajito, arañando su nuca, oliendo su aroma masculino que te volvía loca.

Llegaron al depa en Insurgentes, un lugar chido con vista a la ciudad brillando. Apenas cerraron la puerta, se devoraron. Él te empujó suave contra la pared, besándote el cuello, mordisqueando la piel sensible. —Te extrañé tanto, carnalita —gruñó, mientras sus manos desabrochaban tu blusa, liberando tus tetas llenas.

Tú jadeaste, sintiendo sus labios chupando un pezón, la lengua girando húmeda y caliente. Tus manos bajaron a su pantalón, sintiendo la verga tiesa palpitando bajo la tela. —Quítatelo todo, pendejo —le ordenaste juguetona, y él obedeció riendo.

Desnudos en el sofá de piel suave, exploraron cada centímetro. Tú lo montaste a horcajadas, frotando tu panocha mojada contra su polla dura, el roce resbaloso enviando chispas por tu espina. Él gemía, manos en tus nalgas, amasándolas fuerte.

Está cañón esto, no aguanto más
, pensaste, mientras lo guiabas adentro.

Lo cabalgaste lento al principio, sintiendo cada vena de su verga estirándote delicioso. El sonido de piel contra piel, chapoteante por tus jugos, llenaba la habitación. Sudor perlando sus cuerpos, olor a sexo crudo y excitante. Él te miró, ojos vidriosos: —Try again, sí, güey. Esto es lo que necesitaba.

La intensidad subió. Tú aceleraste, tetas rebotando, uñas clavadas en su pecho. Él te volteó, poniéndote a cuatro, embistiéndote profundo desde atrás. Cada golpe hacía que tus paredes se apretaran, el placer construyéndose como ola gigante. —¡Más duro, cabrón! —gritaste, y él obedeció, una mano en tu clítoris frotando en círculos perfectos.

El clímax te golpeó primero: un estallido de fuego líquido desde tu vientre, piernas temblando, grito ahogado escapando tu garganta. Él te siguió segundos después, gruñendo tu nombre, llenándote con chorros calientes que sentiste palpitar dentro.

Colapsaron juntos en la cama king size, cuerpos enredados, pieles pegajosas de sudor y fluidos. El aire olía a ellos, a pasión satisfecha. Él te acarició el cabello, besándote la frente suave.

—Neta, try again Keane lyrics funcionaron —dijo riendo bajito—. No te suelto esta vez, te lo juro.

Tú sonreíste, sintiendo paz en el pecho, el corazón latiendo calmado contra el suyo.

Esto se siente bien, chido de verdad. Quizás sí valga la pena intentarlo de nuevo
. Afuera, la ciudad seguía su ritmo, pero en esa cama, todo era perfecto. Sus respiraciones se sincronizaron, y se durmieron abrazados, con el eco de esas letras flotando en el aire como promesa.

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