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Trios XXX Caseros en Caliente Noche Vecinal

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Trios XXX Caseros en Caliente Noche Vecinal

Era una de esas noches calurosas en el barrio de Polanco donde el aire se sentía espeso como miel derretida. Yo, Juan, acababa de mudarme a mi depa nuevo, un lugar chido con balcón que daba a las luces de la ciudad. Mis vecinos, Sofia y su cuate Maria, eran unas mamacitas que no pasaban desapercibidas. Sofia, con su piel morena y curvas que gritaban ven y tócalas, y Maria, más delgada pero con unos ojos que te desnudaban con la mirada. Las había visto un par de veces en el elevador, saludos rápidos, sonrisas que duraban un segundo de más.

Todo empezó con una chela casual. Sofia me invitó a su depa para ver el partido de las Águilas.

Órale carnal, ven a echar la plática y unas frías
, me dijo por WhatsApp. Llegué con una six de Indio y unas papas. El lugar olía a tacos de suadero recién hechos, ese aroma ahumado que te abre el hambre y algo más. Estábamos los tres en el sofá, riéndonos de pendejadas, las piernas rozándose sin querer. Maria traía un shortcito que dejaba ver sus muslos suaves, y Sofia una blusa escotada que me tenía babeando.

La tensión creció cuando el partido se puso aburrido. ¿Y si vemos algo más chido? propuso Maria, con esa voz ronca que me erizó la piel. Sacó su laptop y puso un video: trios xxx caseros. Neta, unos clips caseros de parejas experimentando, grabados con cel en cuartos normales como el nuestro. El sonido de gemidos bajos llenó la sala, mezclado con el zumbido del ventilador. Vi cómo Sofia se mordía el labio, su mano rozando mi pierna.

¿Te late esto, Juan? ¿Has probado unos trios xxx caseros como estos?
me preguntó ella, sus ojos brillando con picardía mexicana.

Mi verga ya se paraba dura bajo los jeans. No mames, qué rico se ve, confesé, sintiendo el calor subir por mi pecho. Maria se acercó, su aliento fresco con sabor a menta rozándome el cuello. ¿Y si lo hacemos nosotros? Aquí mismo, casero y sin cámaras, susurró. Todo consensual, todo con esa chispa de deseo mutuo que no se fuerza. Asentí, el corazón latiéndome como tambor en fiesta de pueblo.

El comienzo fue lento, como el preludio de una cumbia bien bailada. Sofia me besó primero, sus labios carnosos saboreando a tequila y deseo. Su lengua danzaba en mi boca, suave y juguetona, mientras Maria me quitaba la playera, sus uñas arañando leve mi pecho. Olía a su perfume floral mezclado con el sudor ligero de la noche. Qué chingón eres, güey, murmuró Maria, lamiendo mi pezón. Sentí su lengua caliente, áspera, enviando chispas directo a mi entrepierna.

Me recargué en el sofá, ellas arrodilladas a mis pies. Sofia desabrochó mi cinturón con dientes, riendo.

Mira nada más esta verga parada, lista para el trio
. La saqué, gruesa y palpitante, venas marcadas bajo la luz tenue. Maria la tomó primero, su mano fresca envolviéndola, masturbándome lento mientras Sofia chupaba mis bolas, ese sonido húmedo de succión que me volvía loco. ¡Ay cabrón, qué rico chupan! gemí, el tacto de sus bocas alternándose: una lamía la cabeza, salada con mi pre-semen, la otra succionaba el tronco. El olor a sexo empezaba a impregnar el aire, almizclado y embriagador.

Pero no era solo físico; en mi cabeza bullían pensamientos. ¿Esto es real? Dos morras así, queriendo complacerme, y yo dándoles lo mismo. Sofia se quitó la blusa, sus tetas firmes saltando libres, pezones oscuros duros como piedras. Maria la besó, sus lenguas enredándose frente a mí, un espectáculo que me tenía al borde. Las ayudé a quitarse la ropa: Sofia con tanga roja empapada, Maria sin nada abajo, su concha rasurada brillando húmeda. Las toqué, dedos hundiéndose en sus calores resbaladizos. Sofia jadeaba más adentro, pendejo, su jugo chorreando por mi mano.

Escalamos al piso, alfombra suave bajo rodillas. Puse a Sofia a cuatro, su culo redondo invitándome. Entré despacio, sintiendo cada centímetro de su coño apretado envolviéndome, caliente como tamal recién salido del steamer. ¡Sí, métela toda, cabrón! gritó ella. Maria se acostó debajo, lamiendo donde nos uníamos, su lengua rozando mi verga y el clítoris de Sofia. El sonido era obsceno: chapoteos, gemidos, respiraciones agitadas. Sudor perlando sus espaldas, olor a piel mojada y excitación pura.

Cambié posiciones, el ritmo subiendo como salsa en antro. Maria encima de mí, cabalgándome con furia, sus caderas girando, tetas rebotando contra mi cara. Chupé sus pezones, salados y duros, mientras Sofia se sentaba en mi rostro, su concha goteando en mi boca. La saboreé, dulce y salado, lengua hundida en sus pliegues mientras ella se mecía.

¡Qué rico comes verga... digo, concha!
bromeó Sofia entre jadeos. Mi mente era un torbellino: Esto es el paraíso, trios xxx caseros en vivo, mejor que cualquier porno.

La intensidad creció. Las puse a las dos de rodillas, verga en mano, masturbándome mientras ellas se tocaban mutuamente. Dedos en coños, besos lésbicos calientes. Vengan, mamacitas, ábranle la boca. Eyaculé fuerte, chorros calientes salpicando sus lenguas extendidas, caras, tetas. Ellas se lamieron entre sí, compartiendo mi leche, gemidos de placer puro. Luego las hice correrse: Sofia con mis dedos en su G, squirteando un chorro tibio sobre mi pecho; Maria frotándose contra mi muslo, temblando en orgasmo gritando ¡me vengo, chingado!.

El afterglow fue puro relax mexicano. Nos tumbamos enredados en el sofá, pieles pegajosas de sudor y fluidos, el ventilador secándonos lento. Sofia me acariciaba el pelo,

Qué chido estuvo nuestro trio xxx casero, ¿repetimos?
. Maria besó mi hombro, su cuerpo aún temblando leve. Olía a sexo satisfecho, a chelas tibias y tacos fríos en la mesa. En mi cabeza, reflexionaba: No era solo follar; era conexión, risas, esa confianza de vecinos que se vuelven amantes.

Nos duchamos juntos después, agua caliente lavando pecados placenteros, manos jabonosas explorando de nuevo pero suave. Salimos envueltos en toallas, prometiendo más noches así. Afuera, la ciudad zumbaba indiferente, pero en ese depa, habíamos creado nuestro propio mundo de trios xxx caseros inolvidables. Me fui a mi casa con sonrisa pendeja, sabiendo que Polanco acababa de volverse mi paraíso personal.

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