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Ari Try On Haul Caliente

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Ari Try On Haul Caliente

Estás sentado en el sofá de tu departamento en la Condesa, con una cerveza fría en la mano, viendo cómo Ari se mueve por la recámara como si fuera el centro del universo. El sol de la tarde se filtra por las cortinas blancas, pintando su piel morena con un brillo dorado que te hace tragar saliva. Órale, wey, esta chava me va a matar, piensas mientras ella saca una pila de bolsas de ropa de la cama king size. Lleva un top crop negro que deja ver su ombligo piercing y unos shorts de mezclilla tan cortos que asoman la curva de sus nalgas firmes.

"¡Mira, amor! Hoy te voy a hacer mi Ari try on haul especial", dice con esa voz ronca que te eriza la piel, guiñándote un ojo mientras se para frente al espejo de cuerpo entero. Su cabello negro largo cae en ondas salvajes hasta la cintura, y huele a vainilla y coco de su crema corporal, un aroma que ya te tiene la verga medio parada. Tú asientes, sintiendo el pulso acelerarse en las venas del cuello. Ella es tu novia desde hace un año, una morra de veintiocho pirulos, diseñadora gráfica freelance que sabe cómo volverte loco con solo una mirada.

Empieza con el primer outfit: un vestido rojo ajustado que se desliza por su cuerpo como mercurio líquido. El sonido del zipper bajando es como un susurro erótico, y ves cómo la tela roza sus pezones endurecidos, marcándolos contra la delgada tela. "¡Qué tal, papi? ¿Me hace ver rica o qué?", pregunta girando despacio, el vestido subiendo por sus muslos tonificados de tanto gym. Te acercas un poco, oliendo su calor corporal mezclado con el perfume, y respondes con la voz grave: "Estás para comerte entera, Ari". Ella ríe, un sonido juguetón que vibra en el aire, y se acerca a ti, rozando tu rodilla con la suya. El toque es eléctrico, piel contra piel, y sientes el calor subir por tu entrepierna.

Pinche Ari, si sigue así me voy a venir en los pantalones sin que me toque, piensas, mordiéndote el labio.

Se quita el vestido con lentitud felina, quedando en un bra de encaje negro y tanga a juego. Sus tetas perfectas, redondas como mangos maduros, rebotan levemente, y el olor a su excitación empieza a flotar, un almizcle dulce que te nubla la cabeza. "Siguiente prenda", anuncia, sacando un conjunto de lencería blanca de Victoria's Secret. Mientras se lo pone, te pide que la ayudes con el broche. Tus dedos rozan su espalda suave, cálida como seda caliente, y sientes su respiración agitada contra tu pecho. "Estás temblando, amor", murmuras, y ella gira, presionando sus caderas contra las tuyas. El roce de su monte de Venus contra tu bulto es tortura deliciosa; sientes la humedad a través de la tela fina.

El ari try on haul se pone más intenso. Ahora un babydoll transparente de gasa rosa, que deja ver todo: el triángulo oscuro de su pubis recortado, los pezones rosados erectos como botoncitos. Camina hacia ti contoneándose, el sonido de sus tacones contra el piso de madera resonando como latidos. Se sienta en tu regazo a horcajadas, sus muslos gruesos apretando los tuyos, y te besa el cuello, lamiendo con lengua caliente y húmeda. Sabe a menta de su chicle y a deseo puro. "Te gusta mi haul, ¿verdad, cabrón?", susurra, moliendo su panocha contra tu verga dura como piedra. Tú gimes, manos en su culo redondo, amasándolo, sintiendo la carne ceder bajo tus dedos.

La tensión crece como una tormenta. Ella se levanta, jadeante, y trae el último outfit: nada más que unas medias de red hasta el muslo y un collar de perlas. "Este es el gran finale", dice con ojos brillantes de lujuria. Tú ya no aguantas; la jalas hacia ti, tumbándola en el sofá. Sus piernas se abren invitadoras, el olor de su flujo vaginal empapando el aire, dulce y salado. Le quitas las medias despacio, besando cada centímetro de piel expuesta: el interior de los muslos tembloroso, el calor irradiando de su centro. "Sí, amor, cómemela ya", suplica, arqueando la espalda.

Tu lengua explora su clítoris hinchado, saboreando el néctar salado y cremoso que chorrea de ella. Ari gime fuerte, "¡Ay, wey, qué rico! No pares, pendejo", agarra tu cabeza, uñas clavándose en tu cuero cabelludo. El sonido de sus jadeos llena la habitación, mezclado con el chupeteo húmedo y sus caderas moviéndose contra tu boca. Sientes su pulso acelerado en las arterias del cuello cuando bajas a lamer sus labios mayores, hinchados y resbalosos. Ella tiembla, convulsionando en un orgasmo que la hace gritar, "¡Me vengo, cabrón! ¡Sí!". Su jugo inunda tu boca, caliente y abundante.

Esta morra es fuego puro, pinche adicción, reflexionas mientras la ves retorcerse, piel perlada de sudor.

Ahora es tu turno. Ari te desabrocha el pantalón con manos ansiosas, liberando tu verga palpitante, venosa y gruesa. "Mira qué mamalona está", dice lamiéndose los labios, y te la chupa con maestría: lengua girando en la cabeza sensible, succionando con vacío perfecto que te hace ver estrellas. El sonido obsceno de saliva y gemidos te vuelve loco; sientes su garganta contraerse alrededor de tu glande. "Ari, me vas a hacer explotar", gruñes, pero ella se detiene, subiéndose encima. "No aún, amor. Quiero sentirte adentro".

Te guía dentro de ella, su panocha apretada y mojada envolviéndote como guante de terciopelo caliente. Baja despacio, centímetro a centímetro, gimiendo con cada roce. "¡Qué llena me sientes, papi! Fóllame duro". Empiezas a bombear, manos en sus caderas, piel sudada chocando con palmadas rítmicas. El olor a sexo impregna todo: sudor, semen preeyaculatorio, su esencia femenina. Sus tetas rebotan hipnóticas, y tú las chupas, mordisqueando pezones que saben a sal y vainilla.

La intensidad sube. Cambian de posición: ella a cuatro patas en el sofá, culo en pompa, invitándote. Entras de nuevo, profundo, golpeando su cervix con cada embestida. "¡Más fuerte, wey! ¡Dame verga hasta el fondo!", grita, empujando hacia atrás. Sientes sus paredes internas contrayéndose, ordeñándote, el calor abrasador. Tus bolas azotan su clítoris, sonido chapoteante de jugos. El clímax se acerca: ella se viene otra vez, chillando, "¡Ay, Diosito! ¡Me matas!", cuerpo convulsionando, apretándote como vicio.

No aguantas más. Sacas la verga reluciente de sus jugos y eyaculas en su espalda arqueada, chorros calientes y espesos pintando su piel olivácea. Gimes ronco, "Ari, pinche reina", mientras el placer te sacude como onda expansiva. Ella gira, lamiendo los restos de tu semen de tu glande, saboreándolo con deleite. "Delicioso, amor".

Caen exhaustos en el sofá, cuerpos entrelazados, sudor enfriándose en la piel. Su cabeza en tu pecho, escuchas su corazón latiendo acompasado con el tuyo. El aroma post-sexo lingera, mezcla de placer cumplido. "El mejor ari try on haul de mi vida", murmura ella, besándote el pecho. Tú sonríes, acariciando su cabello húmedo. Esta chava no solo es rica, es mi todo, piensas, mientras el sol se pone tiñendo la habitación de naranja suave. En ese momento, todo es perfecto, un cierre ardiente a la pasión desatada.

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