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La Argon 18 Tri Bike Despierta Pasiones

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La Argon 18 Tri Bike Despierta Pasiones

El sol de la costa de Puerto Vallarta me pegaba duro en la espalda mientras pedaleaba con todo en mi Argon 18 Tri bike. Esa máquina era mi orgullo, ligera como el viento, con su cuadro de carbono negro brillante que cortaba el aire como un cuchillo. Cada pedalazo me hacía sentir viva, el sudor resbalándome por las piernas tonificadas, el olor salado del mar mezclándose con mi propia esencia de esfuerzo. Neta, no hay nada como esa adrenalina que te sube por las venas, haciendo que el corazón lata como tamborazo en fiesta.

Yo, Ana, treinta y dos años, triatleta de hueso colorado, había invertido un buen varo en esa Argon 18 Tri bike. Era mi cómplice en las carreras, mi escape de la rutina de la oficina en Guadalajara. Ese día, la carretera costera estaba casi vacía, solo el zumbido de mis llantas contra el asfalto caliente y el graznido lejano de las gaviotas. Mis muslos ardían, pero era un ardor chido, el que te recuerda que estás viva, que tu cuerpo es una máquina perfecta de deseo contenido.

¿Y si hoy encuentro algo más que el final de la ruta? Esa idea me hacía apretar más los pedales, imaginando manos fuertes sobre mi piel mojada.

De repente, un silbido aerodinámico me alcanzó por detrás. Giré la cabeza y ahí venía él, un moreno alto, con piernas como troncos de roble y una Argon 18 Tri bike igualita a la mía, pero en rojo fuego. Marco, se presentó después, con una sonrisa que iluminaba más que el sol. Me pasó como rayo, pero aminoró el paso para igualarme. ¡Órale, carnala! Esa Argon 18 vuela, ¿no? gritó por encima del viento.

Le seguí el paso, sintiendo cómo mi pulso se aceleraba no solo por el esfuerzo. Sus bíceps se marcaban bajo la playera ajustada, empapada de sudor que olía a hombre puro, a testosterona y mar. Charlamos entre jadeos: de carreras pasadas, de la neta dificultad de los triatlones, de cómo la Argon 18 Tri bike nos había cambiado la vida. Su voz grave me erizaba la piel, y cada mirada que cruzábamos era como una caricia invisible.

Paramos en una caleta apartada, donde las olas lamían la arena dorada con un rumor hipnótico. Bajé de la bici, mis piernas temblando un poco, no solo de cansancio. Él se acercó, quitándose el casco, revelando pelo negro revuelto y ojos cafés que me devoraban despacio.

¿Quieres agua, reina? me ofreció su botella, y cuando la tomé, nuestros dedos se rozaron. Electricidad pura. Bebí, el agua fresca bajando por mi garganta reseca, goteando por mi barbilla hasta el escote. Él no quitaba la vista. Este wey me quiere comer con los ojos, pensé, y la idea me encendió por dentro.

Nos sentamos en la arena tibia, las bicis apoyadas contra unas palmeras. Hablamos de todo: de lo chido que es sentir el viento entre las piernas en la Argon 18 Tri bike, de las noches solitarias entrenando, de deseos que no se dicen en voz alta. Su mano rozó mi rodilla casualmente, y no la quité. Al contrario, me acerqué, oliendo su sudor mezclado con el salitre, un aroma que me ponía la piel de gallina.

Su toque es como el primer sorbo de chela fría después de una carrera. Quiero más, neta, lo quiero todo.

El sol bajaba, tiñendo el cielo de naranjas y rosas, mientras nuestras charlas se volvían susurros. Eres fuego sobre ruedas, Ana, murmuró, y sus labios rozaron mi oreja. Mi cuerpo respondió al instante: pezones endureciéndose bajo el top deportivo, un calor húmedo creciendo entre mis muslos. Lo besé primero, con hambre de loba, saboreando la sal de su piel, el leve dulzor de su boca.

Sus manos expertas me quitaron la playera, exponiendo mis tetas al aire libre. ¡Qué rico! Las olas rompían cerca, salpicándonos con espuma fresca. Él las besó, chupando un pezón con devoción, mientras yo gemía bajito, enredando mis dedos en su pelo. ¡Pinche delicia, Marco! No pares, le rogué, mi voz ronca de puro antojo.

Me recostó en la arena suave, despojándome del short ciclista. Mis bragas ya estaban empapadas, y él lo notó con una sonrisa pícara. Mírate, toda mojadita por mí. Sus dedos juguetearon por encima de la tela, presionando mi clítoris hinchado. Jadeé, arqueándome, el olor de mi excitación mezclándose con el mar. Me las quitó despacio, besando mi ombligo, bajando hasta mi panocha palpitante.

Su lengua era magia pura: lamió mis labios mayores con calma, saboreándome como si fuera el mejor postre. Sabe a miel salada, gruñó contra mi piel, y yo me vine rápido, temblando, gritando su nombre al viento. ¡Ay, wey, qué chingón! El orgasmo me dejó floja, pero él no paró. Se quitó la ropa, revelando una verga dura, gruesa, lista para mí.

Me puse encima, montándolo como a mi Argon 18 Tri bike en bajada: veloz, sin frenos. Su polla me llenó por completo, estirándome delicioso. Reboté sobre él, sintiendo cada vena, cada pulso. Sus manos en mis caderas me guiaban, fuerte pero tierno. Sudábamos juntos, piel contra piel resbalosa, el sonido de carne chocando con las olas de fondo.

Esto es mejor que cualquier medalla. Su calor dentro de mí, su mirada clavada en la mía... soy suya, y él mío.

Cambié de posición, él encima ahora, embistiéndome profundo. Cada estocada me llevaba al borde, mis uñas clavándose en su espalda musculosa. ¡Córrete conmigo, Ana! ¡Dame todo! rugió, y lo hice: una explosión de placer que me cegó, contrayéndome alrededor de él hasta que se derramó dentro, caliente, gritando mi nombre.

Quedamos jadeando, enredados en la arena, el sol ya oculto dejando estrellas titilantes. Su cabeza en mi pecho, mi mano acariciando su pelo. Eres increíble, carnala. Esto hay que repetirlo, susurró, besándome el hombro. Reí bajito, satisfecha hasta los huesos.

Nos vestimos despacio, con miradas cómplices. Montamos de nuevo las bicis, la Argon 18 Tri bike de él brillando bajo la luna. Pedaleamos juntos de regreso, el viento fresco secando nuestro sudor, pero el calor entre nosotros intacto. Esa noche, en mi cama, reviví cada toque, cada gemido. La Argon 18 Tri bike no solo me lleva a la meta; ahora me lleva a él.

Y así, entre pedales y pasiones, supe que la vida es una carrera chida, llena de sorpresas calientes como esa tarde en la playa.

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