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La Plummer Vinson Triada

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La Plummer Vinson Triada

El calor del mediodía en tu departamento de la Condesa te envuelve como un amante impaciente. Te despiertas con las sábanas pegadas a la piel sudorosa, el aire cargado de ese aroma tuyo a deseo reprimido, mezcla de vainilla de tu loción y algo más salvaje, más profundo. Neta, hoy no aguanto más, piensas mientras te tocas distraídamente el vientre plano, bajando la mano hasta rozar el calor húmedo entre tus muslos. Pero el chorro de agua fría del baño te trae a la realidad: el tinaco se descompuso otra vez. Marcas al plomero de confianza, Plummer Plomería, y esperas.

Minutos después, tocan la puerta. Abres y ahí está él: Plummer, un morro alto, de unos treinta pirulos, con brazos tatuados que estiran la playera ajustada manchada de grasa. Sus ojos cafés te recorren sin pudor, y tú sientes el pulso acelerarse en el cuello. "¿Qué onda, jefa? ¿Qué se jodió ahora?", dice con esa voz grave, mexicana hasta los huesos aunque el nombre suene gringo por su abuelo yanqui. Huele a jabón fuerte y sudor fresco, un olor que te hace apretar las piernas.

Lo guías al baño, observándolo caminar, los jeans ceñidos marcando un bulto prometedor. Mientras él se arrodilla junto al tinaco, la camisa se le sube dejando ver la curva de la espalda musculosa, piel morena brillando bajo la luz. "Es la válvula, pero ya le cargo herramientas. Mi compa Vinson anda cerca, si se complica lo llamo", murmura, y el nombre te suena como una invitación prohibida. Charlan: tú en bata ligera que apenas tapa tus curvas generosas, él contando anécdotas de trabajos locos. Cada risa hace que sus biceps se flexionen, y tú imaginas esas manos ásperas en tu piel suave.

¿Y si lo invito a una chela? ¿Y si Vinson llega y...?

El arreglo toma una hora eterna de coqueteos sutiles: roces "accidentales", miradas que queman. Cuando termina, sudado y triunfante, lo invitas a refrescarse. "Pásale, carnal, no te vayas así". En la cocina, abres dos Coronas heladas, el sonido del gaspitillo burbujeante rompiendo el silencio cargado. Sus dedos rozan los tuyos al pasarle la chela, y el toque envía chispas hasta tu centro. "Órale, qué chida casa. ¿Vives sola?", pregunta, y tú asientes, mordiéndote el labio.

La tensión crece como tormenta. Lo llamas Vinson por WhatsApp: "Ven wey, hay buena vibra aquí en la Condesa". Él responde al toque, moreno fornido, con barba recortada y sonrisa pícara, hermano no de sangre pero de andadas con Plummer desde la prepa. Llega con más chelas y unos tacos de suadero de la esquina, el olor picante llenando el aire. "¿Qué pedo? ¿Ya armaron fiestón?", bromea Vinson, abrazándote como si se conocieran de siempre. Sus cuerpos cerca del tuyo en la sala, música de Natalia Lafourcade sonando bajito, el roce inevitable.

Beben, ríen, bailan salsa improvisada. Plummer te pega por detrás, sus caderas moviéndose contra tu culo redondo, el bulto duro presionando. Vinson enfrente, manos en tu cintura, aliento a tequila rozando tu oreja. "Estás cañona, neta", susurra Vinson, y tú sientes la boca seca, el corazón latiendo como tambor. Un beso con Plummer primero: labios carnosos, lengua invasora saboreando a chela y hombre. Vinson observa, se une, besándote el cuello, tres lenguas enredándose en un caos húmedo y caliente.

El mundo se reduce a piel, gemidos y calor. Te llevan a la recámara, la cama testigo de lo que viene. Desnudan lento: Plummer arranca tu bata, exponiendo senos firmes con pezones duros como piedras. "Mira este culazo", gruñe Vinson, palmeando suave. Tú les bajas los jeans, liberando vergas gruesas, venosas, palpitantes. El olor almizclado de sus sexos te marea de lujuria, sabor salado cuando las lames alternando, rodillas en la alfombra suave.

No mames, las dos a la vez me van a volver loca. Esto es perfecto.

Plummer te acuesta, boca en tus tetas chupando fuerte, dejando marcas rojas. Vinson entre tus piernas abiertas, lengua experta en tu clítoris hinchado, lamiendo jugos dulces mientras metes dedos en su pelo. Gimes alto, "¡Sí, cabrones, así!", el sonido eco en la habitación. Cambian: tú encima de Vinson, su verga llenándote centímetro a centímetro, estirándote delicioso, paredes vaginales apretando. Plummer detrás, lubricante fresco, dedo en tu ano juguetón primero, luego su punta gruesa entrando lento. Doble penetración, llena hasta reventar, cuerpos sudados chocando con palmadas húmedas.

El ritmo acelera: empujones sincronizados, verga en coño y culo frotándose separadas por membrana delgada. Sientes cada vena, cada pulso, olores mezclados de sexo crudo, sudor, perfume. Gemidos se convierten en gritos: "¡Fóllame más duro!", ruegas. Plummer te jala el pelo suave, Vinson pellizca pezones. Orgasmo te azota primero, olas convulsionando, chorro mojando sábanas. Ellos resisten, cambian posiciones: tú de rodillas mamando a uno mientras el otro te culea profundo. Sabores: pre-semen salado, tu propia esencia en sus vergas.

Clímax final: te ponen en el centro, ellas masturbándose sobre ti. Chorros calientes salpicando senos, cara, boca abierta recibiendo. Tragas lo que puedes, lengua lamiendo restos pegajosos. Colapsan a tu lado, pechos subiendo y bajando, pieles pegajosas unidas. Besos perezosos, caricias tiernas en muslos temblorosos.

En la penumbra post-sexo, con el aroma a placer flotando, Plummer murmura: "Esto, güeyes, es la Plummer Vinson Triada. Nosotros tres, balance perfecto de fuego y entrega". Vinson asiente, besándote la frente. "Neta, la tríada más chingona de México". Tú sonríes, exhausta y plena, sabiendo que esta conexión apenas empieza. Mañana, más. Siempre más.

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