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Que Es La Tri Que Despertó Mi Deseo

5837 palabras

Que Es La Tri Que Despertó Mi Deseo

La noche en Playa del Carmen estaba cargada de ese calor húmedo que se pega a la piel como una promesa. El sonido de las olas rompiendo en la arena se mezclaba con la música de cumbia rebajada que retumbaba en el bar playero. Yo, Ana, bailaba pegadita a Marco, mi carnal del alma, sintiendo sus manos firmes en mi cintura. Llevábamos un año juntos y todo fluía chido, pero esa noche algo andaba en el aire, un cosquilleo que me erizaba la piel.

Luisa apareció como un sueño moreno y curvilíneo. Era amiga de Marco de la uni, con ese cuerpo de diosa azteca: tetas firmes que se marcaban bajo el vestido ajustado, caderas que se movían como si el ritmo las poseyera. Olía a coco y sal marina, un aroma que me invadió las fosas nasales mientras nos presentaba. ¿Qué pedo con este calor en el pecho? pensé, mientras sus ojos cafés me recorrían de arriba abajo.

—Órale, Ana, estás cañona —me dijo Luisa con esa sonrisa pícara, su voz ronca como el ron que nos servían en vasos helados.

Marco se reía, abrazándome por detrás, su verga ya semi-dura presionando contra mi culo. Hablamos de todo y nada, pero el tema del sexo salió como por arte de magia. Luisa soltó:

—Yo una vez probé que es la tri, carnales. Un desmadre delicioso.

Me quedé helada, el trago se me atoró en la garganta.

¿Qué es la tri? ¿Un trío? ¿Con dos vatos o qué?
Mi mente volaba. Nunca lo había hecho, pero la idea me mojaba las panties sin remedio. Marco me miró con esa ceja arqueada, sabiendo que yo era la conservadora del dúo.

—Explícame, Lu —le pedí, fingiendo desinterés, pero mi corazón latía como tambor maya.

—Es cuando tres se echan el clavado juntos, nena. Puros placeres multiplicados. ¿Quieren que les muestre?

El deseo inicial era como una chispa. Aceptamos ir a mi hotel, el aire salado pegándose a nuestra piel sudorosa mientras caminábamos por la playa. Mis pezones se endurecían con cada brisa, anticipando lo que vendría.

En la habitación, las luces tenues del balcón iluminaban el king size bed. Marco me besó primero, su lengua invadiendo mi boca con sabor a tequila y menta. Luisa se acercó por detrás, sus tetas rozando mi espalda, manos suaves subiendo por mis muslos. Su piel es tan suave como seda caliente, pensé, mientras un gemido se me escapaba.

—Déjame probarte, Ana —susurró Luisa, desabrochándome el vestido. El roce de sus dedos en mi piel envió ondas de calor directo a mi clítoris. Marco observaba, su verga ya tiesa bajo los shorts, ojos brillando de lujuria.

Caí de rodillas en la alfombra mullida, el olor a arena y sexo empezando a impregnar el aire. Luisa se quitó el vestido, revelando unas curvas perfectas, su panocha depilada brillando de humedad. La besé, saboreando sus labios carnosos, dulces como mango maduro. Marco se unió, su mano en mi nuca guiándome hacia su paquete. Lo saqué, grueso y venoso, palpitando en mi palma caliente.

La tensión subía como la marea. Luisa se tendió en la cama, piernas abiertas, invitándonos. Qué es la tri si no esto: puro fuego compartido. Me subí encima, mi lengua explorando su coño jugoso, salado y dulce a la vez. Ella gemía bajito, “¡Ay, sí, chúpame así, pinche rica!” Marco se posicionó detrás de mí, su verga rozando mi entrada, lubricada por mi propia excitación.

Me penetró lento, centímetro a centímetro, el estiramiento delicioso haciendo que mis paredes internas se contrajeran. Cada embestida me empujaba más profundo en la boca de Luisa, cuya lengua danzaba en mi clítoris expuesto. El sonido de piel contra piel, chapoteos húmedos y jadeos llenaba la habitación. Sudor perlando nuestras frentes, mezclándose con el perfume de su esencia.

Marco aceleró, sus bolas golpeando mi culo con palmadas rítmicas. Siento su pulso dentro de mí, latiendo con el mío. Luisa se arqueó, sus uñas clavándose en mis hombros, un grito ahogado escapando: “¡Me vengo, cabrones!” Su corrida me inundó la cara, caliente y pegajosa, sabor almizclado en mi lengua.

Cambié de posición, ansiosa por más. Luisa se montó en la cara de Marco, quien lamía con hambre mientras yo cabalgaba su polla dura como hierro. Sus manos amasaban mis tetas, pellizcando pezones sensibles que enviaban descargas eléctricas a mi vientre. El vaivén era hipnótico, mi clítoris frotándose contra su pubis rasposo. El olor a sexo puro nos envolvía, espeso y adictivo.

Luisa y yo nos besamos sobre él, lenguas enredadas, compartiendo sabores de cuerpos ajenos. Sus gemidos vibraban en mi pecho, mi orgasmo construyéndose como tormenta.

Esto es la tri: no solo follar, sino fundirse en uno
. Marco gruñó, tensándose, su leche caliente explotando dentro de mí, llenándome hasta rebosar por mis muslos.

Yo exploté segundos después, un tsunami de placer que me dejó temblando, visión borrosa, músculos contraídos en espasmos. Luisa se vino de nuevo, frotándose contra la boca de Marco, su cuerpo convulsionando.

Colapsamos en un enredo de extremidades sudorosas, el ventilador zumbando sobre nosotros, enfriando la piel ardiente. El afterglow era puro éxtasis: pulsos calmándose, risas suaves rompiendo el silencio. Marco me acarició el pelo, besándome la frente.

Qué es la tri sin este pedo tan chingón —dijo Luisa, acurrucada contra mí, su aliento cálido en mi cuello.

Sonreí, satisfecha hasta los huesos. La noche había cambiado todo, despertando un hambre nueva. Afuera, las olas seguían su ritmo eterno, testigos mudos de nuestra entrega. En ese momento, supe que esto era solo el principio, un lazo invisible uniéndonos en el placer compartido.

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